16 mar. 2013

Diario fallero





08.00
Me despierta un estruendo terrible, que mis oídos identifican como una versión para orquesta de Torero, de Chayanne, acompañada por unos cuantos petardos.

08.02
Me asomo a la ventana: efectivamente, en la calle desfila una orquesta que toca los grandes éxitos parranderos de ayer y de hoy: Paquito el chocolatero, el Gangnam Style, La bomba… volvemos a estar en marzo, y los casales vuelven a hacer de las suyas con la despertà.

08.10
Hago un paréntesis para romper la cuarta pared y explicarle a usted, querido lector, lo que es la despertà. La despertà es un acto que tiene lugar todos los días de Fallas. ¿Y en qué consiste el acto? En, como su nombre indica, despertar a todo hijo de vecino atronándolos con mugrientas melodías y escandalosos petardos.

08.12
Tras reconstruir la cuarta pared, vuelvo a la cama e intento volver a dormirme.

08.15
No puedo.

08.20
No puedo.

08.30
No puedo, por la gloria de mi madre.

08.40
Me levanto, completamente desvelado, mientras los falleros (maldita sea su estirpe) regresan a sus camas para dormir hasta la hora de la mascletà.

08.50
Me planteo seriamente ir a tocar a los timbres de las casas de los falleros para no dejarles dormir.

08.55
Me planteo seriamente pasar del tema para evitar que se abalancen sobre mí como los animales que son.

09.00
Paso del tema, evitando así que se abalancen sobre mí como los animales que son.

09.15
No hago nada.

10.30
Tras una estimulante hora y cuarto de no hacer nada, amenizada por las constantes explosiones en la calle y los gritos de «ieeeeeeeeeee, fill de puta!» que resuenan armoniosos en las calles, decido bajar a comprar.

10.35
Me pongo el equipamiento necesario para sobrevivir en las calles valencianas en Fallas. Bajo a la calle.

10.40
Me confunden con un antidisturbios. Decido quitarme, al menos, la máscara de gas.

10.45
Sufro un ataque de tos debido al humo y la pólvora del ambiente.

10.47
Me desmayo por falta de oxígeno.

11.30
Despierto gracias a la bondad de un chiquillo, sin duda preocupado por mi bienestar, que me tira petardos a la cara.

11.35
Vuelvo a casa. Valencia en Fallas es como Mega-ciudad-Uno.

11.45 
Me encuentro en el portal con una simpática banda de delincuentes juveniles que está dedicándose a meter petardos dentro del buzón de publicidad.

11.46
Les invito a que depongan su actitud.

11.47
Recibo un «pero tu k dizes lokoh??? K kieres k te parta la bokah payasoh?» como respuesta. Decido dejarles en paz por el bien de mi integridad física (que no la del buzón).

12.00
Vegeto.

13.00
Llaman a la puerta. Cojo el garrote con el clavo en la punta por si son unos atracadores o, peor aún, testigos de Jehová.

13.01
Consternado, compruebo que la cosa es peor de lo que me temía: son falleros.

13.02
Les pregunto qué quieren. Me dicen que están recaudando dinero para su antro de perdición, su Sodoma y Gomorra particular, que ellos llaman «casal».

13.03
Les mando a freír monas.

13.10
Salgo corriendo a apagar el fuego que han encendido en mi puerta, los muy hijos de Belcebú.

13.15
Decido acostarme para compensar el madrugón involuntario.

13.20
Consigo dormirme contando petardos como si fueran ovejitas.

14.00
La mascletà. Vamos, muchos petardos sonando muy fuerte. Tiene encanto porque hace mucho ruido. Creo.

14.30
Decido bajar a comprar chocolate con churros, lo único positivo de las Fallas.

14.40
Me indigno por los precios del chocolate con churros. Pago a regañadientes mientras me acuerdo entre dientes de los antepasados del vendedor.

14.41
Le digo al vendedor que lo que he dicho de su madre era broma. Me alejo a buen paso.

22.30
Tiene lugar una extraña distorsión espaciotemporal que no tiene nada que ver con que al autor no se le haya ocurrido nada para rellenar las horas entre la anterior anotación y esta.

22.31
Me dispongo a ver una película de Woody Allen.

22.42
Quito la película de Woody Allen y pongo una más acorde con el ruido que viene de la calle: Pearl Harbor.

23.00
Me pregunto desde cuándo la banda sonora de Pearl Harbor incluye El baile del gorila, de Melody.

23.02
Me asomo a la ventana y detecto la causa de esta anomalía sonora: la verbena que los falleros han montado en su carpa.

23.03
Intento seguir viendo la película.

23.04
Fracaso.

23.05
Decido bajar a unirme a la parranda, vista la imposibilidad de realizar mis planes.

23.14
Me persono en la entrada de la carpa, donde me dicen que la verbena es solo para miembros del casal. Argumento, serenamente, que no soy miembro del casal, pero que dado que tienen el volumen a tales decibelios que se oye desde mi casa, que se encuentra en el séptimo piso, había tomado este atronamiento como una invitación para participar en la fiesta.

23.15
Me dicen que de eso nada.

23.16
Me cago en su puta vida.

23.17
Me cago en su puta madre.

23.18
Me cago en San Pito Pato y en la madre que parió a Peneque.

23.19
Un señor mayor, que resulta ser el presidente de la falla, se acerca a mí y me invita a entrar a la carpa, siempre que conozca a alguno de los falleros.

23.20
Le espeto que mis principios me prohíben tener amistad con infrahumanos, por lo que no, no conozco a ninguno de los falleros, salvo a uno que salió en las noticias hace algunas semanas por pirómano.

23.21
Me echan a patadas. Juro venganza.

23.22
Vuelvo a casa.

23.34
Me acuesto, hasta las narices de todo y de todos. Me pongo tapones en los oídos y me duermo.

08.00
Me despierta un estruendo terrible, que mis oídos identifican como una versión para orquesta de Torero, de Chayanne, acompañada por unos cuantos petardos.