11 may. 2013

Las becas no son para los babiecas


«Money, it's a gas
Grab that cash with both hands
And make a stash»
Money, Pink Floyd


Una semana más, y en pleno estado de colapso por culpa de mi trabajo de fin de carrera, vuelve RduTcB, un blog en el que no tiene cabida esa mierda de la escatología. ¿Se acuerdan? Que por unos chistes soeces… TODA ESA MIERDA.

Este martes me di cuenta, de repente, de que estoy a punto de acabar la carrera. Esto significa dos cosas: la primera, que tengo que buscarme una nueva excusa para postergar mi madurez, y la segunda, que he desbloqueado el logro de cursar todo el grado sin haberme llevado ni una beca. ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Viva el Bóinez, manque pierda! ¡Bravo! ¿O no?

Pues de hecho, no. Pertenezco a ese grupo que tiene el suficiente dinero como para subsistir de forma digna, pero no tanto como para no acusar el coste de unos estudios. Vamos, que cada denegación de beca ha sido una jodienda. La venta de chapas y las clases particulares reducen el dolor pecuniario que los gastos de la carrera infligen a mis moribundos bolsillos, pero no bastan.

De todos modos, tampoco quiero parecer un quejica, ¿eh? Los requisitos económicos de las becas son los que son, y en algún sitio hay que marcar el umbral. Yo eso lo entiendo, no hace falta que venga Nolan a explicármelo (¡sí, la referencia gratuita al director, amigos!) como si fuera un daunillúnior. Y de verdad les digo que yo acataría las resoluciones de las becas de muy buen grado si supiese que todo el dinero se destina a gente que lo necesita más que yo. 

Pero no es el caso.

Y es que todos conocemos casos de gente que recibe beca sin merecerla. Gente que se empadrona en casa de su abuela, gente que empadrona parientes en su domicilio, gente que declara menos ingresos de los que obtiene, gente que, con el pretexto de ser rutilófilo (y no sin cierta razón) marca la casilla de «33% de discapacidad» en la solicitud de beca… gente, en resumen, que consigue que el poderoso caballero se aloje en su casa mediante el uso de ardides. Y si bien algunos de estos «lo necesitan», otros podrían prescindir perfectamente del dinero de la beca, que luego dilapidan en caprichos.


«¡Eh, Peggy Sue, mira que m’he comprau con el dinero de la beca!»


Yo conozco casos de primera mano. Gente que, con el dinerito de la beca que consiguió gracias a que su papi declara menos dinero del que se lleva, se compra, «con lo que me ha sobrado», un MacBook. Ya saben, esos portátiles tan baratos y que cualquiera puede agenciarse con la calderilla que encuentre entre los cojines del sofá. Gente que, como se empadrona en casa de su abuela, se puede ir de crucerito en verano con las amigas, ya que se guarda el dinero de la beca y la carrera se la pagan sus papis.

Ahora bien, hay que reconocer que hay gente que se gasta la beca (tan justamente ganada) en lo que debe ser. Esperen, esperen a que me ponga las gafas para ver qué pone… ¿cómo que «eN SaLiiR dE FieEeStAaA Kn MisSs NiNiiAaS~#*»? ¿¡Pero QUÉ CUERNOS es esto!? ¿Cómo que hay gente que se gasta el dinero de una beca para estudiar en fiestas? ¿Pero no se supone que las dan para costear la matrícula y los gastos de desplazamiento o vivienda?

Pues se ve que no.

Ojo, yo, una vez más, entiendo que una vez te dan el dinero, es tuyo y puedes hacer lo que quieras con él, incluyendo comprar todas las películas de Aaron Seltzer y Jason Friedberg (hay gente que tiene la cabeza así de jodida). Eso sí, no me parece de recibo. Açò no toca, eh? Açò no toca. Como ya dije del Erasmus, hay quien lo aprovecha bien y hay quien lo aprovecha mal. Haciendo un cálculo de los importes de las becas y los costes de una carrera, se puede ver que las cuantías que dan no son excesivamente generosas. Así pues, es inconcebible que den para subsistir, comprar los materiales (aunque hay carreras que requieren un mayor desembolso que otras) e irse de parranda todas las putas semanas.


Dramatización.


Tal vez la única medida apropiada que ha salido de la demente cabeza del señor Wert ha sido la de endurecer los requisitos académicos para poder obtener beca. Ahora (¡cuidao!) hay que aprobar un mayor número de créditos que antes, existe la obligación de devolver la beca si no se aprueba la mitad de asignaturas y hay que tener… ojo, que vienen curvas… ¿están preparados…? Átense los machos, eh… si sufren del corazón, tal vez sea mejor que dejen de leer… bueno, que va, ¿eh? Que va… Para tener beca hay que haber sacado… ¡un 6,5 de media! ¡NOOOOOOO! ¡¡UN 6,5…!! ¡EXIGENTES HIJOS DE SATANÁAAAAS…! ¡CABRONEEEES…! ¡SOIS PEOR QUE HITLER…! ¡MUTANTES HIJOS DE PUTA! ¡ASÍ SE OS CAIGAN LOS OJOS DE LAS CUENCAS Y DIGÁIS QUE SOIS UNA BOLA DE BOLOOOOOOOOS!

A todo esto, que pensándolo en frío, digo yo… joder, pues es lo normal, ¿no? Es una beca para ESTUDIAR. Si no has aprobado como mínimo la mitad de asignaturas, está claro que no la has aprovechado. Devuélvela. Y si no tienes un 6,5 de media (que, reconozcámoslo, tampoco es tan difícil de conseguir), pues no puedes renovarla. Se siente. Y ya, ya, «en las carreras técnicas es más difícil aprobar todas las asignaturas por año» y blablablá. Por eso en los requisitos se especifican unas directrices más relajadas con dichas ramas, así que no me toquen las narices.

¿Es esto discriminatorio? Pues sí. Y con razón. Las becas han de premiar a los mejores estudiantes: es su propósito. Por supuesto que es maravilloso que también ayuden a los alumnos más normalitos, aquellos que no brillan tanto pero que también merecen la oportunidad de adquirir una formación superior. Claro que sí. Pero que saquen, como mínimo, un «bien». Un «bien», ¿eh? No un notable, no un sobresaliente. Un «bien». Un «NOSTAMAL». No es mucho pedir a cambio de la exención de tasas, ¿no les parece? Yo lo veo un trato justo.


La pasta, las perras, los morlacos, los billes, el peculio, la guita, el parné, los cuartos, los monises, el capital…



Y en esas estamos. Estoy seguro de que más de uno de ustedes está en la misma situación que yo: gastando lo mínimo y viendo cómo algunos gurriatos derrochan su inmerecida beca en caprichitos. Si es su caso, querido lector, le acompaño en el sentimiento, y le hago saber que hay un amigo en mí (haaaaay un amiiiiiigo en mí). Si por el contrario, es usted uno de los que le saca dinero a Papá Estado con triquiñuelas, quiero que sepa, y esto se lo digo desde lo más profundo de ese centro de odio que tengo por corazón, que es usted ESCORIA.