27 nov. 2015

«BoJack Horseman» (temporada 1), ahora os reís, pero vais a acabar llorando

«AY QUE MANY TIMES LE HEMOS DADO AL DRINKING
Y MANY TIMES HEMOS SHARED LOS THOUGHTS
PERO T’HAS DAO’ CUENTA ESTÁS AL TANTO DEL KIND OF THOUGHTS QUE I HAVE»
I See a Darkness, Bonnie ‘Prince’ Billy



Una semana más… ¿Eh? Vale. Dos semanas más… ¿Eh? Ay, que sí. Un mes más, y tras haber estado ausente porque uno también tiene vida, ¿vale? A ver si se creen ustedes que… no, no, ME VAN A DEJAR HABLAR, a ver si se creen ustedes que no tengo otra cosa que darle a la tecla para que los señoritos se divier… NO, NO, NO SE VAYAN, ME VOY A LIAR A REPARTIR HOST… [lo sedan] Vuelve RduTcB, un blog cuyo autor siempre está sereno.

Los que me sigan en Twitter ya habrán leído que yo de la pochez disfruto cosa fina. No es que cuando estoy así como regular me ponga música tristona para regodearme en la miseria, sino que, sencillamente, disfruto de las películas, canciones, novelas y demás cosas pochas sin que por ello me afecte necesariamente al estado de ánimo. Es un don que me permite poder escuchar el Electro-Shock Blues de los Eels sin rajarme las venas, o, sin ir más lejos, disfrutar de BoJack Horseman sin meter la cabeza en el horno.


«¡Jajaja! ¡Un caballo vestido de persona! ¡Qué alocada comedia debe de ser!». Je.


Cuando empecé a ver Rick & Morty (spoiler: habrá entrada), tuiteé alguna que otra vez que me flipaba como pasaban de la comedia a cascarte momentos pochísimos y muy jodidos. Muchos me dijeron «ay, que sí, cállate, tío pesado» «pues tienes que ver BoJack Horseman». 

Era consciente de su existencia, pero tampoco le había prestado mucha atención, porque pensaba que sería otra serie satirizando el mundo del espectáculo como El séquito o 30 Rock, a la que nunca les había prestado demasiada atención. Y sí, pero no. Les cuento sin spoilers.


Los sentimientos, ESA MOVIDA
«¡JAJAJAJespera un momento, qué mal, joder».


BoJack Horseman es una serie original de Netflix creada por el cómico Raphael Bob-Waksberg que nos sitúa en un mundo donde humanos y animales antropomorfos conviven tranquilamente. Vamos, como compartir piso con un votante de Ciudadanos. En ella conocemos a BoJack Horseman (un tremendo Will Arnett), que en los años 90 fue el protagonista de Horsin’ Around, una sitcom al más puro estilo noventero (ya saben, la época en las que todas se llamaban Cosas de y trataban de una simpática familia disfuncional que se llevaba a matar) que satiriza despiadadamente Padres forzosos.

El caso es que el momento de BoJack ya ha pasado, y ahora, con 50 años y alcohólico, es un tipo que se dedica a no hacer nada en su casoplón, donde convive con un veintialgoañero gorronazo llamado Todd (Aaron Paul, bitch!). Para intentar relanzar su carrera, la negra (en realidad es de ascendencia vietnamita, me refiero negra literaria) Diane (Alison Brie) le ayuda a escribir sus memorias. Bueno, «le ayuda»… las escribe ella, vamos. 

Todo esto sazonado con apariciones de Mr. Peanutbutter (Paul F. Tompkins), un perrete antiguo rival de sitcom de BoJack y novio de Diane; Princess Carolyn (Amy Sedaris), agente y examante de BoJack; Pinky Penguin, el pingüino director de una ruinosa empresa de gambichuelas editorial (¿lo pillan? ¿LO PILLAN?), Sarah Lynn (Kristen Schaal), la antigua chiquilla de Horsin’ Around que ahora es una Miley Cyrus de la vida…


QUE SI LO PILLAN, HE DICHO.


La serie empieza como lo que pensaba que era: una sátira del negocio hollywoodiense. Que si BoJack se mete en un follón por cotilleos, que si se va y hacen pasar su casa por la de David Boreanaz para sacarse unas perras, que si, borracho, roba la D del cartel del Hollywood… Poca cosa. Sí, se intuye una pochez interna (a fin de cuentas hablamos de un juguete roto de 50 años y alcohólico), pero está todo tratado de forma muy ligera.

Y entonces llega lo gordo: que si nos dicen a las claras que BoJack se odia a sí mismo, que si fue un hijo de puta con quien le llevó a la fama, que si vemos que es incapaz de expresar sus sentimientos, que si entra en crisis porque quiere creer que es buena persona, pero no está tan seguro…


¡JAJAJAJAJA! ¡Es gracioso porque es cierto!
Y esto. ESTO, JODER. 


«Ah, pero estará tratado en tono de comedia, ya será menos». No, qué va. Estos momentos están tratados de forma seria, y aunque al principio choca ver situaciones tan jodidas con animales antropomorfos, se tarda poco en empatizar con BoJack y en quedarse con una cara de póker acojonante por el vuelco que dan los episodios.

Pero es que BoJack Horseman funciona mejor cuando más jodida se pone. El episodio 8, en el que BoJack va a ver a Herb (Stanley Tucci), que le dio el papel protagonista en Horsin’ Around, apenas tiene gags, y es una joya. Es una serie que no da tregua al espectador, no es de esas en las que al final se restaura el statu quo. No, aquí hay una trama que continúa, y si alguien se queda jodido, jodido está cuando empieza el siguiente capítulo.


¡JAJAJA! ¡ESE LOCO BOJACK Y SU DEPRESIÓN GALOPANTE…!


Las interpretaciones son cojonudas. Will Arnett está estupendo como BoJack, tanto en las escenas en las que se muestra socarrón como en las más sinceras; Alison Brie cumple con creces como Diane, Patton Oswalt es descojonante como el agobiadísimo Pinky Penguin… desgraciadamente, Aaron Paul flojea un poco. Ser actor de doblaje no es lo mismo que ser actor de imagen, y mientras que Paul es genial en lo último, chirría en lo primero. En muchas ocasiones sus frases quedan muy planas y les falta emoción. Por suerte, es el único eslabón débil (bueno, me irrita mucho la voz de Amy Sedaris, pero es cosa del timbre, no de la interpretación) en un reparto estupendo que cuenta con secundarios de lujo como J.K. Simmons, Anjelica Huston, Ken Jeong, Olivia Wilde, Margo Martindale, John Krasinski…

El estilo de animación puede resultar un poco raro al principio. Confieso que a mí mismo me tiraba un poco para atrás la estética tosca sencilla de la serie, pero cuesta poco acostumbrarse, y aunque sigue sin entusiasmarme, la calidad de los guiones hace que el apartado gráfico quede en segundo plano. No así la música, que cuenta con una cabecera cojonuda compuesta por el batería de los Black Keys, Patrick Carney, y su tío Ralph; y una canción de créditos a cargo de Grouplove que condensa a la perfección de qué va la serie y su atmósfera.




En fin, yo ya no sé qué decirles. Si quieren ver una serie pocha que empieza tratando los rollos del mundo del cine, pero que acaba versando sobre la depresión, la pochez, la culpa, el miedo a ser irrelevante, las ganas de cambiar (y si es posible hacerlo), pero que además tenga animalicos, pues denle una oportunidad a BoJack Horseman. Si son de los que se deprimen viendo a gente hundida en la miseria en la televisión, a lo mejor no es tan buena idea ponerse, también se lo digo. Corren el riesgo de acabar hechos un ovillo en un rincón. 

Yo, de momento, voy a seguir con la segunda temporada. Ya les contaré qué tal.