19 ene. 2013

¡Negratas violentos!


«Only a ginger can call another ginger “ginger”
Only a ginger can call another ginger “ginger”
So listen to me if you care for your health
You won’t call me ginger less you're ginger yourself»
Prejudice, Tim Minchin


Una semana más, y tras haber sufrido a los Morancos en vivo y en directo (lean mi crónica el lunes en La inercia), vuelve RduTcB, un blog que les cuela autopromoción en el primer párrafo de la entrada.

Ayer, casi un mes después de su estreno estadounidense, aterrizó en las salas españolas Django desencadenado, la muy recomendable última película de Quentin Tarantino, el director mueso favorito de todo el mundo. Y, como casi todas sus películas, ha reabierto el absurdo debate sobre la violencia cinematográfica y su relación con la violencia real. No solo eso, sino que el PESAO de Spike Lee ha vuelto a quejarse por el uso de la palabra «nigger». Vamos, el «negrata» de toda la vida.


«Debate. La D es muda».


Esta vez, el cansino tema de la violencia ficticia surgió a raíz de una entrevista que le hizo Krishnan Guru-Murthy, de Channel 4, a Tarantino. Probablemente lo hayan visto ya, pero si no, pueden verla aquí con un subtitulado bastante decente para que no pierdan detalle.

Se ha comentado que Tarantino se comporta como un imbécil engreído al no querer entrar en el tema y adoptar una actitud hostil. Sinceramente, creo que tiene sus razones. Como él mismo dice, lleva hablando del tema VEINTE años. Vamos, desde que salió Reservoir Dogs. Si yo ya estoy harto de que me digan que no me gusta nada, imaginen cómo debe de estar el bueno de Quentin tras dos décadas de que le pregunten sobre la supuesta relación entre la violencia en el cine y la real.

Esta relación, como cualquier persona con dos dedos de frente debería tener claro, es completamente inexistente. Pero no solo la violencia cinematográfica, sino también la violencia en los videojuegos, los cómics o (aunque de esta se habla bien poco) la violencia literaria. ¿O es que en los libros no hay violencia? Pero claro, ya sabemos que el cine está considerado aún por muchos como el primo tonto de la literatura, del mismo modo que la televisión está considerada como el hijo con deficiencia cromosómica del cine, y los videojuegos… mejor ni hablemos.

Sin embargo, no por consumir productos de ficción con contenido violento nos vemos empujados a cometer actos violentos. Como otros miles, yo jugué al primer Metal Gear Solid cuando era un chaval, y ni soy una moderna máquina de matar ni consumo tranquilizantes con avidez. También he visto La naranja mecánica varias veces, y ni me gusta la leche sola ni voy por ahí violando señoras. He visto Pulp Fiction, y ni voy asesinando gente ni me como las sabrosas hamburguesas Big Kahuna de los demás.


He visto Django desencadenado, y ni esclavizo negros ni fumo con las manos ensangrentadas.


¿Por qué? ¿Cómo puede ser esto, si los medios insisten en que hay una relación clara? No será que los medios mienten, ¿verdad? Porque eso nunca ha pasado. Bien, creo que el motivo de que no sea una persona violenta pese a consumir productos violentos es que no tengo ningún trastorno mental. Y es que a una persona con tendencias violentas no le hace falta ningún videojuego o película para canalizarlas. Lo que necesita es un tratamiento psicológico. Todos recordamos al asesino de la katana y cómo se culpó al Final Fantasy VIII en particular y a los juegos de rol en general. El Final Fantasy VIII, un juego de rol en el que, cuando te enfrentas a monstruos por turnos y atacas, salen NÚMEROS. Sin duda, la clase de juego que anima a matar a tu familia con la katana que… esperen, ¿por qué tiene una katana un chaval de dieciséis años con tendencias violentas? Pero claro, lo fácil es culpar a los juegos de rol.

«Joder, Bóinez, menuda perogrullada de artículo», estarán pensando algunos de ustedes. Y me alegro de que lo estén pensando, porque eso significa que son ustedes personas de bien, personas que son capaces de discernir realidad y ficción y que saben que, por mucho que la violencia exagerada y casi slapstick de las películas de Tarantino pueda resultar divertida, en el mundo real eso de emprender una cruzada asesina no está muy bien visto… del mismo modo que tampoco está bien visto llamar «nigger» a los afroamericanos, que ya saben cómo se pone Spike Lee.


La cara de resignación es por la de veces que le han dicho que se parece a Urkel.


Como ya hiciera con Jackie Brown, en el que se quejó por el uso de la palabra de marras, Spike Lee se quejó en Twitter de Django desencadenado, una película que, para él, es una falta de respeto hacia la esclavitud. Lástima que en la película el tema de la esclavitud se trate de forma seria y que en ningún momento se haga burla de la cuestión, pero EH. De hecho, la película hace una diferenciación estética entre la violencia hacia los esclavos, tratada de un modo serio, y la violencia hacia los esclavistas, que está rodada al exagerado estilo Tarantino.

Por supuesto, el temita de la palabra «nigger» también ha salido, cortesía de un entrevistador que intenta hablar del tema con Samuel L. Jackson… solo que este se niega a no ser que diga la palabra con todas sus letras, en vez del pusilánime eufemismo «the N-word». Vean el fragmento aquí, no tiene precio.

¿Cómo no se va a usar la palabra «nigger» en una película ambientada en el sur de Estados Unidos durante el siglo XIX? ¡Si por aquel entonces ni siquiera estaba mal visto! No haber usado la palabra hubiera sido una estupidez que, además, no resultaría creíble. Ya me imagino al personaje de DiCaprio, Calvin Candie, diciendo «Could you please start picking cotton, kind coloured person?» y tratándolo como a un igual. Sí, eso pasaba mucho en el siglo XIX.


Django desencadenado, con Samuel L. Jackson como Bill Cosby.


Spike Lee ya se quejó del uso de la palabra cuando se estrenó Jackie Brown, diciendo que no estaba en contra del uso de la palabra y que incluso la usaba, pero que parecía que Tarantino quisiese que lo nombraran «negro honorífico» por su uso. Vamos, un caso de «yo puedo decir tal cosa porque pertenezco al colectivo, pero tú no». O sea, que si un negro dice «nigger», BIEN, pero si lo dice un blanco, MAL. Doble moral.

Pero, aun así, aun suponiendo que fuera una palabra que por algún motivo que escapa a mi comprensión solo pudiera ser utilizada de forma legítima por los afroamericanos, el caso es que la gente la usa, tanto de manera despectiva como no. Por lo tanto, si se hace una película y se quiere reflejar el modo de hablar de la gente, hay que usarla. El no hacerlo es tan absurdo como hacer una película en España en la que nadie diga ni un solo taco, cuando en este país somos muy de soltarlos para enfatizar, joder. Pero claro, la puta corrección política de los cojones.


Los cineastas no tienen ninguna obligación moral para con los espectadores. Los cineastas realizan sus obras, y es el espectador quien decide cómo actuar. Si está en contra de la violencia, ver una película violenta no le hará cambiar su sistema de valores. Si no es racista, ver una película en la que llaman «nigger» a los negros no le hará ingresar en el Ku Klux Klan. Y si lo hacen, no será culpa del cine, sino de que son unos necios. Simple y llanamente.