15 mar. 2014

«El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre», un libro que es la leche

Un periodo indeterminado de tiempo más, y tras haber hecho… pues no sé, cosas, vuelve RduTcB, el blog que ya no actualiza tanto como antes, pero que SIGUE VIVO.

Los lectores asiduos ya sabrán que soy muy fan de Neil Gaiman. Muy muy fan. A tope con Neil Gaiman. ¡Viva Neil Gaiman! #SpainWantsGaiman. No hay más Gaiman para mí, el médico dice que estoy a dicto y tal y cual. Por eso, cuando me enteré de que Roca Editorial iba a editar en España El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre, tuvieron que venir los de urgencias para inyectarme morfina y que me tranquilizase.





El libro que nos ocupa no es una novela al estilo de American Gods o El océano al final del camino (de la que ya hablé aquí), sino que es un cuentecito para chavales de entre ocho y doce años, diría yo. ¿Significa eso que solo lo pueden disfrutar los chiquillos, la basca, la muchachada, LOS LOZANOS MOZUELOS, en definitiva? En absoluto. Es el exponente perfecto de libro para todos los públicos, y tanto jóvenes como adultos pasarán un buen rato con el relato.

El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre cuenta la historia de un señor que, al ir a buscar leche para el desayuno de sus hijos, se ve envuelto en una serie de aventuras y desventuras que le zarandean de un lado a otro del continuo espacio-tiempo, acompañado por un estegosaurio que ha inventado una máquina del tiempo. Sí. Ese es el planteamiento, y es tan divertido como parece.

La edición que nos llega a España es una adaptación de la estadounidense, ilustrada por Skottie Young, conocido por sus adaptaciones de Oz para Marvel, y que dentro de nada sacará una serie de tebeos dedicada a Mapache Cohete (HOOKED ON A FEEELIIING!). La versión británica cuenta con dibujos de Chris Riddell, que ya ilustró una de las dos versiones de El libro del cementerio, también de Gaiman, que tenemos en España.

Personalmente, me alegro de que Roca Editorial haya apostado por la versión yanki, ya que el estilo alocado y desenfadado de Skottie Young se ajusta más al carácter de la historia que el dibujo de Riddell, más sobrio y contenido. Esta edición, además, cuenta con juegos tipográficos, con cambios de letra cuando los hijos del protagonista interrumpen el relato y énfasis en determinadas palabras. También hay que destacar la inserción de pequeños gags visuales (ay, ese libro de Bitelight…). Un gustazo visual, de verdad.


«—Yo creo que entre los fampirros tenía que haber algunos buenos —dijo mi hermana, en tono melancólico—. Fampirros buenos, guapos e incomprendidos. 
—Te aseguro que no -dijo mi padre».


La narración, como no podía ser de otra forma, es soberbia, y tiene esa mezcla de costumbrismo fantástico y humor cotidiano que caracteriza los relatos de Gaiman. La historia es como una montaña rusa en la que no dejan de pasar cosas constantemente, y cada situación es más disparatada que la anterior.

Sí, es un libro infantil, pero no cuesta nada dejarse llevar por la historia del padre anónimo y disfrutar como un chiquillo con lo que nos cuenta Gaiman sin necesidad de tener que recurrir a la (falsa) excusa de los fans de Hora de aventuras: «¡Es que en realidad es muy adulto!». No, no lo es. Y ni falta que le hace, la verdad. Es perfectamente disfrutable tal cual.


Y tiene diálogos como este. Yeah, Mr. White! Yeah, SCIENCE!


La edición española, en tapa dura con sobrecubierta, está muy cuidada, y tiene hasta impreso el hashtag para comentarlo en Twitter (#viajedemipadre), lo que me parece un acierto tremendo por parte de Roca Editorial. Los textos de las ilustraciones se han modificado para que estén en castellano (salvo un «milk» que se les ha colado en inglés), aunque se ha optado por no traducir la portada de la parodia de Crepúsculo, llamada Bitelight. Yo hubiera puesto algo así como Muerdúsculo o Crepurdisco, oigan, porque es un gag añadido al texto.

Hablando de la traducción, tengo tres quejillas al respecto. La primera es que, aunque es más que correcta, en ocasiones peca de demasiado literal y tenemos algún que otro «mi bolsillo» en vez de «el bolsillo», por ejemplo. También es quizá excesivamente formal y no capta tan bien ese tono de andar por caso de los diálogos entre el padre y sus hijos. Por ejemplo, en el extracto de los fampirros que he puesto antes, el original decía «There were none», que hubiera quedado más natural con un «Ya te digo yo que no», por ejemplo. Por último, me chirriaba mucho que pusiera «Stegosaurus» y «Tyrannosaurus» en vez de «estegosaurio» y «tiranosaurio», respectivamente. De todos modos, son detallitos que no empañan el conjunto de la buena labor de Mónica Faerna, traductora habitual de Gaiman en España.

«¿Y el título, eh? ¿Del título no vas a hablar, desgraciado?», oigo que me pregunta alguno. «¡El original es Fortunately, the Milk…, cabrón…!», grita, echando ya espumarajos por la boca. «¡TRADUCTORES, TRAIDORES…!». Ya, bueno, a ver. Ciertamente, el título original se podría traducir por Por suerte, la leche… (o, si leen el libro, verán que más bien sería Por suerte, tenía la leche…), pero el caso es que parece ser que les pareció malsonante. Yo creo que es cogérsela con papel de fumar, pero en fin… El caso es que los títulos de los libros y las películas no los escogemos los traductores (¡ya nos gustaría!), sino que suele ser cosa del departamento de marketing. Y eh, una cosa les voy a decir: el título español ME FLIPA. Me parece una maravilla, en serio. Tiene mucho gancho, llama la atención, y seguro que a los críos también les parece «radical», «demasié», «el despiporre» o lo que sea que dicen estos «tronquis» de hoy en día.


TITULACO.


El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre es el regalo perfecto para aficionar a la lectura a algún sobrinete que tengan por ahí. Divertido, con unas ilustraciones de aúpa, y se lee del tirón. Si son de esos que se avergüenzan de consumir productos destinados principalmente a un público infantil, siempre pueden hacer el viejo truco de decir «no, es para el hijo de un amigo» y quedárselo ustedes. O sencillamente pueden echarle un par y disfrutar sin reservas de este cuento tan recomendable como disfrutable por todos los públicos. 

Por suerte, este libro es la leche.