17 ene. 2015

Birdman, o la inesperada virtud de ser la película del año

«I am alone now, I am beyond recriminations
Curtains are shut, the furniture is gone
I’m transforming, I’m vibrating, I’m glowing
I’m flying, look at me
I’m flying, look at me now»
Jubilee Street, Nick Cave & the Bad Seeds



Como sabrán los lectores habituales, a servidor le pirran las películas de superhéroes, especialmente las de Marvel. Por eso, cuando Alejandro González Iñárritu dijo que suponían «un genocidio cultural», me propuse boicotearle y no volver a ver nunca ninguna película suya. ¡JAJAJAJA! ¡Que no, hombre, que no hice eso! ¡Que no soy imbécil! Lo que sí que hice fue seguirle la pista muy de cerca cuando se anunció que iba a dirigir Birdman, una reflexión sobre el ego y el mundo del espectáculo. 

Y bien que hice. Puta joyaza, joder.





Los que me sigan en Twitter ya me habrán leído poner la película por las nubes (¿lo pillan? ¡Porque vuela! ¡JAJAJAJA! No, por favor, no cierren la pestaña), y tres cuartos de lo mismo en Letterboxd, donde intento hacer una reseñita de cada cinta que veo, pero Birdman se merece una entrada a la vieja escuela en el blog en la que hable de los apartados que más me han llamado la atención. Ah, y sin spoilers.


-El reparto: Nunca he sido yo muy fan de Michael Keaton. Tampoco de Emma Stone, que siempre me parece solvente sin más. Zach Galifianakis no me hace ni puñetera gracia. Así las cosas, los dos únicos intérpretes en los que confiaba eran Naomi Watts y Edward Norton.

Bueno, pues están todos tremendos. Todos. Empezando por un Michael Keaton (doblado a la perfección por Luis Bajo, todo hay que decirlo) enorme que se merece volver a la palestra y que le den todos los premios del mundo por su Riggan Thompson y su alter ego Birdman, pasando por un Zach Galifianakis contenido que luce muchísimo más que haciendo comedia tonta, incluyendo a un Edward Norton más en forma que nunca y a una Naomi Watts que, pese a su reducido papel, está estupenda.

Y luego está Emma Stone. Madre mía, lo de Emma Stone. Solo por su monólogo sobre la relevancia ya se merece el Oscar, el Premio Anual Montgomery Burns por Logros Destacados en el Campo de la Excelencia y todo lo que se le ponga por delante.




Si el discurso ya es sobrecogedor, ese cambio de expresión que dura poco más de cuatro segundos debería, como digo, granjearle todos los premios del mundo. Qué cosa más tremenda, la madre del cordero.

Ahora bien, el que se come la película es, como no podía ser de otra manera, Keaton, que ofrece un retrato descarnado de Riggan Thompson, con sus matices, su mirada perdida en ocasiones, sus delirios, sus cabreos… y sus graznidos, claro.


Caws


Ya se llevó el Globo de Oro y suena muy fuerte para el Oscar. Pues ojalá. Aunque hablamos de una institución que no ha nominado a La Lego película y sí a Cómo entrenar a tu dragón 2, así que nunca se sabe.


-El plano secuencia y el color: Igual que cuando se habla de Boyhood es normal que se destaque únicamente «¡que se rodó en 12 años! ¡EN 12 AÑOS!», con Birdman se habla mucho de que está rodada en (falso) plano secuencia. Un falso plano secuencia muy bien llevado, desde luego, y que le da un dinamismo a la película inusitado, yendo más allá de lo que podría haber sido una gracieta publicitaria, un «eh, mira, está en falso plano secuencia, jaja, qué locos estamos».

La fotografía y el uso del color corren a cargo de Emmanuel Lubezki, que ya ganó el Oscar por Gravity. Lo que me llamó especialmente la atención es que el color forma parte de la narrativa de la historia. Sin entrar en muchos detalles para no destriparles la película, solo les diré que se fijen en los tonos azules y en lo que representan.


«Pero me cago en todos tus muertos, Birdman. Me cago en todos tus muertos uno a uno, ¿qué te he hecho yo? La tabarra que me estás dando».



-Los superhéroes, el ego y el mundo del cine: En Birdman hay pullas descaradas a Michael Fassbender, Jeremy Renner (del que casi ni se acuerdan), Robert Downey Jr. («ese payaso no tiene ni la mitad de talento que tú y se está forrando con las chorradas esas del hombre de hojalata») y a como, desde el punto de vista de Iñárritu, se están «prostituyendo» al orientar su carrera hacia el cine de superhéroes. De esos tres actores el único que está más centrado en el género es Downey Jr. (pese a que lo ha compaginado, con mayor o menor acierto, con dramas como El juez), pero como ya he comentado antes, Iñárritu, al contrario que Paul Thomas Anderson, es detractor del cine superheroico.

En cualquier caso, aunque Birdman tiene sus cimientos en el cine pijamero, lo que cuenta bien podría ambientarse en otra época. Riggan podría ser el protagonista de una saga de pelis de acción ochenteras (a lo Van Damme y su recomendabilísima JCVD), o de alguna comedia tonta, o, en fin, de cualquier corriente cinematográfica que se pusiese de moda hace tiempo.


Batman contra Hulk. ESTÁ PASANDO.


Daría igual. Daría igual, porque en realidad Birdman no va de si el cine de superhéroes es mejor o peor, sino de cómo funciona el ego del artista. Riggan no quiere «redimirse» adaptando el De qué hablamos cuando hablamos de amor de Carver, no. Lo que quiere es volver a la palestra, que la gente vuelva a quererle, volver a ser relevante. Algo difícil en los tiempos de los vídeos virales («La Sociedad Le Marginó Por Ser Diferente, ¡Pero No Creerás Lo Que Hizo Este Asesino En Serie Para Callarla!»), los cuñadazos tuitstars y los famosetes efímeros.

La otra cara del ego está representada por la crítica del New York Times, que a su modo, también busca satisfacer su ego. Sabe que está en sus manos encumbrar o defenestrar la adaptación de Riggan. Bien es cierto que aquí la película cae en el discurso tan manido como falaz de que «ay, es que los críticos son unos envidiosos resentidos, pues que lo hagan ellos mejor si son tan listos», pero no deja de ser un buen retrato de algunos *cofcofboyerocof* opinólogos cuyos artículos no son más que una retahíla de adjetivos y lugares comunes («sobrecogedora», «obra intelectual para las masas», «la sorpresa del [inserte estación aquí]», «arriesgada apuesta», etcétera) vacía de contenido.


Interrumpimos este artículo para destacar el parecido de Iñárritu con Aznar. Se parece, ¿eh? EL MILAGRO MEXICANO.


-La música: La percusión de Antonio Sánchez ilustra a la perfección lo que pasa por la cabeza de Riggan. Caóticos en ocasiones, acelerados, es la banda sonora perfecta del trastorno de Thompson. Y nada, eso. Poca cosa más tengo que decir, pero es que había que comentarlo. Que se le agencien, oigan, que está estupenda. Va, no sean agarrados.

Ah, por cierto, ¿se acuerdan de que les he dicho que el artículo no traía spoilers? Pues como diría el filósofo hispanonoruego Rubén Doblas, «LOOOOOOL TROLIADOSSSSSSS XDXDXD», porque el siguiente apartado, de pajarraco a pajarraco, sí tiene spoilers. Dejen de leer cuando vean la grotesca ave y retomen cuando vuelvan a encontrársela.


Image and video hosting by TinyPic
«¡QUE HAY SPOILERS, COPÓÓÓÓÓÓÓÓÓN!»



-El final: Tal y como yo lo veo, tampoco es que el final sea muy ambiguo. Como he comentado antes, el color forma parte de la narrativa, y el azul es el tono de lo falso, de lo que no es real, de los engaños y, casualmente, del Partido Popular.

Por eso, no es coincidencia que las escenas del teatro, donde se representa una ficción, tengan ese color azulado, ni que el traje de Birdman sea del mismo color, ni que la escena onírica de De qué hablamos cuando hablamos de amor tenga la misma tonalidad, ni, claro, que tras tirarse Riggan por la ventana, su hija (de cuyo frágil estado mental nos han dado pistas ya) mire al cielo sonriendo con la pantalla inundada de un color que, efectivamente, lo han adivinado, es azul.


Image and video hosting by TinyPic
PAMMMMMMMMMMMS, GIRO DE GUION


Sin embargo, parece ser que hay gente que ha interpretado el final literalmente. Vamos, que Riggan sí que tiene poderes. Miren, pues no lo entiendo. Sí, sale volando en otra escena, ¡pero justo después vemos que un taxista le pide que le pague! Vamos, que no ha ido volando, sino en taxi. ¿Hacía falta una escena a lo Nolan en la que dijese «no has venido volando, has venido en taxi. Te has subido a un taxi y has venido. Tú te creías que estabas volando, pero no: has venido en taxi. Volando no: en taxi. Un vehículo amarillo con ruedas cuyo conductor te lleva a sitios a cambio de dinero».

Además, cuando supuestamente Riggan destroza telekinéticamente su camerino, llega el personaje de Galifianakis y ve (vemos) que realmente está haciéndolo a la vieja escuela: a guantazo limpio en plan rabieta.

Mi interpretación es la siguiente: Riggan se da cuenta de que, efectivamente, gracias a lo del tiro en el escenario ha vuelto a tener relevancia, pero que se va a ver obligado a encasillarse en ese papel y obra como le pasó con la saga Birdman, algo que quiere evitar. Así pues, y aceptando su situación, decide acabar en alto.


Image and video hosting by TinyPic
«¡QUE YA NO HAY SPOILERS, COPÓÓÓÓÓÓÓN!»



-El regreso del caballero emplumado: Nada, solo es dejarles la joya de tráiler de Birdman vuelve.




En conclusión, Birdman es la película del año. ¿De qué año? Pues técnicamente del 2014, pero aquí se ha estrenado en 2015, así que no sé, como ustedes vean. Desde luego, queda mucho año por delante, pero Birdman ha dejado el listón muy alto para las películas que vengan después.

Recomendadísima. Una joya. No se la pierdan. En serio.