8 sept. 2012

Breaking Bad: el precio del poder


«Ahora sí le quedó bien
A Nuevo México el nombre
A México se parece
En tanta droga que esconde
Solo que hay un capo gringo
Por Heisenberg lo conocen»
Negro y Azul: The Ballad of Heisenberg, Los Cuates de Sinaloa



Una semana más, y tras haber vuelto a visitar Castellón (ciudad hermanada con R’lyeh), vuelve RduTcB, un blog que es un blog, y no un zapato con la suela desgastada.

Breaking Bad, posiblemente la mejor serie en emisión, puso esta semana punto y final a la primera mitad de su última temporada. Como ya sabrán… ¿eh? ¿Que no han visto Breaking Bad? Pues no saben lo que se pierden, oigan. En cualquier caso aquí va a haber spoilers de las cinco temporadas a cascoporro, así que a lo mejor prefieren echarle un vistazo a otro blog como, no sé, Con absu de absurdo, muy especialmente a esta entrada sobre la filosofía mierder.

Bueno, ahora que ya he soltado el aviso de rigor, metámonos en harina. Esta temporada ha sido, sin duda, la temporada de Heisenberg. Y es que poco queda ya de Walter White, ese profesor de química frustrado que tenía un segundo empleo en un lavadero de coches. 


«Say my name».


Tras haber sido cocinero para un pandillero de poca monta y un capo de la droga, lo único que le quedaba a Walter/Heisenberg (¿Waltenberg?) era ser el pez gordo. Y, por mucho que Mike le dijese que «matar a Jesse James no te convierte en Jesse James», se puede decir que lo ha conseguido. ¿El problema? Que una vez en la cima, no le queda nada más a lo que aspirar, y está solo. Se ha distanciado de su familia, y de su «hijo adoptivo» Jesse, que ha estado a punto de matarlo más de una vez.

Pese a todo, Walter no ha conseguido el respeto de todos: Skyler le ha ignorado por completo y ha llegado a levantarse de la mesa en cuanto su marido le ha dirigido la palabra, y Mike le dijo que se «callara de una puta vez» incluso mientras se estaba muriendo. Eso sí, así como la reputación de Walter ha decaído, la de Heisenberg ha ido in crescendo, y él mismo llega a exigir que digan su nombre, en uno de esos ataques de egolatría a los que cada vez es más propenso. 

En cuanto a Jesse, podríamos decir que ha sido el gran ausente de esta temporada. Sí, ha estado, ha hecho cosas (yeah, magnets, bitch!), pero ha perdido gran parte del protagonismo que tuvo en temporadas anteriores. Eso sí, Aaron Paul sigue siendo el tipo que mejor llora en televisión… junto a Donald Glover, claro.


«Yeah, donuts, bitch!»



Al final de Gliding Over All hemos visto a un Walt que abandona el negocio, ese mismo negocio que, tal y como le confesó a Jesse, «es lo único que me queda». El motivo parece evidente: no es porque ya esté FORRADO, ya que hacía tiempo que tenía más dinero del que podría gastar. Hagamos un poco de memoria: ¿recuerdan el flashforward que inauguró la temporada? En él, Walter tenía una tos sospechosa, tras la que se tomaba unas pastillas. Eso, sumado a la resonancia a la que se somete en el último capítulo, nos lleva a una conclusión obvia: el cáncer ha vuelto.

Se comentó en el Focoforo que sería un recurso fácil hacer que Walter volviese a enfermar para que el espectador recuperase la empatía perdida por el personaje a lo largo de los últimos episodios, y es que Heisenberg ha ordenado asesinatos, envenenado a un niño, permitido la muerte de otro, acabado con la vida de uno de sus compañeros y amenazado a su mujer, entre otras lindezas. Sin embargo, todo apunta a que va a ser precisamente ahora que Walter ha dejado el negocio cuando la DEA va a ir a por él.

Por un descuido (descuido GRANDE para alguien tan cuidadoso, la verdad), Hank, el cuñadísimo, el mismo que empezó la serie como un patán, ha juntado las piezas del puzzle y PUM: Walter es Heisenberg. Y todo esto deducido desde el baño, oigan. Qué FINURA.


«¿Walt es Heisenberg? PA‘ CAGARSE».


¿Qué esperar de la recta final de Breaking Bad? Ni idea. Por mí, más Saul Goodman, ese Crapsmith de los abogados, al que esta temporada he echado de menos. Lo que sí es seguro es que habrá un épico enfrentamiento entre cuñados, y no me refiero a la clásica discusión de la cena de Nochebuena, no, sino a uno (casi) igual de violento. Y es que Walter no puede acabar vivo, ¿verdad? 

Eso sí, visto lo visto, dudo que sea el cáncer el que lo mate. Vince Gilligan siempre ha dicho que Breaking Bad iba de la evolución de un personaje «de Mr. Chips a Scarface», y en esta temporada hemos tenido dos referencias a la película de De Palma. Una muy evidente, esa noche en la que ve con su hijo la famosa escena de  «say hello to my little friend!», y la segunda esa ametralladora que compra en el flashforward y que presagia un baño de sangre para acabar la serie.

P.D.: Sé que este BIRRIOSO artículo no le hace justicia a la serie. Qué le vamos a hacer.