18 ene. 2014

Unos apuntes sobre Sherlock

«Now thou shalt not covet thy neighbor's house
Or covet thy neighbor's wife
But for some
Murder is the only door through which they enter life»



Una semana más, y tras haber visitado Soria (¡!) para dar una charla sobre traducción y cultura popular, vuelve RduTcB, un blog que ya no actualiza con tanta frecuencia como antes, pero que aun así… pues no sé, algo es algo.

El año nuevo no solo trajo comas etílicos, borrachos en mangas de camisa por las calles tambaleándose con la corbata anudada en la frente y penosos y alcoholizados intentos de practicar el viejo unodós con esa muchacha que conocieron en la discoteca, sino que también nos dejó un regalo en forma de tercera temporada de Sherlock, la versión actualizada del detective victoriano que Mark Gatiss y el responsable de esa bazofia mediocre que es Doctor Who, Steven Moffat, tuvieron a bien traernos hace unos años.


Empezamos bien.


Como ya sabrán, la peculiaridad de Sherlock es que apenas tiene tres capítulos por temporada… pero cada uno dura hora y media. Vamos, que en realidad estamos viendo trilogías cinematográficas, películas de noventa minutos que nos muestran los casos de esta moderna máquina de detectivear. Sigan leyendo para leer un análisis de los puntos que más me han llamado la atención de este tercer arco argumental. Ah, y habrá spoilers, claro. Elemental, mis queridos lectores.

- Internet, teorías y los fans: Si hay algo por lo que aplaudir a Mark Gatiss (además de por su impecable Mycroft), ese algo es, sin duda alguna, los varios sartenazos a los fans que propinó en The Empty Hearse, el capítulo inaugural de esta tercera ronda de casos.

Y es que en tan solo un capítulo, tuvimos a Watson espetándole un «¡Por última vez, no soy gay!» a la señora Hudson, una teoría loquísima sobre la (falsa) muerte de Sherlock que incluye una relación homoerótica entre el menor de los Holmes y Moriarty, y al presidente del club de fans del detective decepcionado por la resolución del enigma del resurgir de entre los muertos del sabueso británico.


Contras: posible homersexual.


Decía que hay que aplaudir a Gatiss por esto, y es que es algo poco común que una serie sea tan descaradamente consciente del revuelo que provoca en las redes, y más aún que lo explote no para ganarse el aplauso fácil, sino para burlarse del fan.

El yaoi de Sherlock, igual que el de Los Vengadores, inunda internet, y Gatiss retrata a la artífice de la teoría manflorita como a una górdimer fris. Bravo, Gatiss. QUE APRENDAN A JUGAR CON EL CANON. No hay que despreciar tampoco el hecho de que se cachondeen de las miles de teorías disparatadas que florecieron en la red contando tres versiones distintas… y el hecho de que Anderson se muestre decepcionado con la, por otra parte lógica, explicación de Sherlock. De hecho, aún hay quien dice que el detective miente al explicar cómo sobrevivió a la caída. Y digo yo, ¿qué necesidad hay de seguir mareando? ¿Por qué tiene que ser un método exageradamente complicado? ¿Por qué seguir exigiendo una explicación enrevesada? ¿Por qué? ¿EQUISCÚ?


«…y me salvé gracias al poder del amor. No, a ver. No, esto tiene que estar mal a la fuerza».



- La comedia y el costumbrismo: Muchas quejas se han oído al respecto del cambio de tono de esta tercera temporada. Que si la estructura era episódica (pues igual que en las otras dos temporadas, oiga), que si hemos visto a un Sherlock más humano (se llama «evolución del personaje», señora), que si se ha acentuado la comedia…

Pues sí. Es cierto. En esta tercera temporada ha habido más comedia que en las dos anteriores. Y muy bien que me parece. ¿Por qué? Porque no era forzada. Porque un poco de humor no le hace daño a nadie. Porque los personajes se prestan a ello. Porque en ningún momento ha interferido con la trama. Porque nos ha servido para ver escenas como la de Sherlock borracho teniendo «deducciones» tan chapuceras como «deaded????» o «sitty thing». Porque el Sherlock cuñao en la boda, tan fuera de su elemento, es impagable.


«¡Y entonces le dije: “¡El emmental, querido Watson!”. ¡JAJAJAJA! ¿Lo pilláis? ¡EL EMMENTAL! ¡JAJAJAJAJAJAJAA!»


Una cosa es que Sherlock hubiera pasado a convertirse de la noche a la mañana en El orgullo del tercer mundo, con Sherlockito y Watsuelón contando chistes de patos y demás, pero lo único que se ha hecho es acentuar un toque humorístico que ya estaba ahí en las dos temporadas pasadas… así que no me sean SIESOS.

Bravo también por esa escena navideña en casa de los padres de Sherlock, interpretados por los verdaderos padres de Benedict Cumberbatch, ambos actores veteranos, que nos da un pequeño vistazo de cómo es la vida familiar de los hermanos Holmes («It’s-a me, Myyyycroft!») y arroja algo de luz sobre el aprecio que se oculta bajo varias capas de frialdad. Y es que, por mucho que los productores españoles no lo comprendan, el costumbrismo no implica necesariamente tener críos y chachas andaluzas con arte, salero y tacatá.


- Charles Augustus Magnussen: El gran acierto de esta tercera ronda de crímenes ha sido el villano. Perdón, El Villano. Charles Augustus Magnussen, una versión actualizada del Charles Augustus Milverton de Conan Doyle, aquí reinventado como un magnate de los medios de comunicación (con un toque de Rupert Murdoch) que utiliza sus conocimientos y posición para chantajear a sus víctimas.


No hay cojones a ponerle un pie de foto gracioso.


Magnussen, seamos claros, es un villano infinitamente superior al Moriarty que hemos tenido hasta ahora. Le da diez mil patadas golpecitos en la cara, de hecho. Es frío, calculador y con habilidades deductivas que rivalizan con las del propio Sherlock. Qué narices, Magnussen es más Moriarty que el propio Moriarty. No solo se parece razonablemente a la ilustración original del villano, sino que hasta lo llaman «el Napoleón del chantaje». ¿Recuerdan el telegrama de The Sign of Three que proviene de un tal «CAM» dirigido a Mary? Charles. Augustus. Magnussen.

Magnussen es un tipo que se sabe (casi) intocable, dado que ni siquiera el MI6, o lo que es lo mismo, Mycroft, le molesta. Por ello, no tiene inconveniente en lamer a una dama adinerada, mearse en la chimenea de Sherlock o humillar repetidamente a Watson. Lars Mikkelsen (no Mads, sino EL HEDMANO) tiene una presencia, una impasibilidad y un sutil descaro que le viene como anillo al dedo al antagonista final.


«Y aquí es donde guardo mis ejemplares del Pronto».


Vale, ciertamente Magnussen tiene un defectillo de nada: no tiene copia física de sus informaciones. ¿O acaso no es un defecto? Se puede entender la lógica tras ese modus operandi: al no tener copia, nadie puede robarle los datos. Al no poder robarle los datos, nadie puede incriminarle por espionaje ni saber lo que él sabe. Claro, que luego te pegan un tiro en la cabeza y ya tal, PERO.


- Moriarty: No. Moriarty otra vez NO. Para empezar, en las novelas no era tan importante (salía en dos historias y se le mencionaba de pasada en unas pocas), pero es que además este Moriarty es insufrible.

El Moriarty de Sherlock es una locaza histriónica, un caricato con problemas de contención que no para de gritar, hacer caras y modular la voz como si fuera medio subnormal. Sinceramente, espero que al final todo sea un plan postmortem, porque iba a ser gracioso que se encontraran Sherlock y Moriarty de nuevo:

—Entonces… ¿tú tampoco te mataste?
—No, qué va. Jeje, qué cosas.
—Jajaja, si es que vaya par de patas pa’ un banco…


No.


Me gustaba que Sherlock no le hubiera dado más importancia a Moriarty de la necesaria. A fin de cuentas, ya dio guerra durante dos temporadas, no hacía falta más. Me gustaba la idea de cambiar de villano a cada temporada. Me gustaba la línea marcada por Magnussen. Más cerebral, más elegante, menos histriónica. Pero no. Vuelve Moriarty. El único elemento de la serie que nunca me gustó. Y con él, vuelven las locas del coño de Tumblr. Se acerca el viento del este.


- Los spoilers, los gilipollas y las locas del coño: Y hablando de Mariconarty, ¿a que no adivinan quién se tragó de refilón la vuelta del mierdas ese? Exacto, servidor. Vamos, servidor y miles de personas que no lo estuvieran siguiendo en directo, porque hubo muchísima gente que se dedicó a tuitear todo lo que pasaba. No solo a tuitear, sino incluso a cambiarse los avatares por la foto de Moriarty y ponerse como nick #MoriartyLives

Está claro que no hay que pretender que el mundo se espere a que nosotros veamos algo para que empiecen a hablar con libertad de ello, pero joder, POR LO MENOS DEJAD QUE PASEN UNOS DÍAS. No digo que no hablen de lo que pasó en la primera temporada, pero coño, que acababa de salir. Hay que ser muy hijo de puta. ¡Si hasta la BBC avisó de qué hashtag iban a usar para tuitear el capítulo para que así la gente pudiera filtrarlo en Twitter! Pero no, claro. Los fans tenían que tuitearlo en directo y spoilear a medio internet. Gracias.


Cogía a esos hideputas y les daba golpecitos en los hocicos durante horas.


Ah, y no olvidemos a las locas que ya han vuelto a las andadas con la supuesta relación homosexual entre Sherlock y Watson. No importa que el buen doctor se haya casado con Mary Morstan (o A.G.R.A.), una trama que, por cierto, ha estado muy bien llevada, y no solo no ha perjudicado a la serie sino que incluso la ha enriquecido. Sí, es cierto que ha quedado algún que otro cabo suelto, pero no me cabe duda de que será algo que se explore en la cuarta temporada.

Decía, en fin, que no importa que se haya dejado claro varias veces que Watson es heterosexual y que a Sherlock no le interesan en lo más mínimo las mujeres (salvo quizá Irene Adler), porque las loquicoñísticas fans no cesarán en su empeño de convertir cualquier mirada en un gesto «inequívoco» de amor.


¡Están uno al lado del otro! ¡Seguro que se traen algo entre manos!


Siempre lo digo: si quieres hacer fanfics sobre personajes homosexuales, hazlos con personajes homosexuales. Si quieres hacerlos de personajes heterosexuales, hazlos con personajes heterosexuales. Lo que no se puede hacer es ir cambiando la orientación sexual y la personalidad de unos personajes establecidos para que se ajusten a tus historias. Los personajes no son de los fans. Los personajes son, como en ASDFG, de los autores. El público solo tiene un papel pasivo, el de espectador. Se le permite asistir a sus aventuras y desventuras y ver lo que les pasa, pero ya está.  

«¡Pero Sherlock modifica al Holmes de Conan Doyle!», dirá alguno. Y yo le diré que no es lo mismo. Sherlock supone una reinvención del personaje. Los fanfics y fanarts están basados directamente en la serie. Están cogiendo justo a esos personajes y los están poniendo en situaciones que están totalmente fuera del canon. Y eso no, ¿eh? Eso no.


ESO NO.


En resumen, que Sherlock BIEN. Para luego me vengan con chorradas de que a mí no me gusta nada, y que soy un hater, y que blablablablá, que son ustedes unos lloricas, cagüenblás. Les pillo por la calle y les reviento. ¿Me oyen? ¡¡LES REVIENTO…!! ¡¡DESGRACIADOS…!! ¡¡CABRONES…!!