6 mar. 2015

Kingsman, servicio secreto: esta peli ya la he visto

«Well, he once killed a man with a guitar string
He's been seen at the table with kings
Well, he once saved a baby from drowning»
Black Wings, Tom Waits



Una semana más, y tras haber recomendado una y mil veces por Twitter El ministerio del tiempo (véanla, cojones, que está la mar de maja), vuelve RduTcB, un blog que viaja en el tiempo a velocidad t, siendo t el avance natural del tiempo. ¿Qué? ¡Aún cuenta…!

Como fan de las películas de James Bond que soy (no lo soy), fan de los canis (no lo soy) y fan de Taron Edgerton (tampoco), le tenía yo muchas ganas a Kingsman: servicio secreto (esto sí es cierto), porque la verdad es que la cosa prometía: Colin Firth en modo educated badass gentleman repartiendo leña como quien reparte fish & chips, un chav (el equivalente británico a los canis españoles) teniéndoselas que ver con un mundo que no es el suyo, espías con artilugios molones, elegancia británica, Mark Strong haciendo de señor calvo, Michael Caine siendo Michael Caine… ¡y hasta un carlino, el equivalente canino de los vloggers!


Colin Firth andando: el leitmotiv de la película.


Además, está dirigida por Matthew Vaughn, y el guion de Jane Goldman y el propio Vaughn adapta el cómic (o «novela gráfica», si tienen el esnobismo subido) de Mark Millar, como ya lo hicieran con Kick-Ass. Así las cosas, y teniendo en cuenta las críticas positivísimas que había tenido por todos lados, estaba claro como las explicaciones de Nolan que la película me iba a flipar, ¿no?

Pues no.

Pero me entretuvo.

Pero no me flipó.

Pero empieza con Money for Nothing.

Pero no me flipó.

No me flipó porque, para empezar, la mayoría de la película ya la había visto antes en otras obras. Vamos, lo de «hijo de agente acaba siguiendo los pasos de su padre» no es precisamente nuevo, como tampoco lo es lo de «chaval que no encaja en un grupo de tipos teóricamente mejor preparados acaba siendo el miembro más valioso». No ayuda que el segundo acto de la película sea El juego de Ender. Pero tal cual, ¿eh? Es el puto juego del puto Ender, pero en Inglaterra en vez de en el espacio exterior, lo cual supone una mejora. O no. No sé. Tendré que hacer un estudio comparativo.


Colin Firth andando en un pub.


La película, como ya sabrán, está protagonizada por Gary «Eggsy» Unwin, un cani hijo de un agente secreto en pruebas que la casca salvándole la vida a Harry Hart, agente de Kingsman, una agencia internacional que trabaja de forma encubierta para mantener la paz en el mundo, cargarse a los malos malosos y llevar trajes elegantes, que tampoco hay que descuidar la apariencia. Total, que cuando crece para convertirse en un cani, Hart acaba reclutándolo para que se una a Kingsman. ¡Lo nunca visto!

Por otro lado, tenemos a Richmond Valentine, un Samuel L. Jackson con ceceo (explicado aquí) que interpreta a una especie de Steve Jobs, pero un Steve Jobs degenerado y maligno que quiere acabar con casi toda la humanidad para fundar una nueva raza mejorada. Bueno, bien pensado, es como Steve Jobs normal.


«¡Y el nuevo iPhone tendrá el tamaño de un iPad, porque mayor es mejor! ¡Y el nuevo iPad tendrá el tamaño de un iPhone, porque menor es mejor!»


Entonces, ¿qué le pasa a Kingsman para no PETARLO, si tiene espías, gadgets, a Colin Firth e incluso (¡incluso!) a Samuel L. Jackson ceceando? Pues que promete más de lo que da. Promete ser una película de espías «canalla» (cómo odio este adjetivo), «gamberra» (este casi más aún) e innovadora y se queda a medio gas. 

Ya hace tiempo que lo de meter violencia gráfica dejó de ser revolucionario, las cosas como son. El público generalista ya se ha acostumbrado a ver sangre estilizada a borbotones (gracias, Tarantino), y este es el único factor «transgresor» que puede tener Kingsman… y tampoco mucho, ¿eh? Quitando la escena de la iglesia (de la que hablaré luego) y los fuegos artificiales del final, tampoco es una película especialmente sangrienta ni violenta. Sí, claro, hay hostias y tiros, pero no son nada que no hayamos visto ya en chorrotocientas superproducciones. 

O sí, porque he leído a varias personas decir que todo el metraje era ultraviolento, lo que unido al elogio de la comedia (que creo yo que tampoco tiene mucha) y a las pasiones que ha levantado la escena de la iglesia, me hace pensar que quizá yo haya visto otro montaje de Kingsman, uno peor en el que un peliculón de aúpa se queda en mera película para pasar un rato entretenido y poco más.


Aprovecho a Colin Firth andando en un subterráneo para avisarles de que desde aquí hasta la próxima imagen hay spoilers. Pasen directamente a la siguiente si no quieren que les destripe una de las escenas.


La escena de la iglesia, como ya sabrán, es ese frenesí de la vieja ultraviolencia en la que todos los feligreses de una congregación que-no-es-pero-sí-es-la-iglesia-de-Westboro pierden la puta cabeza por la frecuencia que desata Richmond Valentine y empiezan a matarse los unos a los otros. A Harry Hart lo pillan en mitad de todo el fregado y claro, siendo de Kingsman, y aún más importante, siendo Colin Firth, se los carga a todos en una orgía de empalamientos, destripes, puñetazos como cañonazos, tiros en la cabeza y… ah, vale, que lo de la violencia lo decían por esto.

El problema que tiene esta escena frente al despliegue de hostiafinerío del que hace gala en el pub es que es demasiado larga. Muchísimo. Personalmente me sobró la mitad. Me pareció el equivalente de los clímax de las películas de Transformers: demasiado largo como para mantener la atención del espectador durante toda la duración.

Por otro lado, y esto ya es cosa mía, no sé si la intención es que mole o que resulte desagradable. A mí personalmente se me fue haciendo más chunga conforme iba avanzando. Que sí, que al principio es «ajajajjaj puto amo el tio kmo reparte ai no??????», pero conforme el grado de barbarie aumenta se hace incómoda de ver. A mí por lo menos, y eso que a mí la violencia ficticia nunca me afecta porque me abstraigo completamente. No sé, quiero creer que la intención era esa, que cada vez se fuese haciendo más cuesta arriba para que el espectador se dé cuenta de que Hart está cometiendo una salvajada, pero no me queda muy claro. En cualquier caso, no me pareció ese frenesí que tanto había leído («me han dado ganas de echarme el cigarrito de después», llegué a ver), quizá por toda la expectación que me habían creado.


Colin Firth andando para salir de una comisaría y fin de los spoilers.


Otra cosa que me dejó frío fue el rollo cani de Eggsy. Pensaba yo que aprovecharían sus orígenes, que el tío usaría su ascendencia chunguesca para emplearla en los combates, que haría eso tan típico de utilizar la «astucia callejera», lo aprendido en la «universidad de la vida» y blablablá… pero no. Quitando un jueguecito de manos, nada. Nada de nada. Ni siquiera una combinación al pelear de rollo callejero y entrenamiento formal. No. Menuda oportunidad perdida.

También se ha hablado del chiste sexual del final, de que si es denigrante para las mujeres, que si las deja en mal lugar… En fin, ya se hacen una idea. Vaughn dice que básicamente es una forma de llevar más allá los clichés del cine de espías como hace a lo largo de toda la película. Vamos, una sátira, no una apología. A mí sí que me parece un poco pueril, la verdad, pero tampoco me molestó. Me molestó más que tras el homenaje previo a El resplandor y la clarísima referencia a La guerra de las galaxias con la princesa, echasen a perder la ocasión de que ella le dijese «¿no eres un poco bajito para ser espía internacional?» («¡Ocasión perdida! ¡OCASIÓN PERDIDA…!», grita el autor con los puños en alto e hincado de rodillas mientras las lágrimas le surcan el rostro).

Sí que es cierto, claro, que las películas de Bond no son precisamente muy feministas, dado que las mujeres suelen ser poco más que un trofeo para que 007 descargue la pistola, ¿eh o qué? ¿Eh? ¿Lo pillan? Codazo, codazo. Guiño, guiño. ¿Eh? ¡Anda que no! ¡Anda que no, cracks! ¡JAJAJAJA! ¡MADRE MÍA! ¡JAJAJAJAJAJAJOAOAJAOAJOJOJEJOJAJOTA!

*Chiste patrocinado por la Federación Española de Figuras, Cracks y Máquinas*


Colin Firth andando.



Con todo, pese a los dos primeros actos predecibles, a las similitudes preocupantes con El juego de Ender, pese a que el metraje se alargue excesivamente (una duración de 90 minutos le hubiese hecho mucho bien), pese a que haya muchas cosas desaprovechadas, Kingsman cuenta con la ventaja de tener un tercer acto muy sólido y desatado que hace que en la última media hora  se disfrute más que en los otros tres tercios de la película, y siempre es mejor acabar en alto que empezar muy fuerte y acabar en la pochez.

En fin, Kingsman: servicio secreto no es la revolución del género, no es el entretenimiento del año, no es ninguna joya y seguramente tampoco sea una película que se vaya a ver una y otra vez, pero sí que es un entretenimiento digno, que no es poco. Véanla si tienen ocasión, que no se arrepentirán, pero, como diría Larry David, «no se emocionen tanto».