20 oct. 2012

Spider-MAL


«Spider-Man, Spider-Man
Does whatever a spider can
Spins a web any size
Catches thieves just like flies
Look out, here comes the Spider-Man»
Spider-Man Theme, versión de Michael Bublé



Una semana más, y tras haber asistido a una reunión de los Illuminati en la que, todo sea dicho, hubo croquetas, vuelve RduTcB, el blog más boinocotudo del universo.

Como los asiduos al blog ya sabrán, mi superhéroe favorito es Spider-Man. El porqué es bien sencillo: es inteligente, chistoso y está (estaba) casado con una pelirroja de toma pan y moja, ¿qué más se puede pedir? ¿La fuerza, resistencia, velocidad y agilidad proporcional de una araña? Pues las tiene. ¿Lanzarredes de invención propia? Los tiene. ¿Un sexto sentido que te alerte del peligro? Pues también lo tiene. Vamos, que ser Spidey es canela fina, oigan.

Lo bueno de los sueños es que nos permiten experimentar cosas que no podríamos vivir de otro modo. Por ejemplo, volar, arrearle un buen sopapo al jefe de programación de Telecinco o ver un capítulo gracioso de Dos hombres y medio. Por eso, soñar que soy Spider-Man debería ser una experiencia muy gratificante, ¿no? Pues no.


Agilidad y fuerza sobrehumanas son cosas de las que carezco hasta en sueños.


Un sueño recurrente mío, aparte de ese en el que meto a JPelirrojo en un cohete y lo envío al sol, es aquel en el que soy Spider-Man. Pero ojo, no la versión del universo Ultimate, ni Ben Reilly, ni (menos mal) la encarnación de Tobey Maguire, sino una nueva variante: soy yo, su amigo y vecino Bóinez, pero con los poderes del trepamuros y una trayectoria reconocida como el Spider-Man de este universo. Al menos, en teoría, porque la realidad es bien distinta.
En realidad, siempre que tengo ese sueño (y ya van varias veces), paso por una etapa de crisis en la que he perdido los poderes y los lanzarredes, QUÉ CASUALIDAD, se han atascado con el fluido arácnido, por lo que estoy indefenso. Vamos, que soy Spider-Man, pero como si no. Tocotó.

Los sueños siempre siguen un patrón establecido: empiezo desarrollando actividades cotidianas (ir a la universidad, dar un paseo, bailar el charlestón sobre el mástil de una bandera…), algo que ocupa la mayor parte del sueño. Vamos, como si fuera un número de Peter Parker, el espectacular Spider-Man en vez de en uno de El asombroso Spider-Man.


«¡Mi sentido arácnido me alerta de que se está quemando el aceite!»


Tras varios APASIONANTES momentos costumbristas, siempre suele pasar algo inesperado. En la última ocasión fue un ataque de los Seis Siniestros mientras estaba en un concierto. Entonces empieza lo vergonzoso. Si hay alguien en el sueño que conozca mi secreto, no tarda en decirme que haga algo, dando lugar a diálogos como el siguiente:

- ¡Haz algo!
- Errm… es que no puedo, eh.
- ¡Tienes que hacer algo!
- De verdad que no puedo, ya lo siento.
- ¡Pero cómo no vas a poder, si eres… ya sabes, Spider-Man!
- Ya, pero es que ahora mismo me pillas sin poderes y…
- ¡Pero los lanzarredes los llevarás encima, digo yo!
- Pues sí, pero es que…
- ¿Qué?
- Pues que no van.
- ¿QUE NO VAN?
- Están atascados o algo, mira (los pruebo y nada)
- Anda que… vaya un superhéroe de mierda.
- No, si ya, pero es que…
- ¡AAAAAAARRRRRGH!

Los chillidos suelen deberse a que Doc Ock, Electro, Veneno o, qué sé yo, el Hipnotizador Disco le ha arreado un buen zambombazo a mi acompañante. En ese momento suelo despertarme frustrado, no por no haber conseguido salvar a los ciudadanos (que les jodan, algo habrían hecho), sino por haber soñado que era Spider-Man y no haber podido disfrutarlo.

¿Qué significarán estos sueños? Si se lo preguntase a Freud, seguro que le sacaría algún significado sexual, como si de un vulgar guionista de La que se avecina se tratase, pero dudo que sea eso. ¿Es, quizá, que en realidad sueño con ser un perturbado que se cree Spider-Man, sin más? Pudiera ser, pero les recuerdo que mi comparsa de los sueños también sabe que soy el cabeza de red. ¿Será, entonces, un sueño sin más, curioso, sí, pero sueño al fin y al cabo? Pues casi sí, eh.

P.D.: Ya que están aquí, podrían hacerme un favor y votarme en los premios Bitácoras. A ustedes no les cuesta nada (hasta se pueden loguear con Twitter o Facebook) y a mí me harían un favor. Háganlo por este cachorrito, lectores. ¿No ven qué cachorrito?