31 may. 2013

Lecturas boinudas: mayo de 2013



Una semana más, y tras haber desactivado una bomba con la única ayuda de un lápiz sin punta y unos cordones viejos, vuelve RduTcB, el blog favorito de la gente con criterio. En si el criterio es bueno o malo, ya no me meto.

Como ya sabrán los que me sigan en Twitter, llevo un mes fino finolis con mi trabajo de fin de carrera. Eso, sumado a que este mes no he tenido que ir tanto a la universidad por los exámenes, desemboca en unas lecturas boinudas más cortas que otros meses. ¡Solo cuatro volúmenes! Pero de altísima calidad, ¿eh? Poca broma con lo que les traigo este mes: dementes detectives, afables asesinos, armaduras automatizadas, mujeriegos masturbatorios y zombis zalameros.


- El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza: Es esta una novela de misterio con muchas dosis de humor que me había recomendado mi madre en incontables ocasiones hasta que, ante la amenaza de dejarme sin croquetas, decidí leer. E hice BIEN.

El protagonista del libro es un criminal semidemente que llega a un acuerdo con el comisario Flores: si ayuda a encontrar a una mozuela desaparecida, se ganará su libertad. En ocasiones, el desagradable y hediondo personaje principal puede recordar a Ignatius J. Reilly… algo curioso, ya que El misterio de la cripta embrujada se publicó dos años antes que La conjura de los necios, novelón que, como ya sabrán, se escribió a principios de los 60 y se publicó de forma póstuma. Vamos, que no pasa como con la basuraza de 200 locuras para que te quedes conmigo.




El misterio de la cripta embrujada está escrito de modo muy redicho, con diálogos y narración en primera persona extremadamente floridos. Y ojo, que no es solo que el protagonista hable cual pomposo crítico à la Adrián Massanet, sino que todos los personajes, sin excepción, se expresan como si se hubieran tragado un diccionario de sinónimos. Para mí, esto añade hilaridad a la obra, pero me consta que hay gente que no ha podido acabar la novela por esta misma causa. Ya saben, sin llegar al «es k nano el pabo ste abla to raro i no sentiende nada mira mejor mespero a k agan la pelikula i si no la azen es pork el livro es una mierda :@@», pero casi casi.

Si quieren pasar un buen rato con una novelita que se lee prácticamente del tirón, lean El misterio de la cripta embrujada. Eso sí, ya les aviso que la resolución del misterio es, precisamente, el punto más flojo del libro. Pero en fin, de que lleguen ahí, ya habrán reído bastante por el camino, y no les importará demasiado.


- From Hell, de Alan Moore y Eddie Campbell: Lo cogí de la biblioteca el catorce de abril y me lo acabé leyendo pocos días días antes de que se acabase el plazo para devolverlo, tras haber renovado el préstamo hasta mediados de mayo. Y si decidí leerlo en primer lugar fue porque este año acabo la carrera y tal vez fuera mi última oportunidad de leerlo sin tener que aflojar veintipico euros. Imaginen cómo está el percal.

Como ya sabrán, From Hell es una novela gráfica / cómic gordote de tapa dura basado en el caso de Jack el destripador. Moore hizo una extensa labor de documentación y basa su historia en una teoría (ya desacreditada) que sostiene que el asesino era William Gull, un médico al que la reina Victoria le ordena el asesinato de varias prostitutas para que no revelen que el príncipe Alberto Víctor ha tenido una hija bastarda.




No les mentiré: estuve a punto de abandonar From Hell en varias ocasiones. Especialmente en el capítulo dedicado a hacer una ruta turística por Londres, que parece orientado casi en exclusiva a que veamos lo bien que se ha documentado Alan Moore, una forma de presumir y de decirle al lector «eh, chato, atiende, que esto está ESTUDIAO». Esto ejemplifica perfectamente el mayor problema del cómic: su exceso de datos, esa manera de dejar caer hechos de muy poca relevancia, pero que Moore conoce y quiere que sepamos que conoce. Ya saben, como el clásico examen de desarrollo en el que no te preguntan lo que mejor te sabes y lo cuelas como puedes en otra pregunta. O como el primer párrafo de las críticas de Jordi Costa.


¡Mmm… qué bien dibujar!


Una vez superados los primeros capítulos, eso sí, From Hell da un salto cualitativo sustancial, y el lector (si tiene suerte) llega a encontrarle cierto interés a la trama policiaca de la novela, se fascina y asquea con los crímenes de Gull, desea fervientemente que el dibujo fuera menos feísta y murmura un «pero qué puñetas…» con los insertos místicos de Moore.

Y es que ojito con Moore, que se casca visiones proféticas del siglo XX y hace que Gull se encuentre con un tipo de la década de los 60 a través de una ventana. ¿Por qué? Ah, porque hubo un señor que dijo que a través de su ventana había visto en ocasiones a un tipo con ropas decimonónicas, y el viejo Alan se dijo «qué narices, lo voy a meter aquí, aunque sea con calzador, porque me gusta la anécdota». Con dos cojones, Alan Moore, sí señor. Da igual que perjudique a la historia, tú mételo ahí y justifícalo en las anotaciones del final del tomo. Eres Alan Moore, hiciste Watchmen y V de vendetta, eso te da carta blanca, ¿no? 

Con una extensión menor, sin tanto relleno (fácilmente podría tener cien páginas menos), sin tantas ínfulas y ganas de demostrar lo listo que es por parte del autor, y con un dibujo más cuidado, From Hell podría haber sido de altísima calidad. Pero no lo es. Con todo, vale la pena que le echen un vistazo, no vaya a ser que Moore les lance un hechizo de los suyos. O que haga otro From Hell, que es peor.


- Iron Man: Extremis – El montaje del director, de Warren Ellis y Adi Granov: Vaya por delante que me fascina la idea de aplicarle el concepto de «montaje del director» a un cómic. Yo, iluso de mí, pensaba que tal vez tendría páginas extra ampliando la trama, que Ellis y Granov se habían reunido para dar unas pinceladas extras a este nuevo punto de partida para el Vengador Dorado.

Pero no.

Lo que sí han hecho es añadir unas páginas de material extra, con bocetos y entrevistas a Adi Granov. No seré yo el que dude del interés de estos añadidos, cuya lectura de hecho recomiendo, pero a mí que me expliquen los jefazos de Panini en qué se parece esto a un montaje del director.





Dicho esto, Extremis supone un punto y aparte para Iron Man, que tiene que actualizarse (nunca mejor dicho) para luchar contra un nuevo enemigo, un tipo al que el virus Extremis le ha otorgado supervelocidad, superfuerza, superresistencia y más supercosas, entre ellas la capacidad de escupir fuego. Efectivamente, amigos: Iron Man 3 (de la que hablé aquí) bebe de este arco argumental. No solo eso, sino que Adi Granov ayudó a diseñar la armadura del Stark cinematográfico, y es el responsable de la ya icónica imagen del Hombre de Hierro golpeando el suelo.

El dibujo realista de Granov le da una nueva dimensión al personaje, y especialmente a la armadura, rediseñada para parecer más funcional y realista, con engranajes, pernos y juntas que hacen que uno realmente se crea que cada componente tiene una función. El dibujo del primer episodio, dibujado con el ordenador, es excesivamente detallista y roza el feísmo, pero a partir del segundo capítulo, el dibujante bosnio volvió al papel, con un resultado muy superior.


«¡Cuidao, hombre, que arreglarlo sale por un pico!»


Eso sí, Mallen, el villano, peca de unidimensional, y parece más una excusa para justificar la necesidad de una nueva armadura que otra cosa. Hay una página en la que se muestra como un fanático religioso y racista, pero resulta tan gratuita que casi da hasta risa. Es quizá el punto más débil de un arco argumental de lo más interesante, y que tuvo ramificaciones muy importantes para el Hombre de Hierro.

Extremis es perfecto para todo aquel que se quiera iniciar en las aventuras del genio millonario playboy filántropo, ya que no solo supone un nuevo comienzo para el personaje, sino que además actualiza el origen del superhéroe. Ah, y para los puristas lloricas que echaron espumarajos por la boca con Iron Man 3: aquí no lleva la placa pectoral, y tan ricamente.


- The Death of Bunny Munro, de Nick Cave: Como ya sabrán, para un servidor Tom Waits es Dios y Nick Cave es su profeta. Por eso, tenía ganas de poner las zarpas sobre una de las dos novelas que tiene en su haber.

La muerte de Bunny Munro cuenta la historia del protagonista epónimo, un vendedor a domicilio cuyas constantes infidelidades llevan a su mujer al suicidio. Bunny ha de ocuparse de su hijo, Bunny Jr., a quien decide llevarse con él mientras trabaja, convencido de que la muerte le espera.




Bunny Munro (al que debería interpretar Joaquin Phoenix sí o sí) es un tipo mujeriego, alcohólico, fumador empedernido, onanista compulsivo, e irredimible. Está más cerca de Grinderman que de los Bad Seeds, para entendernos. Es un protagonista asqueroso y lamentable, sin ninguna cualidad positiva que le salve. Es un hombre que tiene a su hijo, que padece blefaritis, al borde de la ceguera durante toda la novela. Un hombre que, poco después de haber empujado a su mujer al suicidio por sus infidelidades, sigue manteniendo ayuntamiento carnal, practicando el fornicio, haciendo el viejo unodós unodós, vamos, follando, como si no hubiera un mañana.

La prosa de Cave es tan agresiva como sus movimientos sobre el escenario. La narración, no exenta de humor, fluye ágil y rápida, y nos deja perlas como la propia muerte de Bunny Munro (no es spoiler, EL LIBRO SE LLAMA ASÍ), que es absurdamente épica y electrizante, o el fragmento siguiente:

«Bunny realises that something has changed in his wife's voice, the soft cellos have gone and a high rasping violin has been added, played by an escaped ape or something».

El libro, se divide en tres grandes arcos: Cocksman (que se podría traducir por el castizo «FOLLARÍN»), Salesman y Deadman. En cada uno de ellos hay símbolos del funesto destino de Bunny Munro: apariciones silenciosas de su mujer muerta, un maníaco que recorre el país, acercándose cada vez más a la residencia de Munro y que causa una sensación de amenaza constante; y un camionero con DUDMAN (la sutileza, ¿eh?) tatuado en el brazo.


¿PETARLO leyendo? Nick Cave PUEDE.


Servidor leyó la novela en inglés, y por lo que he podido leer de la versión en español (con El origen del mundo de Courbet en la portada), la traducción no le hace justicia ni remotamente. Sin embargo, si no tienen un nivel medio-alto de inglés, es probable que se pierdan en la lectura, así que, como más vale regular que nada, les recomiendo encarecidamente que se sumerjan en La muerte de Bunny Munro. Yo digo SÍ, joder.


- The Walking Dead (números 1 al 12), de Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard: Ya llevaba tiempo con ganas de echarle un ojo a esta saga. Pero no arrancarme un ojo y echárselo, ¿eh? ¡Que yo no soy un zombi, cracks! ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJ

(Interrumpimos la emisión para darle sus pastillas anticuñaísmo al autor)

Ay, qué bien me he quedado. Al contrario que la serie, los cómics de The Walking Dead no son un soberano tostón, sino que, pese al tono pausado de las historias, el ritmo es endiablado. Pese a que no pasa mucho, siempre están pasando cosas. ¿Me explico? No, ¿verdad? Bueno, pues lean algún número y me comprenderán.


Como GLaDOS.


Tras haber leído los primeros doce números de la serie, puedo comprender las quejas, las amenazas de bomba y los ataques suicidas de los fans ante el destrozo que han hecho en la serie. Y es que, si bien no pasa nada por cambiar cosas, en este caso en concreto todo ha sido para peor. ¿Se acuerdan? ¿De lo de la granja en la segunda temporada? Que por culpa de unas tramas alargadas… TODA ESA MIERDA. Bien, pues en el cómic, ese episodio dura tres números. Y YA.

No todo es bueno, claro: a veces hay una saturación de personajes y algunos mueren sin que el lector llegue a enterarse muy bien de quiénes eran o cómo se llamaban, y son más redshirts que otra cosa. Pero en conjunto, es una buena lectura que deja con ganas de más cada vez que se acaba un número. Que no es poco. Como dice el bueno de Joe «el descerebrado», el más sesudo crítico zombi: «GHNNNNN GAK HHHHNG». Qué razón tienes, Joe. Qué razón tienes.


Y hasta aquí las lecturas boinudas de mayo. Ahora mismo estoy enfrascado en Choque de reyes, la segunda parte de Canción de hielo y fuego, de cuya primera parte, Juego de tronos, hablé hace unos meses. Si les place, pueden agregarme en Goodreads.

Ah, mañana mismo parto en tren hacia tierras madrileñas, que empiezo mis prácticas en el estudio donde se dobla, entre otras cosas, Breaking Bad, Los Simpson, Futurama y Juego de tronos. ¿Qué significa esto? Que es posible que las próximas entradas sean más chulapas y contengan laísmos, claro.

Nos leemos.