17 ene. 2015

Birdman, o la inesperada virtud de ser la película del año

«I am alone now, I am beyond recriminations
Curtains are shut, the furniture is gone
I’m transforming, I’m vibrating, I’m glowing
I’m flying, look at me
I’m flying, look at me now»
Jubilee Street, Nick Cave & the Bad Seeds



Como sabrán los lectores habituales, a servidor le pirran las películas de superhéroes, especialmente las de Marvel. Por eso, cuando Alejandro González Iñárritu dijo que suponían «un genocidio cultural», me propuse boicotearle y no volver a ver nunca ninguna película suya. ¡JAJAJAJA! ¡Que no, hombre, que no hice eso! ¡Que no soy imbécil! Lo que sí que hice fue seguirle la pista muy de cerca cuando se anunció que iba a dirigir Birdman, una reflexión sobre el ego y el mundo del espectáculo. 

Y bien que hice. Puta joyaza, joder.





Los que me sigan en Twitter ya me habrán leído poner la película por las nubes (¿lo pillan? ¡Porque vuela! ¡JAJAJAJA! No, por favor, no cierren la pestaña), y tres cuartos de lo mismo en Letterboxd, donde intento hacer una reseñita de cada cinta que veo, pero Birdman se merece una entrada a la vieja escuela en el blog en la que hable de los apartados que más me han llamado la atención. Ah, y sin spoilers.