12 may. 2012

Teletabisón, un análisis pormenorizado


«¡TELETABISÓOOOOOOOOOOON!
¡TELETABISÓ-OOO-OOON!
¡WINKI DINKI, DISI, LALA Y PO!
¡WINKI DINKI, DISI, LALA Y POOOO!»
Teletabisón, La Chiqui de Jerez



Una semana más, y tras haber hecho un repaso a la filmografía de Chiquito de la Calzada en The Cinéfagos, vuelve RduTcB, ¡un blog con más peliiiiigro que el bautiiiizo de un gremlin!

Probablemente recuerden ustedes a los Teletubbies, esos muñecos con una pinta que, mal que me pese, y ahora que la marea ha pasado, solo puede calificarse de «tróspida», y que asolaron las pantallas españolas en los primeros años de la década pasada.

Estos monigotes eran, supuestamente, educativos, si es que se puede considerar educativo a una panda de bicharracos que se expresan con unas oraciones gramaticalmente atroces y que apenas vocalizan. «No, es que es para niños de hasta cuatro años», decían sus defensores. Ya, bueno, pero una cosa es ser niño y otra es ser MENTAL, oiga.


El equipo de guionistas de Buenas noches y Buenafuente.


Este programa, que como ya les he dicho, estaba orientado a niños de preescolar, tuvo una inexplicable acogida entre gente de más edad. De BASTANTE más edad. Y es que no eran pocos compañeros míos de clase (servidor es de 1990, para que se hagan una idea) los que estaban entusiasmados con aquellos mequetrefes. Claro, que años después vi cuántos llegaron a pasar más allá de la ESO, y todo encajó a la perfección.

Pero hoy no vengo a hablarles de las limitaciones intelectuales del público de los Teletubbies, no, ni a darles la tabarra con que el morado era homosexual (había que decirlo), ni a divagar sobre el porqué de ese sol con cara de bebé tan siniestro, ni a ilustrarles sobre el asombroso parecido entre la casa de los Teletubbies y el interior de la TARDIS, sino a compartir con ustedes una joya musical que me descubrió el Dr. Fleibur: Teletubbies son o, como a mí me gusta llamarlo, Teletabisón.
Efectivamente, astutos lectores, es la canción con la que he abierto el artículo. Sin embargo, como sé que no clican ustedes ni aunque les apunten con un revólver en la sien, se la vuelvo a dejar en cómodo formato youtubesco para su disfrute antes de meternos en materia:


¿Por dónde empezar a analizar esta joya de la Chiqui de Jerez, hermana del cantante de Navajita Plateá? La letra es más compleja de lo que parece a primera vista, por lo que quizá sea mejor desglosarla.

«¡TELETABISÓOOOOOOOOOOON!
¡TELETABISÓ-OOO-OOON!
¡WINKI DINKI, DISI, LALA Y PO!
¡WINKI DINKI, DISI, LALA Y POOOO!»

Como ven, el tema comienza poniéndonos en situación, dejando claro que los protagonistas de la canción «teletubbies son», es decir, que todos pertenecen a un mismo colectivo, pero, antes de que el oyente cometa el error de pensar que son todos iguales, la Chiqui se apresura a reafirmar la individualidad de cada uno: «Winki Dinki, Disi, Lala y Po». Nótese la insistencia de la artista en que tantos los nombres como la etnia de los personajes queden claros desde el principio, algo que consigue con la duplicación de cada verso. Este fragmento, como no podía ser de otro modo, sirve de estribillo y se repetirá entre estrofa y estrofa para afianzar, más si cabe, el statu quo de los Teletubbies.


Fig. 1: «Teletabisón».


«Son muñecos de colores
Salen en televisión
Y a los chicos y a los grandes nos alegra el corazón
Y a los chicos y a los grandes nos alegra el corazón»

Esta estrofa ilustra a la perfección lo que contábamos antes: el éxito de los Teletubbies más allá de las fronteras de su público objetivo. Además, una segunda lectura nos revela algo que se nos puede pasar por alto si no prestamos atención: ni más ni menos que un relato, minimalista pero efectivo, de las cualidades de los Teletubbies(son). En efecto, los Teletubbies «son muñecos de colores» que «salen en televisión». Sin embargo, su naturaleza de polichinelas catódicos no evita que cumplan una función encomiable: la de alegrar las vidas de grandes y pequeños. La Chiqui, consciente de la importancia de esto, se encarga de recalcar esta misión, quién sabe si autoimpuesta, mediante el uso reiterativo del último verso, que nos recuerda al famoso «I wanna hold you hand / I wanna hold you hand / I wanna hold your hand» de I Wanna Hold Your Hand, de los Cuatro Fabulosos de Liverpool.

«Señores, los Teletubbies son muñecos muy graciosos
Todos los niños los llevan en camisetas y en bolsos
Todos los niños los llevan en camisetas y en bolsos»

A partir del uso del vocativo «señores» se infiere que aquí la artista busca la complicidad del oyente, involucrándolo en su relato y haciéndolo partícipe de su relación con los Teletubbies, de los que capta inmediatamente su espíritu: personajes «muy graciosos», ya que gran parte de las tramas que ofrecía el programa tenían que ver con cómicos malentendidos o hilarantes porrazos. Volviendo al «señores», sin embargo, podríamos encontrar un punto negativo: el innegable sexismo lingüístico del que hace ostentación la Chiqui al no cantar «señores y señoras». Sin embargo, este es un tema más apropiado para otra entrada, ¿Sexismo en Teletabisón?  y, por lo tanto, no lo trataremos aquí. 

La estrofa, además, muestra los resultados del estudio sociocultural que sin duda la Chiqui llevó a cabo para poder afirmar, sin temor a equivocarse, que «todos los niños los llevan en camisetas y en bolsos». Esto demuestra que la Chiqui, pese a su condición de artista, no está desligada del hombre de a pie, sino que, al contrario, disfruta mezclándose entre el pueblo llano y observando sus costumbres, como la omnipresencia textil de la figura de los Teletubbies.


Fig. 2: «Y a los chicos y a los grandes nos alegra el corazón».


«Mi niño Moi, mi Saray, mi Rihanna y mi Rubén
Quieren ver los Teletubbies a la hora de comer
Le pongo los Teletubbies a la hora de comer»

Con esta, la última estrofa, la Chiqui desnuda su alma y comparte con nosotros una anécdota familiar. No solo nos confiesa que sus hijos «quieren ver los Teletubbies a la hora de comer», revelando así el dato de que en su casa se come viendo la televisión, sino que también expone los nombres de sus cuatro hijos. Ahora bien, a partir de aquí podemos hacer dos interpretaciones respecto a sus vástagos: la primera afirma que son cuatro individuos distintos (recordemos, cuatro como los Teletubbies son) y que el «le pongo» es en realidad un «les pongo» pronunciado con su característico acento jerezano.

La segunda, tal vez más interesante, establece un paralelismo religioso con la Santísima Trinidad. Así pues, el «le pongo» sería intencionado, ya que sus cuatro hijos serían los cuatro componentes de una sola entidad, de ahí el uso del pronombre en singular. Esta teoría se ve reforzada por el nombre del primer niño, «Moi», probablemente un diminutivo del bíblico «Moisés». Sin embargo, el significado real aún no se ha esclarecido, por lo que habrá que realizar futuros análisis.

La canción termina con una repetición cuádruple del estribillo, que se desvanece de una forma tan suave como la afelpada piel de los protagonistas de la canción. De este modo concluye una de las mayores joyas de la canción jamás creadas en España y, probablemente, en el mundo entero.


Espero que, gracias a esta entrada, hayan expandido sus horizontes culturales y sean, si no más sabios, al menos más felices. La próxima vez que mantengan una conversación sobre los mejores compositores musicales de todos los tiempos, no se olviden de mencionar a la Chiqui de Jerez y su Teletabisón. El resto de los interlocutores se lo agradecerán, les aplaudirán, y ustedes quedarán como unas auténticas fuentes de conocimiento.