10 nov. 2012

The Amazing Spider-Man, rebootelarañas




Una semana más, y tras haber hecho algo irrelevante, vuelve RduTcB, un blog que es un blog porque es un blog y es un blog.

El lanzarredes. El cabeza de red. El trepamuros. Vamos, nuestro amigo y vecino Spider-Man, un viejo conocido de este blog. Y es que, como ya saben, Spidey siempre ha sido el superhéroe favorito de un servidor. Sin embargo, y como escribí escribió Spider-Mariachi, no tenía yo demasiadas ganas de ver The Amazing Spider-Man, el reinicio (o reboot, que queda más moderno) de la franquicia cinematográfica del arácnido. 

Me daba pereza, el tráiler tenía un tufo Nolan que tiraba de espaldas, el Lagarto tenía cara de mental… Y, sin embargo, me equivocaba. El otro día tuve ocasión de verla y me sorprendió gratamente. Quizá porque había oído que era infumable y mis expectativas eran muy bajas, pero el caso es que me gustó. Y cuanto más pensaba en ella, más virtudes le encontraba. Virtudes que yo (ya saben, «ese hater al que no le gusta nada») les voy a enumerar.


Pie de foto ingenioso.


- «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad… o algo»: Mucho se ha puesto el grito en el cielo por el hecho de que el tío Ben no pronuncie la famosa frasecita… ¡pero oigan! ¡Que en el número quince de Amazing Fantasy tampoco la decía! ¡Que era el narrador! Sí, es cierto que en posteriores adaptaciones siempre hemos tenido a uno de los pocos personajes Marvel que no han resucitado proclamando el aforismo… y The Amazing Spider-Man no es una excepción. Más o menos.

Aquí, en vez de meternos la frase por obligación, forzada bajo amenaza, el tío Ben suelta un discurso cuyo trasfondo es el mismo, pero tiene distinta forma. ¿Y saben qué? Funciona. 

- Spider-Man vengador: Y no me refiero a su estatus como miembro de reserva de los héroes más poderosos de la Tierra, sino a sus primeros pasos como vigilante. Una de las quejas recurrentes es que Peter, tras la muerte de su tío, emprende una campaña de venganza contra el asesino de su tío. «En los cómics no hacía eso» dicen muchos, «sino que aprendía una valiosa lección sobre responsabilidad y emprendía una cruzada contra el crimen».

Por más cierto que sea esto, qué quieren que les diga, yo veo mucho más natural que quiera vengarse. Vamos, si a uno le matan a un familiar, la reacción más normal dudo que sea dedicar su vida a combatir el crimen, sino querer venganza. Es HUMANO. 

En The Amazing Spider-Man, Peter aprende la lección sobre sentido y sensibilidad poder y responsabilidad de forma paulatina, poco a poco. Mucho mejor y menos forzado, en mi opinión.


Y haciendo acrobacias en el metro, que tampoco disgusta.


- Spidey es un tirillas: El problema que tenía Tobey Maguire (aparte de que era Tobey Maguire) es que se puso cachas para hacer de Spidey, y el trepamuros nunca ha destacado por ser especialmente musculoso. Sí, claro, está en forma, pero tener la fuerza proporcional de una araña significa no tener que decir nunca «lo siento» ser una montaña de músculos para dar buenos sopapos.

Garfield es un tipo delgaducho, más cercano al Peter tradicional, lo que, sumado al estilo de lucha, más acrobático que en la saga de Raimi, le da un sabor diferente al del resto de superhéroes. Zí, zabod adácnido, me guzta.

- Los lanzarredes: POR FIN. Ya iba siendo hora de que algo tan icónico como la armadura de Iron Man o el escudo del Capitán América apareciese en la gran pantalla. Eso sí, me mosquea que el fluido arácnido sea el biocable fabricado por Oscorp… ¿de dónde lo saca? ¿Lo roba, lo compra? Barato no debe de ser… ¿Compra una muestra, la analiza y modifica a su antojo, y la fabrica a partir de ese momento?

La respuesta a todas esas preguntas es: agujero de guion. Pero EH, que salen los lanzarredes. Yo, contento.


THWIP!


- El Lagarto: Hay que reconocer que las fotos que salieron del alter ego de Curt Connors no eran muy halagüeñas. Parecía un goomba de la película de Super Mario Bros. mezclado con un bulldog al que le faltó oxígeno al nacer. Vamos, que tenía cara de monguer, para entendernos.

En pantalla, el resultado es distinto. Sí, en algún que otro plano parece que vaya a espetar un «¡NNNNNNNO! ¡QUE NO ME LLAMEZ MENTAL!», pero por lo general impone lo suyo. Además, se muestra un tema que no suele plantearse: ¿qué pasa con el brazo derecho de Connors cuando vuelve a su estado humano? Pues que SE CAE. Tan asqueroso como suena, oigan.

Rhys Ifans, cuyas experiencias con la escama le habrá venido que ni pintada para prepararse el papel, da vida a un villano que, por una vez, no muere al final de la película. Parece ser que los estudios empiezan a darse cuenta de que ¡eh! ¡que si no matamos al villano, puede salir en más películas! Imagínense a los Seis Siniestros. Puro HAMOR.

Por otra parte, Connors no es un villano al uso. Por ejemplo, si se inyecta su propia fórmula experimental es para evitar que se hagan pruebas con veteranos de guerra. De hecho, durante su primera transformación, su objetivo es atacar a Ratha, el indio (y no por ello menos malvado) empleado de Oscorp sin escrúpulos. Hombre, ya, igual tirarle por un puente no es el mejor método de hacerle entrar en razón, pero no olvidemos que estamos hablando de un híbrido entre reptil y humano de dos metros y pico de alto.

Luego… pues sí, luego ya se le va la cabeza. Bastante, de hecho. Casi convierte en lagartos a media Nueva York. Pero al principio no es tan malo, eh. Que no mata a nadie. Vamos, que tan malo no puede ser, ¿no? ¿O sí? Si lleva bata de laboratorio… Ay, no sé, déjenme, no me hagan pensar.


¡Cómo va a ser malo, si le gusta jugar al cucutrás, hombre!



La mayoría de las quejas podrían resumirse en «es que no es igual que el tebeo». Y no lo es, ¿pero saben qué? Que si quisiera ver lo mismo que en el tebeo me releería los tomos de Biblioteca Marvel. Si veo una adaptación, quiero ver algo distinto. Reconocible y con raíces comiqueras, sí, pero no exactamente lo mismo.

The Amazing Spider-Man es una película muy digna y bastante entretenida, pese a que le sobre algo de metraje y tenga algunas lagunas argumentales, aunque algunas, como el destino de Ratha, se solucionan en las escenas (algunas inexplicablemente) eliminadas. La coletilla «la historia jamás contada» parece parte de un plan mayor, pero muchas de las pistas que apuntan hacia las investigaciones de Richard Parker han desaparecido en el montaje.

Ahora, con una secuela en el horizonte y (posiblemente) Jamie Foxx en la piel, algo más oscura de lo habitual, de Electro, se avecinan nuevos tiempos para el arácnido. Y, si siguen esta línea, yo diré SÍ.