28 abr. 2013

Iron Man 3: las piezas de la armadura


«My face is finished
My body's gone
And I can't help but think
Standing up here in all this applause
And gazing down at all the young and the beautiful
With their questioning eyes
That I must above all things love myself»
No Pussy Blues, Grinderman


Una semana más, y tras haber sacudido los cimientos de la civilización occidental (otra vez), vuelve RduTcB, un blog con déficit de ñoñería.

El pasado 26 de abril se estrenó la nueva entrega del Vengador PETARLO, conocido oficialmente como «Iron Man». Así que, ni corto ni perezoso, al día siguiente me puse mi camiseta de los 4 Fantásticos, mis gayumbos de superhéroes Marvel, mi chapa de genio millonario playboy filántropo, y me fui con la amiga Ori. ¿Qué pasa? Uno también tiene su faceta fris.

Iron Man 3 le pega veinte mil patadas a Iron Man 2 y está, si no al mismo nivel, como mínimo muy cerca de la primera entrega. Los diálogos son rápidos, el ritmo no decae en ningún momento, Downey Jr. está tan ON FIRE como siempre, el (abundante) humor funciona como un reloj y el clímax final es de aúpa. Shane Black sabe lo que se hace, e incluso traslada la mecánica Gibson/Glover a Downey Jr./Cheadle en sus escenas juntos. Un gustazo, vaya. 



Pero no voy a aburrirles con una crítica estándar. En lugar de ello, mi vena marvelita me obliga a tratar los puntos que considero más interesantes de la primera película de la Fase 2. Evidentemente, habrá spoilers, así que si no han visto aún la película (¿a qué esperan?), les animo a que echen un vistazo a las otras entradas sobre Marvel de este blog o a mi crónica para La inercia del nuevo espectáculo de Millán Salcedo, antiguo Martes y 13.

¿Ya? Pues venga.


- Tony Stark: Si uno se deja guiar por los tráilers, cualquiera pensaría que Iron Man 3 es una nolanada, una especie de The Dark Knight Rises, película de la cual ya di sus claves mierder.

Sin embargo, y por fortuna, no es así. Si bien es cierto que la película se centra más en el hombre bajo la armadura que en el superhéroe, Black no cae en los errores del patán de Nolan, y nos ofrece una película en la que la persona importa tanto o más que el personaje.

Aquí no tenemos escenas OSCURAS y SOLEMNES sobre los traumas de Stark. En su lugar, el estrés postraumático del Vengador se nos muestra, casi siempre, mediante escenas cómicas en las que, aun así, conseguimos entender la angustia de Iron Man. Joróbate, Nolan. 

Y es que Tony Stark sigue siendo un chulo que siempre tiene la frase chistosa en el momento oportuno. Como él mismo dice, «Un truco barato y chistes malos podría ser el título de mi autobiografía», y de esas hay varias en Iron Man 3, donde vemos más la cara de Robert Downey Jr. que en las otras entregas.


«¿Te das cuen?»


Pero tener menos metraje bajo la armadura no significa tener menos Iron Man, porque Tony Stark, con o sin kilos de hierro encima, es Iron Man. En esta entrega le vemos haciendo de detective, de hombre de acción, incluso interactuando con un chaval que, para los cánones hollywoodienses, no es demasiado repelente.

Es complicado hacer una película de superhéroes en la que casi no aparezca el alter ego del protagonista y el público no lo eche de menos. Shane Black lo ha conseguido, pero cuando aparecen las armaduras… es apoteósico.

- La Mark 42 y la Legión de Hierro: A Stark, que está acostumbrado a PETARLO seriamente durante toda su vida, descubrir que hay dioses y gente con superpoderes le cambia la vida. Haber estado a punto de morir al dirigir una bomba atómica hacia una nave alienígena y caer a través de un agujero de gusano tampoco ayuda a calmarle, claro. Sin embargo, mientras que el Wayne de Nolan se dedicaría a lloriquear durante ocho años y retirarse, Stark se dedica a crear armaduras como si no hubiera un mañana.

La Mark 42, la armadura principal de la película, tiene la peculiaridad de responder a unos microtransmisores que Iron Man lleva en el antebrazo. Gracias a estos, puede «invocar» el traje desde largas distancias e incluso teledirigirla. Tiene sentido que, tras haber estado a punto de morir, Stark diseñe una armadura que le permita operar desde un lugar seguro. No es cobardía: es sentido común.

La apoteosis, la escena que se la pone DE HIERRO a todo fan masculino de Iron Man, es el clímax final, en el que multitud de armaduras (Hulkbuster incluida) acuden al rescate de Tony Stark para ayudarle a luchar contra los soldados Extremis.


«Rompecorazones» es el mejor nombre que puede tener una armadura del hombre del reactor en el pecho.


Los Vengadores dejó el listón muy alto en lo que a terceros actos se refiere, pero hay que reconocer que Iron Man 3, dentro de su escala, no tiene mucho que envidiarle a la lucha contra los chitauri.

- El Mandarín: El archienemigo de Iron Man, esa figura que surgió como trasunto de Fu Manchú para representar al pérfido comunismo. El Asiático Anillado, con sus diez sortijas que le otorgan superpoderes. El Chinorri Chocarrero, con sus atuendos horteras. El Amarillo Asesino, con… bueno, se hacen una idea.

En Iron Man 3, se nos presenta al Mandarín como líder de la organización terrorista Los Diez Anillos… para luego descubrirnos que no existe tal organización, y que el Mandarín que conocemos no es sino un patán, un actor hundido y drogadicto haciéndose pasar por un monstruo, para darle una cara reconocible al movimiento. El verdadero Mandarín es, en realidad, Aldrich Killian.

Por supuesto, esto ha enfurecido a los marvelitas más necios, que querían que Iron Man se enfrentase al Mandarín, con anillitos mágicos y demás zarandajas. A mí, qué quieren que les diga, me parece un giro acertado. El Mandarín, con su carácter fantástico, pegaría más como villano en una película del Doctor Extraño o, si me apuran, de Thor, pero no en una de Iron Man, donde nos tienen acostumbrados a villanos más «científicos». Y es que, pese a que cada superhéroe forme parte de un todo, sus respectivas películas tienen tonos distintos muy marcados.


PETARLO.


La idea de que Ben Kingsley interprete a un actor que interpreta al Mandarín es una metabroma genial, una manera de decirle al espectador «mira, esta es la única manera de hacer un Mandarín creíble que funcione» (quizá incluso una burla hacia la reciente manía de convertir a los supervillanos comiqueros en terroristas) y no caer en el ridículo potencial que hubiera supuesto un enfrentamiento entre el Hombre de Hierro y un barbudo señor mayor con supersortijas.

«¡Pero es que en los cómics el Mandarín queda bien y puede destrozar la armadura de Iron Man con sus propias manos…!», balbucea alguno, echando espumarajos por la boca. Sí, en los cómics. Pero eh, fíjense: cómic y cine son medios distintos, y lo que funciona en uno no siempre funciona en el otro. Por eso en las películas de la Patrulla-X no vemos a Lobezno vestido con licra amarilla.

El Universo Marvel Cinematográfico no es, ni pretendió nunca ser, una traslación verbatim del Universo Marvel convencional. De hecho, si el último es la Tierra-616, el primero tiene su propia denominación: Tierra-199999. Por eso Jarvis es J.A.R.V.I.S., Thor está más cerca del agente Bestiájez que del noble asgardiano de la Tierra-616, y Loki no es un señor feaco, si no un apuesto mojabragas.


Aunque parece que en Thor: el mundo oscuro se ha vuelto grunge.


Cambiar cosas al adaptar una obra no debería ser un derecho, sino una obligación. Para ver lo mismo de siempre, ya existe la obra original. Si voy a ver una adaptación, quiero ver algo que mantenga rasgos reconocibles, pero también que innove. Si no, menudo aburrimiento.

- Escena postcréditos: Unas semanas antes del estreno, se rumoreó que el remate de la película iba a ser Stark calzándose la armadura Gemini para atender a una señal de socorro proveniente del espacio, y así enlazar con Guardianes de la Galaxia. Ahora, cuando parece ser que la epopeya espacial va a ambientarse en el futuro (¿habrá viajes temporales de por medio para ese hipotético enlace con Los Vengadores 2?), queda claro que la escena no podía ser esa.

En su lugar, y tras una maravillosa y sesentera secuencia de créditos finales, nos encontramos con una vuelta de tuerca a la película, que comienza con una narración de Tony Stark que, tal y como se revela al paciente espectador, estaba dirigida a Bruce Banner, la cara más amable del gigante esmeralda. Vamos, que Iron Man le estaba contando su vida al más puro estilo cuñao de bar.


«Y entonces le dije, le digo…»


No es, desde luego, una escena de la magnitud de la primera entrega, en la que Nick Furia nos ponía al corriente de la existencia de la Iniciativa Vengador, o del descubrimiento del Mjölnir de la segunda entrega. Sin embargo, es un guiño divertido para los fans y, realmente, a estas alturas tampoco necesitan más. Así como al principio de la Fase 1 había que darle algo al espectador casual para engancharle, en el mundo postvengador esa labor no es necesaria. Hombre, está claro que siempre se agradece que le dejen a uno con cierto hype, pero no siempre se puede tener un Thanos. En este caso, nos conformamos con el shawarma.

Tras la escena, un rótulo: «Tony Stark will return». Lo que nos lleva al siguiente apartado.

- El futuro: Iron Man 3 supone el cierre de un arco argumental: nacimiento, encumbramiento, caída y resurgir del héroe. Los mandamases de Marvel Studios han sido inteligentes a la hora de poner punto y aparte (porque todos sabemos que no será final) en la historia de Tony Stark ahora que el contrato con Robert Downey Jr. ha acabado. De este modo, si no vuelve a interpretar al genio millonario playboy filántropo, el primer «volumen» habrá tenido una digna conclusión.

El inevitable cambio de actor (a fin de cuentas, los años pasan para todo el mundo) no sería más que el equivalente cinematográfico de las renovaciones de dibujantes en los cómics. Una nueva interpretación de un mismo personaje. Claro está que Robert Downey Jr. ES Tony Stark, pero con cuarenta y ocho años, ha manifestado en alguna ocasión que cincuenta le parece una buena edad para dejar el papel. Teniendo en cuenta que los contratos de Marvel Studios nunca son por una película, es posible que el carismático actor no vuelva. O sí. Tal vez dependa del número de ceros.


«Aquí, de tranks».


En cualquier caso, y pese a la ruptura del statu quo que supone el final de Iron Man 3, con ese reactor de arco arrojado al mar y las armaduras destruidas, queda claro que no hemos visto lo último del Hombre de Hierro. A fin de cuentas, en los cómics ya se deshizo del reactor… para volver a necesitarlo más que nunca tras la pérdida de sus funciones reflejas, como el parpadeo o la respiración.

No sería descabellado que en la próxima aparición del Vengador ferroso, este sufra un accidente que le haga volver a depender de su fiel fuente de energía. E, incluso si este no fuera el caso, no es imprescindible para poder volver a embutirse en la armadura. Sí, ahora mismo no tiene ninguna, pero poco le costaría volver a construir una o varias… y a fin de cuentas aún tiene la Torre Stark. Otra posibilidad es que James Rhodes ocupase el lugar de Stark como Iron Man, algo que ha sucedido más de una vez en los cómics, aunque probablemente el gran público no lo aceptaría. 

Con todo, es posible que de cara a la Fase 3 se dé un descanso a Tony Stark. A fin de cuentas, ya están confirmadas las películas del Hombre Hormiga y el Doctor Extraño, y si a eso le sumamos las secuelas de los héroes que ya han aterrizado en la gran pantalla, nos saldría un total de no menos de seis películas. Creativamente, sería lógico que relegaran a Iron Man a pequeñas apariciones en otras películas. Económicamente, es probable que no tanto.


Lo que queda más que claro es que no hemos visto lo último de Tony Stark. Y si lo que nos espera es así, que sea por muchos años.