28 sept. 2015

«El detective Stottlemeyer y el caso de la octava especie», destacable debut detectivesco

«AY QUE IT’S A KIND OF MAGIC
PERO QUE ES UN KIND DE MAGIC»


Una semana más (jajajajajajAJAJAAAJAJAJA WENA ESA KRAK XDXDXD), y tras haber derrotado a un ejército de ejercitados ejercicios, vuelve RduTcB, un blog con debilidad por la asombrosa aliteración.

Debuts literarios, ¿no? Debuts literarios ahí. Autores debutando en el medio literario. Gente que publica su primer libro, es decir, su debut literario. Ahora que ya he llenado unas cuantas palabras con eso, hablemos del tema de esta entrada: las últimas novelas de los autores.

No, hombre, no. Hablemos de un debut literario. Concretamente, de El detective Stottlemeyer y el caso de la octava especie (una aventura del universo tramesiano), escrito por el Tapablanda Guillermo Muñoz.





«¿Y qué cuernos es este libro? ¿De qué va? ¡Responde, imbécil!», le gritará alguno a la pantalla, sin saber que yo mientras estaré en las Bahamas tomándome un cóctel gracias a los miles de millones de euros que me saco con los mecenas del blog (hágase, no sea sieso). «MIRA PABO K NO M RAIES K T METO 1 HOSTIA MORTADELO EL LIVRO STA TO WAPENS O NO????», berreará otro lector (menos astuto) mientras choca dos piedras para hacer fuego. Pues bien, ahora mismo se lo cuento, sin spoilers.

El libro, al que en aras de la brevedad nos referiremos con La octava especie, es una novela de género fantástico que nos introduce en el universo tramesiano, una realidad gobernada por una entidad ansiosa de conocimiento llamada El Ente, un dios que en un momento de aburrimiento, creó el tiempo. Personalmente puedo entenderlo perfectamente: yo cuando me aburro también creo cosas. Normalmente perfiles en redes sociales, pero bueno, cada uno dentro de sus posibilidades.

Dentro del universo tramesiano hay varios continentes, uno de ellos llamado Trames, en el que se ubica la Ciudad de los Héroes, llamada así porque es un pueblo donde no hay ningún héroe es una ciudad donde viven héroes. Tiene sentido, y es un rasgo que ha hecho que Nolan se interese mucho en llevarla a la gran pantalla. Bueno, no. Pero podría.


«Habrá que explicar un poco más lo del origen del nombre de la Ciudad de los Héroes, pero no está mal».


La octava especie trata un caso en el que una serie de asesinatos empiezan a suceder por la ciudad. Silvester Stottlemeyer, el mejor detective de la Ciudad de los Héroes (y el que tiene un apellido más gracioso) deberá investigarlo, ayudado por el camino por personajes como el mago Randalph Jiggsaw, o como yo lo llamo, el Conjurador Cuñao; o el payaso Castañuelas.

La verdad es que uno de los aciertos de La octava especie son sus personajes. Todos tienen una personalidad definida, y aunque puedan jugar con ciertos arquetipos o basarse en referentes anteriores (hay trazas de Vetinari en el Rey Malvado, y el propio Stottlemeyer es un homenaje a Sherlock Holmes), todos tienen rasgos propios (¡un mago cuñao, cracks!) que resultan refrescantes. Además, una de mis cosas favoritas de la novela es que cada uno tiene su idiolecto. Vaya, que cada personaje tiene su forma de hablar propia, algo que quizá les parezca una tontería, pero que en muchas novelas no se da. En La octava especie, cada personaje habla con sus tics personales, lo que enriquece mucho la narración.

El estilo narrativo (que se ve empañado por alguna errata que pasó desapercibida en el proceso de revisión editorial, me temo) es bastante fluido, y no cae en esa petulancia en la que tantos autores noveles se enfangan en sus debuts. Salvando las distancias, recuerda un poco al gran Terry Pratchett (del que el propio Muñoz es fan), ya que introduce giros lingüísticos y toques costumbristas en la propia narración, además de hacer uso de notas al pie tan explicativas como jocosas.


Y también lleva sombrero. ¿COINCIDENCIA…? Hombre, seguramente.


Por su parte, la trama no tiene la misma fluidez que el estilo. Sin llegar a estancarse, a veces el argumento (que tarda en dejar atrás el primer acto) se ve algo lastrado por la necesidad de explicar el funcionamiento del universo tramesiano, que tiene su propia mitología, historia y leyes. Estos incisos son, como ya digo, necesarios, pero quizá pecan de estar metidos de forma algo forzada, dado que en ocasiones el avance de la trama se ve interrumpido por un apartado de varias páginas explicando las diversas clases de magos, cierto aspecto de la historia tramesiana, o las distintas especies. Quizá hubiese sido mejor explicarlo en unos apéndices, al inicio, o sencillamente acortar un poco las explicaciones e intentar desarrollar el resto mediante diálogos.

En cualquier caso, como ya digo, son explicaciones que hay que dar cuando uno se adentra en un mundo de fantasía. También es cierto que por mi parte suelo acusar demasiado las partes expositivas en las novelas (hola, Tolkien), y disfruto más de los diálogos. Además, hay que reconocer que hay todo un currazo detrás de la creación del universo tramesiano, y eso se nota en la lectura: no cuesta meterse en la lógica interna de la novela… aunque quizá sí sea más complicado quedarse con tooooodos los conceptos y nombres que nos plantea Muñoz. 


No este Muñoz, sino Guillermo.


El detective Stottlemeyer y el caso de la octava especie es un buen debut. Un debut bastante bueno, de hecho. Presenta personajes carismáticos, tiene un clímax muy cinematográfico, plantea conceptos interesantísimos (la magia como fenómeno matemático que requiere de la representación de ecuaciones, similar en cierto modo a la Bruja Escarlata de la Tierra-1610) y cada peón del universo tramesiano tiene su propia voz. Tiene sus defectos, claro (un arranque lento y la posibilidad de quedar abrumado ante tanto concepto nuevo), pero créanme que he leído cosas de autores veteranos que pecaban de lo mismo.

Si les gusta el género fantástico y quieren gozar de un debut bastante apañado que mezcla toques pratchettianos con tintes lovecraftianos, alardes bufonescos y una hermandad entre magia y ciencia, denle una oportunidad a la primera novela de Guillermo Muñoz, y cósquense de más cosas tramesianas en su blog. Es un arranque prometedor para el universo tramesiano.