28 feb. 2015

Agente Carter: la pana la párter



Yo sé que igual les pilla por sorpresa, pero a mí todo lo que sea Marvel me gusta mucho, y lo que se está haciendo con el Universo Marvel Cinematográfico (UMC) me parece espectacular. Por desgracia, no me pasó lo mismo con Agentes de S.H.I.E.L.D., que dejé de ver en el séptimo episodio y que, por lo que me han contado, tengo que retomar porque ha mejorado a niveles inhumanos.

El caso es que cuando se anunció que se iba a hacer la serie Agente Carter, ambientada en 1946 y narrando las aventuras de la protagonista homónima, saltaron todas las alertas. Las alertas buenas, claro, porque a mí me pirra esa ambientación, y la perspectiva de tener una serie que ampliase la historia del UMC era de primera.





La serie está creada por Christopher Markus y Stephen McFeely, artífices de esa maravilla que es Capitán América: el Soldado de Invierno (de la que hablé aquí), y está llevada por Tara Butters, Michele Fazekas, y Chris Dingess, quienes, vamos a reconocerlo, tienen apellidos graciosos.

Si no han visto aún la serie, y como va a haber algunos spoilers, quédense con esto: Agente Carter es una buena serie de espías con una ambientación muy cuidada, una protagonista femenina bien construida (algo tristemente raro) y bien interpretada por Hayley Atwell, y que nos da pistas sobre el desarrollo histórico del UMC.


También sale Howard Stark, y cada vez que lo veía me daban ganas de afeitarme toda la barba menos el bigote. El riesgo de parecer facha me lo impidió cada vez.


Si han visto la serie, sigan leyendo. ¡Que sigan leyendo, les digo, no me obliguen a cogerles de las solapas!

La primera temporada (de esperemos que muchas) de Agente Carter trata de la supuesta traición de Howard Stark al vender armas a enemigos de los Estados Unidos. Por supuesto, este no es el caso, sino que se trata de un robo. Carter (que de risa se párter) tiene que limpiar el nombre de Stark, pero claro, años 40, mujer… pues muy en serio no se la toman, así que trabaja por su cuenta, ayudada por el Edwin Jarvis de la Tierra-19999 (James D’Arcy), un mayordomo más joven que su contrapartida de la continuidad 616, pero que mantiene todos los rasgos reconocibles, y cuya influencia en el J.A.R.V.I.S. (Paul Bettany) posterior es más que evidente.

Atwell y D’Arcy tienen buena química, y sus escenas juntos son de lo más divertidas. Contrasta la determinación de Carter con los remilgos y la socarronería de Jarvis, y se agradece que no hayan caído en el cansinismo del «¿acabarán liados?»: hay respeto, hay aprecio, pero no hay romanticismo. Menos mal.


La mujer de Jarvis lo convierte en el Niles Crane del UMC.


Una vez más, y como pasara con Agentes de S.H.I.E.L.D., quien espere de Agente Carter superhéroes y demás la lleva clara. Evidentemente, por supuesto, dado que el Proyecto Renacimiento ha quedado congelado y no hay vigilantes ni nada por el estilo… pero es que ni falta que hace, porque no es una serie de palos (aunque los hay), sino de conspiraciones y agencias secretas, personificadas por la SSR y la soviética Leviatán.

A falta de nazis, buenos son los rusos como villanos para las obras ambientadas a mediados del siglo XX, claro, y Agente Carter nos da una pista sobre los orígenes de la Viuda Negra. Bueno, a ver, «pista» tampoco es, que sale la Habitación Roja y el precursor del Proyecto Viuda Negra, además de chiquillas aprendiendo a infiltrarse en los Estados Unidos haciéndose pasar por nativas. Bueno, y Dottie Underwood. Más claro… Igual a alguien le hace falta que salga Nolan en una esquinita de la pantalla diciendo «a ver, Dottie Underwood tiene las mismas capacidades que la Viuda Negra, entonces, como tiene las mismas capacidades y la Viuda Negra dejaba caer cosas sobre su pasado, pues a ver, que el programa es el mismo, o sea, el mismo no, porque han pasado varias décadas, pero parecido, no sé si me explico, que es un precursor, «precursor» porque va antes, claro, y…», pero realmente no deja lugar a dudas. 

Sí que hay, eso sí, una aparición del grupo con el mejor nombre de la historia del cómic: los Comandos Aulladores, liderados por un de los mayores exponentes de la afición de Stan Lee por la aliteración, Dum Dum Dugan, el mostachudo bebedor portador de bombín.


También hay más sombreros, y me parece muy bien.


En un mundo donde los personajes femeninos rara vez son protagonistas, es refrescante que la Peggy Carter que interpreta Hayley Atwell sea independiente, lista y sepa sacarse las castañas del fuego ella sola. Parte del atractivo de la serie reside en verla lidiar con el resto de la SSR, en especial con el jefe Dooley (un Shea Whigham que ya nació con cara de tipo de los 40) y con Jack Thompson. Lo de Sousa ya tal, porque aparte de hacer el papel de interés amoroso en potencia, tampoco está muy desarrollado.

Sí que me toca un poco las narices ese mensaje final de Carter, cuando Thompson se lleva los méritos, de «bueh, total, yo ya sé lo que valgo, me da igual lo que piensen los demás». A ver, está muy bien, sí, pero vamos, después de haber resuelto el caso de Stark, a lo mejor dejar que se lleve todo el mérito otra persona tampoco está muy allá, ¿eh? Imagino, de todos modos, que se deberá a que resulta más interesante ver cómo se sigue desenvolviendo en un mundo más machista aún que el de hoy que verla con el respeto de todos ganado. Además, en el one-shot, también llamado Agente Carter, ambientado varios años después, ya veíamos que seguían toreándola un poco hasta que Howard Stark la llamaba para fundar S.H.I.E.L.D., así que no tendría sentido que se impusiese desde ya.


«¿Qué está pasando aquí? ¿No estaréis APRENDIENDO, verdad…?»


Por último, son muy de agradecer los guiños al UMC. Que si ahora sale Anton Vanko, que si ahora la sangre del Capi (aunque de «guiño» tiene poco, es más bien un puñetazo en la nuca), que si la Roxxon, que si un personaje se llama Leet Brannis (Stan N. Lieber), que si Goodman, Kurtzberg & Holliway… y, por supuesto, la presencia de Arnim Zola, un remate perfecto que sirve como presagio de lo que pasará con Bucky, el Soldado de Invierno.

Se agradece la corta duración de la temporada de Agente Carter, porque así el relleno queda reducido a la mínima expresión. Nada de temporadas largas de 23 episodios donde 11 son paja para llenar metraje: aquí en 8 episodios el arco se abre, se plantea y se cierra, como debe ser. Que sí, que deja la puerta abierta a más tramas (faltaría más), pero funciona perfectamente como obra en sí misma.


Los Cuatro Fantást… no, esperen.


En definitiva, si les gusta Marvel, vean Agente Carter. Si no les gusta Marvel, pero les gustan las series de espías, vean Agente Carter. Si les gustan los personajes femeninos bien construidos («no, yo es que quiero que sean unidimensionales», dice algún necio), vean Agente Carter. Ya saben el dicho: «quien parte reparte y se lleva a la agente CartNO EN LA CABEZA NO QUE LA NECESITO PARA TRADUCIR