23 mar. 2013

Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay




Una semana más, y tras haber sobrevivido a otro año de Fallas, vuelve RduTcB, un blog que es mejor que recibir un puñetazo en las costillas.

Como todos sabrán (y si no, es que son ustedes unos IGNORANTES), soy muy aficionado a los cómics. Por eso, cuando vi en la Fnac una novela llamada Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, con una portada en la que se alzaba un imponente edificio de estilo años 30, enseguida esperé que tuviera que esa combinación desembocase en una obra relacionada con el mundo de la viñeta. Y mi sentido precognitivo, al contrario que muchas otras veces (jamás debí invertir en Guasap!, el programa de Dani Martínez), no me falló.




Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (Kavalier y Clay a partir de ahora, para abreviar) es una novela de Michael Chabon que se publicó en el año 2000. Vamos, que no estoy lo que se dice precisamente al día (¿¡que Elvis ha QUÉ!?). Por otro lado, con diez años, difícilmente hubiese disfrutado de este mamotreto de setecientas páginas, en el que se abarcan dos décadas de la historia estadounidense.

Kavalier y Clay cuenta el ascenso y caída de dos jóvenes, Sam Clay y su primo checo Joe Kavalier, en el mundillo de la historieta. Empezando en 1939 con la creación del Escapista, un superhéroe basado en la afición de Kavalier por los trucos de magia y, obviamente, el escapismo, una habilidad vital para su fuga de una Praga acosada en pleno nacionalsocialismo. 

En sus más de setecientas páginas, la novela (ganadora de un Pulitzer) narra la lucha de Clay y Kavalier por hacerse un lugar en el noveno arte, los esfuerzos de Kavalier por conseguir traer a su familia de Praga, la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, la Edad de Oro del cómic norteamericano y su posterior declive en la posguerra, el papel que se les atribuyó a los cómics en la delincuencia juvenil, la homosexualidad en la primera mitad del siglo XX… todo esto salpicado con unos pocos capítulos en los que, como si de una novela pulp se tratase, Chabon nos relata las peripecias de los personajes de cómics creados por los dos jóvenes: el Escapista, Polilla Luna…


Un Escapista dibujado por Mike Mignola (autor que mola) arreándole un guantazo a Hitler. No puede haber nada mejor. Y si lo hay, seguro que es ilegal.


Como me pasa siempre que me enfrento a un libro cuya extensión es superior a quinientas páginas, me asaltaron las dudas. ¿Y si el tomo era un tostón? ¿Y si no era tan interesante como prometía la contraportada? ¡Que las contraportadas son muy traicioneras! ¿Y si era interesante pero, aun así, un tostón (podría pasar)? ¿Y si el nuevo papa es fan de Les Luthiers?

Sin embargo, mis temores eran en vano (bueno, lo del papa está por confirmar), porque Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay es una novela cuya lectura se pasa en un suspiro. Las páginas pasan casi sin que uno se dé cuenta, y la historia de los dos jóvenes cada vez le atrapa a uno más. Quizá la parte más floja es la que narra la huida de Joe de Praga, que, sin ser aburrida, puede hacerse algo pesada.

Como no podía ser de otro modo, Kavalier y Clay está trufada de referencias al mundo del cómic: el Escapista pegándole un puñetazo a Hitler, que no es sino un guiño a la portada del primer número del Capitán América, la aparición de grandes del mundillo como Stan Lee o Rob Liefeld Gil Kane, ese contrato leonino que firma la pareja artística en el cual renuncian a sus derechos, como ya les pasara en su momento Siegel y Shuster con Superman… Los connoisseurs (sí, palabras en francés, QUÉ LES PARECE) de la historieta disfrutarán con los pequeños detalles, unos más obvios que otros, dejados caer aquí y allá.


SO. MUCH. WIN.


Uno de los grandes aciertos de la novela es que Chabon nos presenta los acontecimientos como si realmente hubieran sucedido (llegaron a editarse tebeos del Escapista), haciendo anotaciones a pie de página o citando ensayos ficticios sobre la obra de Kavalier y Clay. La narración también hace saltos en el tiempo, cortando un diálogo para contarnos un hecho futuro de la vida de los personajes, o explicando, mediante un flashback, cómo se ha llegado a esa situación.

La narración, en ocasiones cinematográfica, de la novela hace que un servidor salive con la posibilidad de verla adaptada al medio audiovisual. De hecho, existe/existía un proyecto para llevar el libro a la gran pantalla, pero actualmente está muerto. El director, sin embargo, quiere hacer una miniserie de ocho capítulos en la HBO. Ah, y Benedict Cumberbatch ha dicho que, si se hace algo, él se apunta. GANAZAS es decir poco.


Si sufren ustedes de anemia literaria y quieren vitaminarse y supermineralizarse, cojan Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay. Y no hace falta que me den las gracias: vivo para dar.