30 jun. 2012

Extraterrestre, amor pocho del espacio interior

«If you don't want these arms to hold you
If you don't want these lips to kiss you
If you found someone new
Put me back in the crowd
Put the sun behind the clouds
Put me back in the crowd»
Back in the Crowd, Tom Waits



Una semana más, y después de haberme adaptado al desierto postpocalíptico en el que se ha convertido España, vuelve RduTcB, un blog inmune al calJODER, QUÉ CALOR HACE, ¿EH?

Al fin, unos tres meses después de su estreno, conseguí ver Extraterrestre, la segunda película de Nacho Vigalondo. Después de Los cronocrímenes y los numerosos cortos del director, confieso que tenía muchas ganas de ver lo que podía hacer con un reparto tan reducido y un planteamiento tan interesante.

Para los que no lo sepan, Extraterrestre es una comedia romántica ambientada en plena ocupación alienígena. Un buen día, Julio (Julián Villagrán) despierta en la cama de Julia (Michelle Jenner) tras una noche de ligoteo. Él, interesado en Julia, intenta retrasar el momento de irse, todo lo contrario que ella. Al asomarse por la ventana, Julio se da cuenta de que las calles están vacías y hay un ovni gigantesco sobre la ciudad.




Conforme avanza la trama, se introduce al resto de personajes: Ángel (Carlos Areces), el vecino cotilla enamorado de Julia; Carlos (Raúl Cimas), el novio de Julia y el presentador de una cadena de televisión (Miguel Noguera)… y no hay más, ni falta que hace.

Es curioso que todas las interpretaciones vayan ganando fuerza conforme avanza el metraje. Quizá el caso más notorio sea el de Raúl Cimas (de cuyo personaje Vigalondo espera contar algo más, según dijo en el Cinema Jove), algo forzado cuando tiene que hacer de tipo corriente, pero que se encuentra en su salsa en cuanto le toca adoptar un tono más desquiciado. Especialmente brillantes resultan sus conversaciones por teléfono, con ese «hasta mañana» casual después de un tiroteo.


¿Coincidencia, u homenaje a Quantum Leap? ¿O, quizá, NADA?


Se ha dicho que Julia es un personaje un tanto desdibujado, padecedora del síndrome «zí, ahoda tú edez la chica», lo mismo que el propio Julio. Sin embargo, me parece más bien algo intencionado, ya que son dos desconocidos, tanto para ellos mismos como para el público. Con todo, los personajes que realmente roban las escenas son, como tantas veces suele ocurrir, los secundarios. Esa mirada impertérrita de Areces en la cena, o esos estallidos de ira de Miguel Noguera son impagables. Y sí, dirán ustedes «es que Areces siempre hace el mismo papel», pero creo que no es lo mismo su Payaso triste de Balada triste de trompeta que el Ángel de Extraterrestre. Además, como dijo Vigalondo en el encuentro de Cinema Jove «nadie le decía a Clint Eastwood “¡aaaay, Clint Eastwood, a ver si dejas de hacer westerns, que se te ve el plumero!”, ¿no?». Pues eso. 

Otra de las críticas más oídas ha sido que «no salen extraterrestres en la pelikula i la pelikula se yama extraterrestre pero k timo no loko?????», comentarios vertidos en su mayoría, es de suponer, por gente que no ha oído hablar de la palabra «metáfora» en su vida. Y es que hay que ser bastante NECIO para ver la película y pensar que el extraterrestre del título tiene un sentido literal.


«ps tio si sale un obni llo kiero ber alienijenas!!!!! :@@»


Extraterrestre es, ante todo, una película sobre las relaciones, sobre el amor, la obsesión y afrontar que, a veces, se está de más. Un portazo en la cara de los que decían que a Vigalondo se le saca de la ciencia ficción y no sabe hacer nada. Claro, que los que decían esto poco sabrán de su carrera como cortometrajista, con ejemplos como Marisa. Jason Reitman dijo que era «el Woody Allen de la ciencia ficción», y no es difícil encontrar paralelismos entre Julia y Julio y muchas de las parejas del cineasta neoyorquino, como esa sensación de desasosiego y de que la relación no puede acabar bien. Con sonrisas por el camino, sí, pero un relato de amor pocho a fin de cuentas.

Bien es cierto que la película sufre ciertos bajones de ritmo en algunos momentos (sobre todo en la primera media hora) y algunas ideas que pecan de ingenuidad, como ese «no hay nadie en la calle» y que nos muestren una calle que casi parece un callejón, pero hay que reconocerle algunos momentos de brillantez. Sirvan como ejemplo esos flashbacks MAL, que se burlan del subrayado para idiotas que tan popular es en el cine actual, o esa escena con el mechero «para que los ojos se acostumbren a la luz» en la que la iluminación aumenta gradualmente, o ese plano final, reminiscente de Los cronocrímenes, que es puro HAMOR.


Extraterrestre es una película divertida. No divertida de las de carcajadas (aunque alguna hay), sino divertida de tener una sonrisa en la cara durante gran parte del metraje. Pero es que además es una película emotiva con situaciones con las que no les costará identificarse a poca experiencia que tengan en esto del HAMOR.





P.D.: Ojo a la canción con la que acaba la película, un tema de The Magnetic Fields, All My Little Words, que tengo metida en la cabeza desde que salí del cine. Un baladón con banjo. Un banjadón.