5 jun. 2015

«Tomorrowland: el mundo del mañana», un futuro que debería ser más brillante

«Your servant here, he has been told
to say it clear, to say it cold:
It's over, it ain't going any further»
The Future, Leonard Cohen


Una semana más, y tras haberme enfrentado en combate singular a un defensor de Dani Rovira, vuelve RduTcB, el blog donde pese a que no se toleran los atentados contra la comedia, se cometen. 

No soy yo especialmente fan de Brad Bird. Pese a que El Groot gigante de hierro y Ratatouille me gustan, Los Increíbles me parece una castaña, ¡y no me hagan hablar de Do the Bartman! ¡Ni de la que hizo de Misión imposible… (más que nada porque no la he visto)! El caso es que, como fan de la ciencia-ficción, o cifi (son cosas nuestras), sí que le tenía ganas a Tomorrowland: el mundo del mañana. La película, no el festival. Y, siguiendo el paso lógico, fui a verla. Inesperado, ¿eh?

Y me gustó. No me alucinó, eso sí. Me gustó en plan «está bien», pero le fallan cosillas. Cosillas que les voy a contar sin spoilers para que no me lloren, que son ustedes unos lloricas, todo el día ahí llorando, vaya lectores, joder, VAYA LECTORES [le inyectan un sedante].





El planteamiento de Tomorrowland es el siguiente: salen George Clooney y Hugh Laurie y la gente va a ver la película porque molan. Respecto al argumento, Casey Newton (Britt Robertson) es una adolescente (al viejo estilo de Hollywood, o sea, que la actriz tiene 25 calandracas ya) imaginativa, creativa y optimista que, tras encontrar un pin que la lleva a una dimensión paralela futurista, busca a Frank Walker (Clooney) junto a Athena (Raffey Cassidy). Una vez lo encuentra, resulta que LOS NÚMEROS SON CHUNGOS (se nota la mano de Lindelof en el guion) y que han de evitar que el mundo se vaya a freír espárragos porque los fritos son malos para la salud y es mejor asar los alimentos.

Con este argumento nos embarcamos en dos horas de puro cine Disney. Ojo, en el buen sentido: Tomorrowland cine familiar de aventuras bien rodado, con un mensaje optimista influido por el futurismo de Julio Verne. Vamos, que está más cerca de Piratas del Caribe (la primera, las demás NO EXISTEN) que de, qué sé yo, la infumable Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton.

El problema que tiene la película es que, pese a sus innegables virtudes, entre las que se cuentan la buenísima química del reparto, el descubrimiento que supone Raffey Caminos Cassidy, la mezcla de escenas con estética típicamente estadounidenses con los escenarios futuristas rodados en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia (se nota que es ciencia ficción porque los edificios no se están cayendo a cachos, ¡gracias, Calatrava!), o el sentido de la maravilla que transmiten escenas como la de la torre Eiffel… le falta ritmo.


Estoy muy orgulloso de que rodasen escenas en Valencia porque evidentemente es mérito mío.


A Tomorrowland le falta ritmo, y eso es muy jodido. Tras el emocionante prólogo, llega el primer acto, que es excesivamente largo, seguido de un segundo que va un poco a rastras, y que culmina en un tercero que dura más de lo que debería. Quizá con hora y media, recortando un poco de aquí y allá (ese viaje en coche es excesivamente largo, por ejemplo), hubiese dado un mejor resultado.

Fastidia que Tomorrowland se quede a medio gas, porque es una película que se nota que se ha hecho con mimo y cariño. Está claro que Bird siente pasión por lo que hace, y hay planos y momentos que son verdaderas joyas, pero desgraciadamente se ven empañadas por un montaje que lo lastra todo.

Con todo, Tomorrowland tiene aciertos, y no pocos, ¿eh? A la ya mencionada química del trío protagonista, hay que sumar cosas como el astuto uso de la atracción en la que basa la película, el mensaje que les transmite a los chiquillos («poneos las pilas, hostia ya, tanto lloriqueo y tanta mierda», pero de forma más amable), su estética, esa escena en la tienda retro llena de guiños para soñar (Gort, Zurg, Robby… y muchos más), el haber trasladado la grima que suelen dar los animatrónicos para convertirlos en villanos, ese homenaje a Tesla, Edison, Verne y Eiffel…


Lo bien puesto que está el peluquín de Hugh Laurie…


Tomorrowland es un buen entretenimiento. Es una película digna. Es buen cine familiar de aventuras. Es una buena manera de que a los chiquillos les pique la curiosidad por la ciencia ficción. Tiene buenas ideas. Está bien interpretada. Tiene sentido de la maravilla. Y, sin embargo, le falta algo, un nosequé, que hace que no termine de despegar del todo. 

Aun así, les recomiendo que no se la pierdan, porque vale la pena verla. ¡Hasta el infinito, y más allá! [Se equivoca de franquicia el puto gilipollas, la tiene que cagar al final]