11 ago. 2012

Breaking Bóinez


«He said, "Mr. Motherfucker, you know who I am"
The barkeeper said, "No, and I don't give a good goddamn"»
Stagger Lee, Nick Cave & the Bad Seeds



Una semana más, y tras haber escrito otra entradilla forzada, vuelve RduTcB, un blog que recicla chistes.

La semana pasada, mi vida corrió PELIGRO. Bueno, en realidad no tanto, pero de alguna manera he de llamar su atención, ¿no creen? Y dado que no tengo escote que mostrar, esta es una manera tan buena como cualquier otra.

¿Y qué pasó, perras entonces? Pues que tuve un encontronazo en la tercera fase cani. «Bueh, gran cosa, teniendo en cuenta que vive usted en tierras levantinas», dirán ustedes, ya acercando el cursor hacia la esquina superior derecha para cerrar la ventana. «¿Una anécdota personal? Se ha quedado sin ideas, Bóinez, péguese un tiro», dirán otros, abriendo ya otra pestaña donde darle un tiento al blog del amigo Bróchez. Sin embargo, yo digo QUÉDENSE, pues la anécdota tiene su miga, y habrá jocosos chistes e insultos gratuitos por el camino. De momento, un teaser:


DON’T FUCK WITH BÓINEZBERG


AVISO: Puede que la anécdota parezca más épica de lo que en realidad fue. Sin embargo, todo son hechos reales.

Iba yo andando por la calle el domingo por la tarde, ya saben, ese momento en el que cualquier ciudad está tan desierta como el cráneo de un videobloguero, escuchando música como quien no quiere la cosa cuando de repente, a lo lejos, CANIS. Desgraciadamente, no es algo raro en Valencia, por lo que seguí caminando.

No habían pasado ni tres minutos cuando oí unos ruidos guturales detrás de mí. Una parodia de voz humana, un sonido que cabría esperar oír de un shoggoth que intentase replicar unas cuerdas vocales sin conseguirlo del todo, unos alaridos que sonaban como «¿shmene arro?». Pensando que la cosa no iría conmigo, proseguí mi marcha, si bien algo intranquilo ante la posibilidad de haberme adentrado en la dimensión desconocida.

Al poco, otra vez ese sonido, que resultó ser, tras quitarme uno de los auriculares, uno de los tres canis, que me seguían a unos cuantos metros, gritando «¿TieEeEeNeEeS uN CiGaAaRroH?». Mi sincera respuesta fue un sobrio «no, no fumo», pero entonces sentí una perturbación en la Fuerza y tuve un mal presentimiento. ¿Sería esta una de esas ocasiones en los que los canis, cual Dahaka incansable, perseguirían a su posible víctima (en este caso, su humilde servidor) hasta intentar sonsacarle sus pertenencias?


Pozí.


Y es que claro, iba yo provocando, ahí con mi camiseta de los 4F y mi bolsa de Marvel. ¡Y encima escuchando música! Generalmente, tampoco es difícil zafarse de estos PESAOS, ya que basta con acercarse a cualquier grupo de gente o establecimiento para que pierdan el interés (y es que son tontos, pero no tanto), pero les recuerdo que era domingo, por lo que el establecimiento más cercano era un KFC que estaba a unos diez minutos. Diez minutos durante los que tenía que distraerles si quería conservar mis preciadas, preciadas posesiones capitalistas.

Sinceramente, tampoco fue tan complicado: bastó con fingir no oír sus comentarios las primeras cuatro o cinco veces que los formulaban, para luego decirles «no, no, que no fumo, ya os lo he dicho» y así se les tenía callados durante un rato. Sin embargo, cuando ya estábamos cerca del KFC, dos de los tres chiflados tiraron por una acera, mientras que uno de ellos me seguía por el paso de peatones que me llevaría a esa puerta que nunca había tenido tantas ganas de ver. El diálogo que tuvo lugar mientras caminábamos fue el siguiente (es un paso de peatones laaaargo).

- Eh, ¿llevas un euro?
- No.
- ¿No llevas un euro?
- No.
- ¿Sales a la calle sin dinero?
- Sí, es domingo y solo voy a dar una vuelta. No llevo dinero.
- Pero hora sí llevarás, ¿no?
- (enseñándole las muñecas desnudas) Ya ves que no.
- ¿Y en el iPod?
- En el iPod tampoco.
- Va, saca el iPod y dime la hora.
- No.
- Pues el móvil.
- Tampoco.
- ¿No me vas a decir la hora?
- Correcto. Va, no quiero problemas, es domingo y hace calor, déjame en paz, anda.
- Problemas vas a tener si no me dices la hora. ¿Por qué no quieres sacar el iPod o el móvil?
- Los dos sabemos el porqué, hombre. Déjame, anda.

Como ven, ASTUTAS ESTRATAGEMAS las que usaba nuestro reshulón amigo para intentar embaucarme. ¡En ningún momento sospeché que quisiera robarme!


El tío era como Moriarty, pero con gorra, bañador y chanclas.


Por suerte, en ese momento ya estábamos casi en la puerta del KFC, pero el gaznápiro seguía insistiendo en que hiciésemos un intercambio de bienes: cualquier cosa mía a cambio de nada.

- Va, tío, dime la hora.
- Si quieres saber la hora, entramos en el KFC, la preguntamos y ya está.
- ¡No, no, ven conmigo, lokoh, ven!

Durante el diálogo, yo ya me había fijado en sus bolsillos para ver si había algo que abultase, porque ya saben que con gente de esta ralea nunca se sabe si llevarán navaja o algo por el estilo. Por suerte (y por desgracia), el bañador que el pobre bruto llevaba en lugar de pantalones era bastante, ejem, ceñidito, y dejaba al descubierto que no llevaba nada. Además, sus compañeros estaban en la otra punta y nosotros ya en la puerta de un local lleno de gente.

Así pues, en cuanto abrió el brazo con ese «ven conmigo» para cogerme por el hombro, BUM, codazo en el plexo solar y BAM, estampado con el hombro contra la esquina del establecimiento, con el golpe en la columna que eso conlleva. Y es que oigan, uno es cinturón negro de kárate para algo.

¿El final de la historia? Sus amigos se acercaron corriendo desde la otra acera preguntando «¿qué pasa, qué pasa?», a lo que el otrora intento de atracador replicó «¡nada, nada, vámonos!» y salieron corriendo. Para mí, un triunfo, qué quieren que les diga. Ya me comprenderán, tampoco es que esto sea una evolución como la de Walter White en Heisenberg («STAY OUT OF MY TERRITORY», les tendría que haber dicho, para pasar a llamarme Bóinezberg o Heisenbóinez), pero no negaré que sienta BIEN darle la vuelta a la tortilla de vez en cuando y no dejarse avasallar. Nobody messes with the blowfish!

Ah, unos pocos minutos después, un pájaro aflojó el esfínter y sus desechos me rozaron el pantalón. Es difícil hacerse respetar.