28 dic. 2013

«Derek»: sentimentalismo barato. ¡ZÍ, ZENTIMENTALIZMO BADATO!

«Shriek to speak, and reach for the speech
Reach for the speech to be heard
But you grow old and you grow cold»
Water’s Edge, Nick Cave & the Bad Seeds


Una semana más, y tras haberle arrancado la cabeza de cuajo a un gordinflas que intentó colarse en mi casa el martes pasado por la noche, vuelve RduTcB, un blog tan navideño como un puñetazo en los dientes.

No creo que a nadie le haga falta que le explique quién es Ricky Gervais. Cómico británico, humanista y ateo convencido, combatiente contra los límites del humor, presentador de una de las galas más animadas de los Globos de Oro y, por supuesto, cocreador de series como The Office o Extras. Si bien el bufón inglés siempre ha sido famoso por su afilada lengua y sus polémicos gags, de un tiempo a esta parte ha dado un giro hacia… la bondad. Sí, sí. Se ha vuelto un tipo muy afable que reivindica la importancia de ser amables con todo el mundo, lo cual no deja de chocar a los que conocemos su trayectoria pasada, pero en fin… ¿Será una crisis de la edad? 

En cualquier caso, con su última serie, Derek, intenta embutirnos a la fuerza que kindness is magic. Vamos, que la bondad es mágica. El problema es que el mensaje es tan sutil como una película de Michael Bay con guion de los hermanos Nolan, y lo que podría ser una ocasión para concienciar a los espectadores acaba provocando ataques de diabetes que ni los causados por El diario de Noa.


«Puto hater».


La serie gira en torno a un asilo de ancianos, donde trabajan Hannah (Kerry Godliman), Dougie (un Karl Pilkington que se luce en escenas como esta) y Derek, interpretado por el propio Gervais. El grupo protagonista lo completa Kev, un personaje asqueroso encarnado por David Earl del que hablaremos más adelante, porque TELITA. 

En los seis capítulos que dura la primera temporada nos encontramos con situaciones cotidianas de la residencia. Desde los hijos egoístas que aparcan sin más a su madre hasta un día de excursión a la playa, pasando por los «voluntarios obligados» que han de cumplir sus horas de servicio comunitario echando una mano en el cuidado de los afables ancianetes.

La serie tiene dos problemas principales: la falta de sutileza y la repetición. No es posible que en una temporada de seis episodios tengamos dos capítulos dedicados a ver cómo los chavales del servicio comunitario acaban abandonando sus reticencias y pasan a valorar a la tercera edad. Tampoco puede ser que se repita el golpe de efecto del piloto (la muerte de una residente) en el último episodio. Joder, son seis episodios, no veintisiete.

Pero peor aún resulta la falta de delicadeza con la que Gervais quiere demostrarnos que Derek, pese a sus limitaciones intelectuales (el cómico inglés afirma que el personaje no tiene retraso mental, PERO), es una bellísima persona. No basta con enseñarnos cómo se desvive por lo demás. No basta con que, gracias al formato de falso documental, el propio Derek diga A CÁMARA que no quiere nada para él, sino que para él es suficiente con que los demás sean felices «porque eso me hace feliz». No, no basta con todo eso. Además, hay que poner EN CADA CAPÍTULO entrevistas con varios de los personajes en las que digan EXPLÍCITAMENTE «Derek es muy buena persona», «Derek es la mejor persona de todos los que somos aquí» o «Puede que no sea muy listo, pero Derek es todo bondad». Joder, ya lo sé. LO ESTOY VIENDO, RICKY GERVAIS, DEJA DE HACER CASO A LOS CONSEJOS DE NOLAN.


Sonríe mucho porque es muy buena persona.


Quizá para compensar la bondad de Derek, Gervais decidió incorporar a Kev a partir del segundo capítulo. Kev es un patán sin oficio ni beneficio cuya única aportación a las tramas es dar asco y hacer referencias sexuales cada veinte segundos. Jajá. Sí, en un capítulo llega a confesar que es «un fracasado», lo que hace pensar que quizá el personaje pueda tener cierta profundidad… pero luego no se nos muestra ningún cambio en su comportamiento. No hay una evolución. Es un personaje de relleno que solo aporta asco al conjunto.

Lo curioso es que este personaje no estaba en el piloto, que dicho sea de paso, es muy superior al resto de la serie. Kev es una muestra del «otro» humor británico, ese del que se habla poco, pero que está ahí. Ese humor a lo Ali G anda suelto, ese humor de lo sexual, lo zafio y lo escatológico del que ninguna obra de Gervais está exenta… por desgracia, porque si en Extras o The Office ya suponía un bajón del nivel de la comedia, en Derek directamente rompe con el ambiente entrañable y buenrollista que intenta transmitirnos. 


*Inserte referencia sexual*


Es una pena que Derek resulte ser un producto fallido, porque el piloto prometía bastante. El primer episodio tiene algo de lo que carece el resto de la serie: un equilibrio prodigioso entre la comedia, el drama y la ternura, aparte de una total ausencia de Kev. Todo parecía apuntar a que este iba a ser un salto para Ricky Gervais, una obra que podría congraciarle con el sector más conservador del público (el trato que se da a Derek no es vejatorio en ningún momento), pero lo cierto es que los cinco episodios restantes son un pollo sin cabeza que solo sirven para rellenar metraje hasta llegar al último capítulo de la temporada, un refrito poco acertado del piloto. El formato falso documental ya empieza a oler, y parece más una excusa para que los personajes puedan expresar directamente lo que piensan que otra cosa.

En fin, hace unas semanas se empezó a rodar la segunda temporada. Si Gervais aprende de sus errores y vuelve al espíritu del piloto, puede que tengamos algo digno entre manos, una serie que retrata una realidad incómoda: los asilos de ancianos y cómo se le da la espalda a la tercera edad. Sin embargo, si sigue por el mismo camino, solo puedo decirles esto: ¡NNNNNO! ¡NO VEAN DEDEK! ¡NO MEDEZE LA PENA! ¡COMO MUCHIO VEAN EL PILOTO Y YA EZTÁ!



«Fucks given about this review: none, you cunt».