8 dic. 2012

Bóinez de tronos


«Poor man wanna be rich
Rich man wanna be king
And a king ain't satisfied
'Til he rules everything»
Badlands, Bruce Springsteen



Una semana más, y tras constatar que se acerca el invierno, vuelve RduTcB, el blog-más-allá-del-muro.

Juego de tronos. Poco hay que decir que no se haya dicho ya, ¿no? Por mucho que los frises se emperren (o se enhuarguen, je) en lo contrario, lo cierto es que Canción de hielo y fuego se ha vuelto mainstream. Lejanos quedan aquellos tiempos en los que solo los más obesos se deleitaban con las andanzas salidas de las rollizas manos de George R. R. Martin, el escritor de eternos tirantes y graciosa gorra de pescador.

Mi relación con la fantasía heroica nunca ha sido muy buena. De hecho, creo que solo me llevo peor con los videoblogueros y los homeópatas, así que imaginen. Por eso, no prestaba demasiada atención a las recomendaciones que me hacían sobre Canción de hielo y fuego. Cual Scrooge moderno, les respondía con «¡bah, paparruchas!» y me iba a seguir explotando huerfanitos. Sin embargo, tras ver la adaptación de la HBO, me picó el gusanillo. ¿Y si no estaba tan mal? Y al final, el tren hizo el resto: muchas horas que llenar, así que ¿por qué no probar con una saga épica de novelas de más setecientas páginas? ¿Qué podría salir mal?


Pongo una imagen de la serie porque soy un rebelde. Y porque MOLA.


El primer tochaco de la saga, Juego de tronos (que no, que la saga no se llama así, copón), me ha acompañado a la universidad durante una semana. Una semana en la que su peso ha amenazado con dejarme lisiado y con la columna destrozada. Nada, por otro lado, que el «cirujano» de Bruce Wayne en The Dark Knight Rises (bodrio del que hablé hace un tiempo) no pudiera arreglar de una buena hostieja en la espalda, pero aun así… 

Y es que casi ochocientas páginas de novela (si contamos los apéndices) son muchas páginas. Ya lo dije en el unboxing, que sonaba a bueno. ¿Cómo? ¿Que no saben de qué unboxing estoy hablando? Pues aquí se lo dejo. ¡Minutos trepidantes, oigan!




Quiero aclarar que lo de hacer el unboxing fue una sugerencia jocosa de Lord Urko… pero era tan absurdo que tenía que hacerlo. Además, todavía no había satirizado ese género, era una situación insostenible. Ustedes lo saben tan bien como yo. O algo.

En cuanto a la novela propiamente dicha, se han escrito ríos de tinta y torrentes de unos y ceros sobre ella, por lo que creo que será más ameno para ustedes (y para mí también), si me centro en determinados aspectos en vez de hacerles una soporífera reseña general, ¿no creen? Si no están de acuerdo, se aguantan, que esto ya está escrito y publicado. Les preguntaba por cortesía, a ver qué se creen ustedes.

- La portada: Joder, Cristo MAL. La portada es terriblemente mala. HORRIBLE. El ilustrador, Corominas, se redimió con la nueva edición, pero la original es un cúmulo de despropósitos. Miren, miren:


Poca broma.


¿Por dónde empezar? ¿Por la cara de mendrugo de Jon Nieve? ¿Por ese extraño bulto en el cuello? ¿Por la cabeza gigante del huargo? ¿Por ese sentido de la perspectiva que brilla por su ausencia? ¿Por lo tremendamente genérica y poco atractiva que resulta? Claro, ahora todo el mundo va como loco a por Juego de tronos, pero en su momento dudo que muchos lectores se vieran atraídos por la ilustración. «Eh, mira este libro, creo que va de un tipo con pocas luces y un lobo sin cuello que se van a la nieve». Sí, seguro.

Edito: me dice el bueno de Zaraphiston que esta portada no es la original, sino esta. PEOR AÚN.

- La ambientación: Canción de hielo y fuego cuenta con una ambientación muy rica. Pero no «muy rica» en plan «¡mu’ rico, chico!», sino en el sentido de que está muy elaborada: los Otros y su líder Benjamin Linus, el Muro, los dragones, la Batalla del Tridente, el Bastión de Tormentas… cosas de las que se nos ofrecen pequeñas pinceladas en los diálogos, pero que contribuyen a aumentar la sensación de veracidad de la obra. Por otro lado, también puede llevar  a confusión, y es que dudo que sea el único que ante la mención de un nuevo emplazamiento o suceso pensaba «¿pero qué puñetas es esto?» y buscaba información en páginas anteriores. Lo comido por lo servido.

- La abundancia de personajes: Otra cosa no, pero Juego de tronos tiene personajes. Muchísimos. Y la mayoría, muy carismáticos. Eddard Stark, Jaime Lannister (que ya ven, para un rey que mató, «Matarreyes» le llamaron)Petyr «Meñique» Baelish, Lord Varys, Syrio Forel (interpretado en la serie por Mr. Satán), Ser Barristan, Cersei Lannister, el Perro, Tywin Lannister, el rey Robert Baratheon, cuya afición a montar eventos gigantescos pese a estar en la ruina hace que uno se plantee si no será un político valenciano…


Y así.


El problema de que haya tantísimos personajes es que a veces (bueno, a menudo) mueren varios y a uno ni siquiera le ha dado tiempo a quedarse con los nombres. Pero eh, qué más da, si se han muerto. Ya lo decía Nick Cave en Dig, Lazarus, Dig!!!: «¿qué sabemos realmente de los muertos, y acaso a alguien le importa?». 

Pero ojo, que no todo es carisma: también están Catelyn y Robb Stark, cuyos capítulos, aunque de alta relevancia, se me hicieron muy cuesta arriba. ¿Por qué? Porque son dos personajes totalmente anodinos y sin garra, poco desarrollados. Son, quizás, los más arquetípicos de toda la novela. Y claro, cuando están al lado de TITANES como el siguiente personaje que nos ocupa, eso se nota.

- Tyrion Lannister: Uno de los personajes más carismáticos que he tenido el gusto de leer en bastante tiempo, la verdad. Apodado «el Gnomo» por razones evidentes, el hijo del gran señor Tywin Lannister es un enano curtido por años de soportar desprecios y burlas por… pues por eso, por ser un enano. Que si «corta el rollo, Tyrion» que si «hay que disfrutar, que la vida es corta», que si «Tyrion, unos amigos y yo vamos a rodar un corto, ¿te apuntas?»… Bueno, vale. Esto último puede que no. Pero podría ser.


«bua nano es k el enano no beas komo lo parte sera pekenio pero en berdad es to grande»


No es difícil empatizar con Tyrion: aquí quien más y quien menos ha sido alguna vez un enano putero ha tenido que aprender a convertir sus defectos en una armadura para que no pueda afectarle lo que le digan. Además, en mi caso, hay más cosas que me unen al bueno de Tyrion: además de nuestro enorme carisma (solo comparable a nuestra modestia), ambos ostentamos el título de «el más bajito de la clase» en primaria. Ya ven, almas gemelas.

- Daenerys: Es curioso lo que me ha pasado con la trama de la última Targaryen: mientras que en la serie me aburría soberanamente con sus insulsos devaneos, en la novela me ha parecido una de las partes más interesantes. Tanto que, pese a saber lo que iba a pasar, en algún punto he leído dos o tres de sus capítulos seguidos porque quería más. 

Sin embargo, justo lo contrario me ha pasado con Khal Drogo, que me parecía más interesante (dentro de lo que cabe) en la serie. Y es que Jason Momoa IMPONE. Imagínenselo en una secuela de Rocky interpretando al púgil de ascendencia rusa Khal Drago. ¡Chistes forzados y metidos con calzador, hay que amarlos!

- Hodor: Hodor hodor, hodor hodor hodor HODOR. «¿Hodor hodor? ¿Hodor?», hodor hodor. Hodor. ¡Hodor hodor HODOR! Hodor… hodor hodor, hodor hodor hodor, ¡hodor! ¿Hodor hodor… hodor hodor? Hodor, hodor. Hodor hodor, hodor hodor hodor hodor hodor.


«Hodor», dijo Hodor.


Hodor hodor, ¡hodor hodor hodor hodor! ¡¡HODOR HODOR HODOR!! ¡¡¡HODOR!!! Hodor… hodor hodor hodor, hodor hodor, ¿hodor? Hodor hodor. Hodor, hodor hodor hodor hodor hodor; hodor hodor hodor.

Hodor.


Como detractor de la fantasía heroica y/o épica, me mostraba bastante reacio a leer Juego de tronos. Ahora, a lo que me muestro reacio es a no leer Choque de reyes. Y sí, ya me han dicho que a partir de Festín de cuervos, cuesta abajo, pero eh, ya llegaré. ¿Cuándo? Pues cuando los rufianes que tienen los ejemplares de la biblioteca los devuelvan, que me tienen en ascuas.





Y ya que están aquí, les recuerdo que, aunque Entre hamas y chapas haya chapado (¿lo pillan? UMOR) su división de hamas, sigo a tope haciendo chapas. ¿Y han visto qué material de Canción de hielo y fuego tenemos? Un primor, oigan.