13 mar. 2015

Tortugas Ninja: entretenimiento en caparazón

«Well, I know karate, voodoo too
I'm gonna make myself available to you
I don't need no make up
I've got real scars»
Goin’ Out West, Tom Waits



Una semana más, y tras haber recuperado el ritmo de actualizaciones (al menos de momento), vuelve RduTcB, la última línea de defensa contra los niños rata.

Si hay algo que esté de moda en Hollywood ahora es estar forrado hacer adaptaciones. Y las franquicias. Y los reboots. Y los reboots de franquicias de adaptaciones. Por eso, el lanzamiento de otra versión de las Tortugas Ninja no debería sorprender a nadie. A fin de cuentas, esos quelonios pizzófagos llevan décadas teniendo un éxito constante. Mayor o menor, sí, pero constante. Cómics, películas de imagen real, series de dibujos, series de animación, una recomendabilísima película en 3D…

Así las cosas, la idea de devolver a los reptiles con antifaz a la gran pantalla era lógica, y ¿por qué no iba a ser bien recibida por los amantes de la franquicia? ¿Eh? Ah, claro. Porque esto es internet.






Esto es internet, y si hay algo que abunde en internet son los otherkin los lloricas. «BUJUJÚ, VAN A HACER OTRA PELÍCULA DE LAS TORTUGAS NINJA», se quejaban algunos. «AY, QUE VAN A VIOLAR MI INFANCIA», aullaban otros. «¿ALGUIEN TIENE ENLACES PARA EL ÚLTIMO EPISODIO DE JUEGO DE TRONOS?», pedía un despistado.

Por supuesto, ya sabemos que cuando se hace una nueva versión de algo que nos ha gustado de pequeños, violan nuestra infancia. A fin de cuentas, ¿no es cierto que hacer reinvenciones de cosas evita que podamos volver a gozar del original? ¿Eh? ¿Que no? Vaya. Pues entonces no lo entiendo. ¿Será que la gente es muy quejica? ¡Jaja…! ¡No, hombre, no…! ¿Cómo va a ser eso…?


«LAS TORTUGAS NINJA DEBERÍAN SER SIEMPRE ASÍ», dice el mitoplasta de turno.


En fin, la película que nos ocupa está dirigida por Jonathan Liebesman (Ira de titanes e Invasión a la Tierra) y producida por Michael «aquí molaría meter una explosión» Bay, lo que evidentemente hizo que internet empezase a decir que la película iba a ser una puta mierda sin haber visto nada siquiera.

¿Tenían razón?

No.

A ver, evidentemente, Tortugas Ninja no es un peliculón. Tampoco creo que nadie lo pidiese, ¿verdad? O sea, son tortugas ninja mutantes adolescentes. No es precisamente un concepto que dé para elaborar una gran epopeya sobre la lucha interna del hombre (o de la tortuga) entre el bien y el mal.

Sí que da, sin embargo, para hacer una peliculita entretenida de hora y media con mucha acción, chistecitos y escenas de peleas espectaculares y bien coreografiadas. Y eso lo da. Tampoco hay que pedirle más. Tampoco es que las originales diesen más, pero claro, ya se sabe que el cansino factor nostalgia lleva a endiosar cosas que nos fliparon de pequeños, pero que tampoco eran la gran cosa vista con ojos de adulto.

La trama es sencilla, claro. El Clan del Pie, liderado por el Triturador, tiene a Nueva York aterrorizada, pero menos mal que hay unas tortugas mutantes humanoides adiestradas en el noble arte de las artes marciales por una rata igual de mutante (aunque menos humanoide) que ellas para pararles los pies. Les acompaña April O’Neil (Megan Fox) porque bueno, algún humano protagonista hay que meter, aunque todos queramos ver a TORTUGAS REPARTIENDO LEÑA.

Los diseños de los personajes dieron mucho de qué hablar. Que si las caras estaban demasiado humanizadas, que si parecían chatarreros más que ninjas, que si estaban demasiado musculadas («mira, acepto que sean tortugas ninja parlantes, pero no que sean musculosas»), que si por qué unas eran más altas que otras… En fin, ya saben, las quejitas puntillosas de siempre, porque oigan, no vaya a ser que los diseños les den personalidad a las tortugas en vez de diferenciarse solo en el color de los antifaces y las armas.


«¡MI INFANCIA! ¡KHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN…!»


Debo reconocer que a mí los diseños en foto no me terminaban de gustar. Las caras no solo entraban en el valle inquietante, sino que montaban un negocio, se compraban un chalé y pasaban allí la mayor parte del año. Sin embargo, en movimiento funcionan muchísimo mejor, y francamente, molan. Mola que Donatello vaya cargado de cachivaches, mola que Michelangelo vaya en plan chavalín surfista, mola que Leonardo sea el más sobrio de todos (aunque digo yo que para qué lleva una coraza de bambú si la concha es antibalas, pero en fin), y mola que Raphael, el más chungo de todos, sea una montaña de músculos con cicatrices. Y oigan, ese palillito le da un toque de cuñao’ que tiene su punto.

A fin de cuentas, no olvidemos que son adolescentes, y van «vestidos» según lo que a un adolescente con su personalidad le parecería molón. Si hubiese una tortuga emo, seguro que llevaría una camiseta de My Chemical Romance o algo así. Si hubiese una hipster, llevaría una barba postiza. Y si hubiese una otaku, pues daría mucha vergüenza ajena.


Ahora bien, que esta escena sí que da grimilla. Por suerte no vuelve a quitarse el antifaz.


Como decía, la trama es sencilla, y básicamente sirve de excusa para ver al cuarteto quelonio repartiendo estopa. Me habían comentado antes de ver la película que las tortugas casi no salían, pero no es cierto. Salen prácticamente en cada minuto del metraje. No sé, igual quien me lo dijo se había confundido y se había puesto La cinta blanca, de Haneke, pensando que la cinta del título hacía referencia a un antifaz. Podría pasar.

El caso es que las escenas de distribución de leña están bien rodadas, se distingue perfectamente qué tortuga es cada una, y las coreografías son muy apañadas. La secuencia de la nieve, la batalla del maestro Astilla contra el Triturador, o el enfrentamiento final se disfrutan mucho sin llegar a abrumar al espectador, como sí pasaba con algunas escenas de Transformers.

El humor de la película… Bueno, a ver. Hay un chiste de pedos. Eso mal. Por lo demás, pues chistes para chavales, referencias a la cultura popular… Lo que se espera de una película que, no lo olvidemos, está orientada a un público juvenil. No me partí con ninguno de los chascarrillos, pero sí sonreí con alguno. Bien.


Aunque aquí lo pasé un poco mal.


En fin, Tortugas Ninja no es la película de la década, ni tampoco pretende serlo. Es, sencillamente, una película de entretenimiento puro y duro para chavales que distrae durante la hora y media que dura sin llegar a aburrir en ningún momento, y eso no es poco.

Ah, y piensen que si no les flipa esta como les fliparon las de los años 90, igual es porque entonces eran ustedes unos críos y ahora ya son adultos. La verdad duele.