19 mar. 2016

«House of Cards» [4ª temporada], la guerra de los Underwood

«AY QUE UNA HOUSE OF CARDS
NO SE HIZO PARA EL SHOCK
SE PUE CAER EN ANY KIND DE WEATHER
PERO DOS SOLID ROCKS AY QUE DOS SOLID BLOCKS
SABES QUE VAN A AGUANTAR TOGETHER»
Solid Rock, Dire Straits


Una semana más, y tras haber dado dos golpes con los nudillos en la mesa después de hablarle a un público que no estaba ahí, vuelve RduTcB, un blog que sigue en 2016. ¡En 2016! ¡Blogs en 2016, como los cavernícolas!

Quitémonos esto de encima lo antes posible: esta entrada tiene spoilers de todas las temporadas de House of Cards. Si son aprensivos a enterarse de todo por lo que han pasado los Underwood, me temo que esta no es su entrada. Sí, les estoy discriminando. Les estoy OPRIMIENDO. Pero ¿por qué no leer alguna de las entradas sin spoilers, como la de Gravity Falls, la de Deadpool o la de Love?

Volviendo a lo que nos atañe esta vez, House of Cards, la serie de Netflix (cuyos derechos de emisión española en primicia están a cargo de Movistar+) va ya por su cuarta temporada. Parece que fue ayer cuando vimos a Frank Underwood (Kevin Spacey) ir trepando como un Albert Rivera de la vida, y ya es presidente. No solo presidente, sino presidente que se enfrenta a unas nuevas elecciones. Qué majete.




House of Cards no es una serie tan seria (valga la cacofonía) como pueda parecer. Sí, claro, trata de política. Sí, tiene personajes ruines. Qué coño, casi todos los personajes son mezquinos, egoístas y actúan por interés propio. Sí, la fotografía está desaturada (símbolo inequívoco de Seriedad™). Sí, hay intrigas. Sí, hay asesinatos. Sí, hay follisqueo. Pero en el fondo, House of Cards es un culebrón. Uno bueno, eso sí.


Ese espíritu culebronesco está más presente que nunca en esta cuarta temporada, en la que la primera temporada gira en torno a la particular guerra interna de los Rose Underwood. Igual que Frank intentó (y consiguió) hacerse con puestos cada vez más elevados en las primeras temporadas, en esta hemos visto a Claire (Robin Wright, también directora de 4 de los 13 episodios de la temporada) luchando por hacerse con la vicepresidencia, aunque eso implique socavar constantemente los ardides de su marido, maniobra que, no me cabe duda, habrá despertado gritos de «CLAIRE PUTA», seguramente por parte del mismo sector que vilipendiaba a Skyler en Breaking Bad por hacer LO NORMAL y que sin duda se opone muy fuerte a que mujeres hagan esa Actividad Históricamente Masculina™: cazar fantasmas.

Lo que pasa es que Claire, igual que Frank, quiere poder. No dinero, no. Poder, y lo que ello implica. Y oigan, si para eso tiene que pasar por encima de su marido, pues así sea. A lo largo de estas cuatro temporadas, nos han dejado bastante claro que lo que une a los Underwood no es el amor, sino el Plan, con P mayúscula. Por eso mismo no es (o no debería ser) de extrañar que vaya a por todas.


¿Cómo va a ser un matrimonio inestable si viajan en el mismo avión? Hay que pensar.


Lo que sí es más de extrañar, eso sí, es que se salga de la suya. Por mucho que los Underwood lo tramen todo para que parezca idea de otros, que Claire reciba tanto apoyo para aspirar a la vicepresidencia es jugar muy fuerte con los límites de la suspensión de la incredulidad. Apenas tiene experiencia (vamos, es casi nula), y huele a nepotismo desde leguas. Sin embargo, parece recibir buena aceptación entre los electores. Pues OQUEI.

Pero la de Claire no es la única puñalada de esta temporada de House of Puñalás, claro. Que si ofrecer el mismo cargo a dos personas distintas para conseguir apoyos, que si filtraciones internas, que si Danton, Sharp y Walker rajando de Underwood ante Hammerschmidt, el exjefe de Goodwin… porque sí, en esta temporada se han recuperado tramas que venían coleando desde hace tiempo.


«¡UN SALÚO PA’ ESAH TRAMAH QUE COLEAN, MIARMAAAAA! ¡VA POR UHTEDEH!».


El retorno de Lucas Goodwin me pilló de sorpresa. Yo pensaba que esa trama se había cerrado cuando lo metían en la cárcel. Un «pues mira, a Underwood no le tose ni Dios, así que aquí punto en boca», y fin. Pero no. Dos temporadas después, Goodwin sale bajo protección de testigos, y decide retomar su cruzada contra Underwood… pero ya más en plan Liam Neeson: descerrajándole unos balazos que acaban con el fiel Meechum (ay, la escena de la mano y su posterior borrado…) yéndose con Harold Ramis y con Underwood al borde de la muerte. Por supuesto, se recupera. Underwood, no Meechum. Esto no es House of the Walking Dead.

A esto sumémosle la aparición de los Conway, capaces de poner a los Underwood contra las cuerdas, una crisis con cierto grupo terrorista de Siria que aquí se hace llamar OCI, la renuncia de un general (interpretado por Colm Feore, ni más ni menos) para pasarse al bando republicano como candidato a la vicepresidencia, alucinaciones psicosexuales y tenemos la cuarta temporada de House of Cards.


«¿Está el enemigo? Que se ponga».


Esta ha sido una buena temporada. Personalmente (pues claro que «personalmente», es un artículo de opinión, oigan, ¡SUÉLTENME, FASCISTAS!) la dinámica Underwood vs. Underwood me ha parecido un soplo de aire fresco y he gozado bastante del culebrón político que han orquestado, igual que del complot contra Underwood que se ha ido fraguando y que, sin duda, será una parte importantísima de la quinta temporada, esta ya sin Beau Willimon.

Sin embargo, ¿hasta cuándo puede durar House of Cards? Bueno, hay muchas temporadas en potencia, claro. Si Frank gana las elecciones, lo tenemos en otro mandato. Si pierde, lo tenemos en oposición a los Conway. Si se retira de la política, siempre puede entrar por alguna puerta giratoria y meterse a asesor de alguna compañía energética. ¿Se imaginan House of Gas?

El caso es que como comentaba el otro día con Pablo, flamante coeditor de Hijos de Crumb, el final de la segunda temporada, con Underwood arreando dos golpes en la mesa de presidente, hubiese sido un broche de cierre perfecto para la serie… pero qué cojones, muchos, yo incluido, queríamos ver más. La llegada a la cima ha sido interesante, pero la caída (porque la habrá) puede serlo incluso más.


«Pues se ha quedado buena tarde».


Por sacarle alguna pega a esta cuarta temporada, aparte del desafío a la suspensión de la incredulidad ya comentada que supone la vicepresidencia de Claire, lo que más he echado de menos han sido las rupturas de la cuarta pared de Frank, que tanto abundaban en las tres primeras temporadas y que tan ausentes han estado en esta. Sí, las ha habido, pero en mucha menor medida, y era refrescante ver utilizado este recurso no para fines cómicos, sino para enfatizar el contraste entre la faceta pública de Underwood y la privada.

Y también he echado de menos los golpecitos en madera, pero eso ya solo se debe a que mola. Si nos ponemos narrativos, podemos pensar que quizá se deba a que Frank ya no siente la necesidad de estar preparado la pelea ni de contar con toda la suerte posible, como decía su padre… pero viendo la de mierda que le está cayendo, y la que está por caerle, diríase que necesita toda la ayuda posible.


«Buenas noches, señora Underwood, y a todos los barcos del mar».




Bueno, QUÉ. ¿Le ha gustado la entrada? ¿Por qué no apoyar al autor? ¿Eh? ¿POR QUÉ NO APOYARLO…? [lo sedan] Pues eso, si quiere aportar algo y tener acceso anticipado a los artículos, entre otras cosas, haga clic aquí o en el banner de abajo y hágase mecenas. ¡Gracias!