17 may. 2014

Godzilla, un mostrenco aún por domar

«You little punks think you own this town
Well someday someone's gonna bring you down»



Un periodo de tiempo indeterminado más, y tras haber llevado a cabo el primer CinemaScupe en la Librería Bartleby (fotos aquí), vuelve RduTcB, un blog con una frecuencia de actualización tan irregular como la calidad de Agentes de S.H.I.E.L.D..

16 años después de su última incursión de la mano de los occidentales, las pantallas han vuelto a recibir a su coloso escamoso más carismático, Godzilla, y esta vez no es Roland Emmerich el encargado de destrozar renovar el legado del kaiju, sino Gareth Edwards, que debutó con Monsters, cinta con la que este nuevo pisotón del reptil guarda más de una similitud.

Como ya es costumbre, desgranaré los apartados más destacables de la película. Sin embargo, esta vez no habrá spoilers, ya que, las cosas como son, tampoco se puede spoilear mucho una película así. A no ser, claro está, que consideren spoilers cosas como «al final gana Godzilla» o «el bicharraco se lía a palos con monstruos».





- Destrucción a pequeña gran escala: Como ya he dicho, Godzilla y Monsters guardan similitudes más allá de esa escena de cortejo entre alimañas de varias decenas de metros de altura presente en ambas películas. La más evidente es, sin duda, el enfoque.

En Godzilla nos pasamos casi toda la película a pie de calle, siguiendo a Ford (Aaron Taylor-Johnson) en sus vicisitudes típicas y tópicas de personaje desdibujado que… pero bueno, ya hablaremos de esto más adelante.

El caso es que Edwards opta por una perspectiva más pequeña y reducida, y prácticamente todo el metraje se muestra desde el punto de vista de los humanos, algo que consigue que nos sintamos un pobre tipo más, otro don nadie que se ve atrapado en una lucha de titanes.


«VAMOOOO VAMOOOOO»


Esto, que sin duda supone una decisión arriesgada e innovadora frente a otros blockbusters de destrucción masiva, también es un punto en contra. Por supuesto que nos mete en la piel de una persona normal y corriente, impotente ante las brutalidades que están sucediendo a su alrededor, pero… ¿realmente es lo que queremos cuando vamos a ver una película de Godzilla?

Hombre, pues…


- Los humanos insignificantes: Es decir, todos, tanto literal como figuradamente.

Cuando uno va a ver una película de Godzilla, lo que menos le interesa son los homo sapiens, la verdad. Ahora bien, eso no significa que tengan que ser todos tan insultantemente planos como los escritos por Max Borenstein. Hagamos el repasito:

- Aaron Taylor-Johnson es Ford Brody, el protagonista arquetípico, el personaje predeterminado de los editores de videojuegos, el avatar del espectador, un militar buenazo y tan desprovisto de personalidad que es prácticamente una cáscara vacía que solo sirve para que el público tenga una referencia con la que empatizar, algo imposible dada su falta total de empaque.

- Elizabeth Olsen es Elle Brody, alias «La Mujer del Prota». Su papel se limita al de «premio» para el protagonista, a ser el motivo para que Ford tenga algo por lo que luchar (como si la supervivencia de miles de personas fuera poco) durante la película. Nada más. No hace absolutamente nada. Es un mecanismo de guion con patas.

- Bryan Cranston es Joe Brody, padre de Ford y personaje que se quitan de encima en poco más de media hora. ¿A que los tráilers hacían pensar que Cranston iba a ser el que llama a la puerta de Godzilla? ¿A que parecía que iba a ser uno de los ejes de la película? Pues no. Jeje. Qué risas.


«¿Un lagarto gigante ha destruido su casa? ¡Mejor llame a Saul!»


- Ken Watanabe es el doctor Ichiro Serizawa, alias «la representación japonesa de la película», «el científico que te explica la película» o «jajajjaj el puto xino ese de El último samurái xdxdxd k puto crack lol». Pues eso. Es el señor que explica el origen de Godzilla, los mutos (los otros monstruacos) y casi todo lo que involucre algo de ciencia. Otro mecanismo de guion con patas.

- David Strathairn es el almirante Stenz, quizá el único personaje que supone un soplo de aire fresco (o menos revenío) en la película, y es que en vez de ser el típico militar fraguiano que opta por «¡pues se le pega un cañonazo, y punto!», es un tipo abierto al diálogo y a escuchar qué alternativas le proponen al ya clásico y omnipresente castañazo nuclear. Y ese es el personaje más refrescante, ¿eh? Imaginen.

Así las cosas, es una putadita que, en una película de Godzilla en la que el atómico adalid del aplastamiento apenas aparece, los protagonistas humanos casi no consigan despertar el interés del público. Sí, Cranston es un actorazo del quince, pero apenas tiene tiempo en pantalla, y a nadie le importa si Ford consigue reunirse con su mujer e hijo (spoiler: lo consigue), porque está tan hueco como el cráneo de los rutilófilos. De poco sirve que quieran establecer algún que otro paralelismo chusquísimo entre él y Godzilla con esa secuencia en la que ambos caen a la vez: NO CUELA.


- La ausencia de momentos icónicos: Comentaba mi primo Rubén, fan empedernido y conocedor al dedillo de la filmografía de Godzilla, que a la película le faltaban planos memorables, y tiene toda la razón.

No puede ser que en una película del reputísimo Godzilla no haya prácticamente ni un solo fotograma para el recuerdo. Quizá lo más parecido a un momento destacable que hay sea ese plano de la espalda de Godzilla surcando el mar, flanqueado por dos buques; y el momento paracaidismo. ¡Y ambos ya salen en el tráiler!


En el tráiler parecía muy chulo, ¿no? Godzilla rugiendo y tal. Bueno, pues visto en la película, ni fu ni fa.


Para que me entiendan: Pacific Rim (de la que ya hablé aquí) tiene muchos más momentos memorables que Godzilla. Los helicópteros soltando a Gipsy Danger en el mar, la primera vez que se ponen los trajes, el momento portaaviones, Cherno-Alpha dándole dos hostias hidráulicas a un kaiju, la espada, Striker Eureka encadenando puñetazos rápidos en Sydney, el puñetazo-cohete… Bueno, pues Godzilla no tiene nada de eso.

Vamos a ver, tienes a Godzilla, y ni siquiera te recreas un poco en su primera aparición, sino que te lo quitas de en medio en diez segundos, en plan «pues aquí está Godzilla, mira tú qué cosas, hale, vamos pa’ otra cosa». Es una película con monstruos gigantes, ¿cómo es posible que no sea un festín visual? ¿Cómo es posible que haya tantas ocasiones desperdiciadas?


- Godzilla, ¿el rey de los monstruos?: Se ha comparado mucho Godzilla con Tiburón por el hecho de que en ambas películas, durante los dos primeros actos se insinúa más que se muestra a los animales protagonistas. La diferencia es que en Tiburón, los humanos eran interesantes, y en Godzilla, como ya he comentado, pues no tanto.

Ahora bien, cuando sale Godzilla, vale la pena. El diseño es acojonante y supone una vuelta a los orígenes, con esas patorras gruesas como troncos de secuoyas y esa constitución más fornida y menos dinosáurica que la del Godzilla de Emmerich (una encarnación a la que, oficialmente, se le quitó el «God» del nombre), y cuenta, cómo no, con el aliento nuclear.


«¡QUE SOY GODZILLA, COPÓOOOOOOOOOOOON!»


El respeto al original llega hasta el punto de referirse a la criatura como Gojira (como el original nipón) durante toda la película… hasta que Stenz, de la nada, se refiere al portentoso machacasaurio como «Godzilla», no vaya a ser que el público se confunda, por supuesto.

Sin embargo, no todo es bueno. La mayoría de veces, y seguramente debido al presupuesto, vemos a Dioszilla de noche… ¡y entre humo! Es un paso más allá en la tradición del «que se peguen de noche, que sale más barato» que, francamente, toca un poco las narices.

De todos modos, lo peor no es que salga poco y mal, sino que, para ser el rey de los monstruos (¡incluso lo llaman así en la película!), se parece más al rey de España que a otra cosa: recibe más de lo que reparte y no hace más que caerse.


Montaje cortesía de @Alexicko inspirado en el chascarrillo anterior.


Naturalmente, si la batalla final consistiera en que Godzilla llegase, diese un par de guantás bien dadas y sanseacabó, sería totalmente anticlimático… pero lo que tampoco es de recibo es que lo muelan a palos, lo tiren al suelo seis veces y casi lo maten de no ser por la distracción (involuntaria) de Ford. Vamos, que casi da hasta lástima verlo, si no le dan hasta en el carné de identidad, es porque no tiene. Sí, por supuesto, el momento aliento nuclear es una gozada, y ese partemandíbulas homenaje a King Kong hace que el espectador esboce una sonrisa, pero al rey de los monstruos se le pide más que una victoria casi fortuita.

Además, como puntualizó mi ya mencionado primo Rubén, le falta personalidad. No se «presenta» a Godzilla. El espectador que ya esté familiarizado con el reptil echará en falta algo más de presencia, y el neófito no empatizará ni le cogerá cariño a la bestia, a la que no se la consigue dotar de algo de enjundia.

Sí es un acierto que no se plasme a Godzilla como a un villano, ni tampoco como a un héroe, sino más bien como a una fuerza de la naturaleza. Serizawa dice que Gojira surge de las profundidades para dar caza a los mutos y restablecer el equilibrio natural. Vamos, que Godzilla es un FUNCIONARIO de la naturaleza. El señor Godzíllez, con traje gris y gafas, fichando en la oficina para ver si tiene que moler a palos a alguna criatura.


Y por cosas como esta no me gusta ir a la playa.


Hay quien dice que Godzilla es el héroe de la película porque, eh, que se carga a los malvados bicharracos enemigos y lleva cuidado de no partir en dos un buque del ejército. Ya, bueno, pero cuando llega a Honolulu provoca un tsunami que mata a cientos de personas, ¿eh? Y tampoco es que lleve mucho cuidado con no cargarse los edificios que se cruza por delante. Lo dicho: es más una fuerza de la naturaleza que otra cosa. Y es un enfoque que me parece bien, pero al que le falta empaque.



Godzilla es, pese a sus defectos, una película correcta y entretenida con un tercer acto de aúpa, ojo. El problema es que el guion no está pulido, y le hubiera venido bien darle unas cuantas reescrituras. Además, en ocasiones parece que a Edwards le queda grande el proyecto, y no acaba de darle un ritmo consistente a las partes humanas. Con todo, entretiene, que no es poco, y ver a Gojira en pantalla grande es un gustazo. Desgraciadamente, todavía no estamos ante la película occidental de Godzilla definitiva.