4 may. 2013

Lecturas boinudas: abril de 2013





Una semana más, y aún con resaca postironman3, vuelve RduTcB, el blog más amable y embustero de internet.

Como cada mes… bueno, como cada mes desde febrero, les traigo las lecturas boinudas, breves reseñas de lo que he leído este mes, lo que vale la pena y lo que no. Y si bien es cierto que suelo tener bastante suerte con las lecturas que escojo, este mes ha habido un par de patinazos importantes.

- La casa encantada, de Charles Dickens et al.: Con ese título, uno se espera una colección de relatos de terror victorianos, ¿verdad? ¿VERDAD? Pues no. Sí es cierto que hay fantasmas, pero cada uno relata una historia que poco o nada tiene que ver con la ultratumba.

Esto no es malo per se, pero el problema reside en que los relatos, con la única excepción del que abre el volumen, son bastante flojos, rozando descaradamente LO MALO. Una pena.

- 200 locuras para que te quedes conmigo, de Martín Piñol: Con este título, que poco o nada tiene que ver con la novela, se presenta la primera novela del cómico y guionista.

La novela cuenta la historia de… ejem… Martín Piñol (sí, amigos, los tiene CUADRAOS), un clon nada disimulado de Ignatius J. Reilly, el genial protagonista de La conjura de los necios, obra maestra que el autor reconoce haber leído varias veces.


Me gustaría poder decir que lo peor del libro es la portada, pero no.


Partiendo de lo perezoso que es utilizar un personaje ya existente, cambiarle poco más que el nombre e ir tirando, poco más se podía esperar de la novela que un entretenimiento para pasar el rato y ya… pero es que ni eso.

Un error frecuente de las novelas humorísticas es querer que haya un mínimo de dos chistes por página, aunque haya que forzarlos en lugar de dejar que fluyan a partir de las situaciones. 200 locuras para que te quedes conmigo no es una excepción, y está repleto de diálogos supuestamente «ingeniosos» entre Martín y Alicia, partenaire del protagonista con una personalidad que cambia según le convenga al autor.

Si no han leído La conjura de los necios, harán bien en leerlo en lugar de perder el tiempo con este burdo exploitation. Si ya han leído el clásico moderno de Kennedy Toole, reléanlo en lugar de leer esto. Por otro lado, imagino que si se contentan con poco o son fans de Piñol, podrán disfrutar con este libro. Yo, desde luego, no pude.

- ¡Zas!, de Terry Pratchett: Leer algo del Hombre del Sombrero tras llevar tiempo alejado de él es como reencontrarse con un viejo amigo: enseguida recuerdas por qué os llevabais tan bien, y te preguntas por qué dejasteis de veros.

En esta nueva entrega de la saga de la Guardia, los bronceados de Ankh-Morpork han de investigar el asesinato de un integrista enano a manos de un troll… ¿o no ha sido uno de esos rocosos mangurrianes?

Pratchett, como acostumbra, trata temas del mundo real bajo un disfraz de fantasía. En este caso, le toca a las antiguas rivalidades y a los «enemigos jurados». No solo es una novela de misterio muy divertida, sino que hay más de una lección que extraer. Muy recomendable, como (casi) todo lo del Maestro.


Al que añada «en toda la boca» le salto las muelas de un puñetazo.


Por último, quisiera comentar la traducción del título original, Thud!: si se supone que es el ruido que hace un garrote troll al impactar sobre una cabeza enana, ¿no debería haber sido ¡Toc! o ¡Pum! o algún ruido sordo similar? Vamos, digo yo.

- Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, de Philip K. Dick: Vaya por delante que esta novela tiene el mejor título de la historia. Dicho esto, la obra nos cuenta la historia de Jason Taverner, una estrella de la música y la televisión que, tras ser atacado por una ex, se despierta sin sus tarjetas de identificación y sin que nadie le reconozca.

Los aficionados a K. Dick ya sabrán que encontrarse: paranoia, burocracia, ingeniería genética, drogas… El autor consigue, una vez más, crear un clima asfixiante y una distopía a las que nos tiene (o «tenía») acostumbrados.

El único problema de Fluyan mis lágrimas, dijo el policía es su final. Tras tenernos durante gran parte de la novela con un Taverner a la fuga sin saber qué ha pasado con su fama, K. Dick nos lo explica. Y el motivo es bastante insatisfactorio, por no mencionar que cojea un poco. Un poco bastante. Por lo demás, una buena novela.

- Masacre: tú puedes ser el héroe, de Joe Kelly y Ed McGuinness: En la UJI, cada alumno tiene derecho a pedir que traigan dos libros para conmemorar el 23 de abril. Este año, servidor encargó Iron Man: Extremis – el montaje del director (signifique lo que signifique eso) y este tomo del mercenario bocazas. Sí, amigos, ese es mi regalo a los futuros estudiantes: CÓMICS DE CALIDAD. Si no los pido yo, ¿quién lo hará?


«¿Es aquí donde toca mi pie de foto?»


El tomo recopila los primeros once números de la primera serie regular de Masacre (no, no es «Deadpool»: es Masacre en España, hostias) y un especial en el que el Degenerado Regenerado viaja en el tiempo hasta los años 60 y se hace pasar por Peter Parker.

Las historias de Masacre nunca han pretendido más que entretener, y desde luego que lo consiguen. Las constantes referencias culturales, la ruptura de la cuarta pared, los chistes subidos de tono, la propia autoparodia marvelita… un gustazo, especialmente ese viaje temporal que cierra el tomo. Léanselo si tienen ocasión. Y si son estudiantes de la UJI, DENME LAS GRACIAS.

- Batman Inc., de Grant Morrison et al.: Yo intento que me gusten los cómics de Batman. De verdad. Pero es que no hay manera. Son demasiado RIDÍCULOS. Que sí, que el cruzado de la capa tiene villanos con más carisma que años, como el Joker, Harvey Dent, el Pingüino, Clayface o… euh… ese… ese otro… ese que es malo…

El caso es que Batman Inc. es un cómic incoherente, absurdo y cutre. Morrison se propone recuperar a personajes de todas las etapas de Batman, independientemente de que sea buena idea o no. Así, tenemos al equivalente mexicano no sindicado de Batman, a la Batwoman original, a un malvado villano paralítico con máscara de luchador llamado «Sombrero» cuyo emblema es una calavera con un SOMBRERAZO de mariachi…


Ah, y un pulpo gigante encerrado en un apartamento. BECAUSE FUCK YOU, THAT’S WHY.


Pero lo peor no es lo camp del volumen… o al menos no lo sería si los FANPESAOS de Batman no quisieran vendérnoslo como un superhéroe serio, atormentado y demás zarandajas. No, lo peor es que varios de los conflictos se solucionan por elipsis. «Oh, nuestros héroes están rodeados… ¿cómo saldrán de esta?», y PUM, a la siguiente página, todo se ha resuelto. Que se use una vez tiene un pase como broma, pero que se use con tanta frecuencia… Váyase a la mierda, señor Morrison.

Léanselo si les sobra el tiempo o si son unos putos dementes.

- Dinero a mansalva, de Terry Pratchett: Húmedo von Mustachen, antiguo timador reconvertido en director de Correos, se encuentra con el cargo perfecto para cualquier granuja que se aproveche de la ingenuidad de los demás: director del Banco de Ankh-Morpork.

Pratchett se marca aquí una sátira del mundo de las finanzas, se burla del valor que le damos a trozos de metal y cachos de papel, dice que la banca es «el juego más antiguo del mundo, y se llama “A Ver Hasta Dónde Cuela”» e incluso menciona a una subespecie de cuñao con esta frase:

«—Mantiene a raya a los bancos —añadió el señor Palonristre, con ese tono de contundente certidumbre que es santo y seña del más entendido de los seres, el hombre del bar»

Una novela que está de plena actualidad y que les permitirá reflexionar sobre el dinero mientras se echan unas risas. Que falta nos hacen.


Un traje así inspira CONFIANZA. Imagínense a Emilio Botín embutido en él.



Y hasta aquí las lecturas boinudas de este mes. Ahora mismo ando enfrascado en El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza, y tengo algo abandonado From Hell, de Alan Moore. Ya les contaré. Y ustedes mientras pueden leer mi crítica de Bits, lo nuevo de Tricicle, y la de Una más y nos vamos, con José Luis Gil y Don Mauro.

Lean mucho, majetes, y si gustan, pueden agregarme en Goodreads. Y si no gustan, también pueden. Otra cosa es que no lo hagan. Hay que pensar. Que no les líen.