24 mar. 2012

The Walking Dead: muertos de aburrimiento

«The zombies were having fun
The party had just begun»
Monster Mash, Bobby «Boris» Pickett


Una semana más, y tras estrenar cabecera nueva con un mini Bóinez hecho con hamas por una persona cuya identidad no revelaré, pero que es mi novia, vuelve RduTcB, un blog con oraciones subordinadas en las entradillas.


Hace unos días, la segunda temporada de The Walking Dead acabó, y aún se oyen los gritos de júbilo de los televidentes. Y es que, reconozcámoslo, esta temporada ha seguido la línea pocha de TS-19, sometiéndonos a tediosos capítulos de los que solo valía la pena ver los cinco primeros minutos y los cinco últimos. 

Huelga decir que, si no han visto la serie y piensan hacerlo, tal vez leer esta entrada no sea la mejor idea. Si es usted uno de esos, puede entretenerse leyendo un artículo POSITIVO sobre The Spirit en Crisis creativa.


PIE DE FOTO GRACIOSO.


Antes del estreno de la temporada, se empezaron a oír rumores: que si Frank Darabont iba a abandonar la serie, que si gran parte del metraje que había rodado era inutilizable… al final a Darabont le dieron la patada por el vil metal, y la serie se tambaleó como uno de los zombis que aparecen de vez en cuando en pantalla.

Por otro lado, tampoco es justo achacar el declive de la serie a la marcha de Darabont, ya que en la primera temporada dos de los seis capítulos fueron puro relleno. Sin embargo, cuando uno lee lo que el director especializado en Stephen King había preparado, no puede evitar preguntarse «¿y si…?» mientras se mesa la barba y mira al cielo. De todos modos, no estoy aquí para hablar de lo que hubiera podido ser: eso se lo dejo a los poetas moñas.

Lo cierto es que la primera mitad de la temporada fue soporífera: siete capítulos buscando a Sophie, la hija de Carol. SIETE CAPÍTULOS. Y al final, la única solución lógica: la niña se había convertido en un espectador de Intereconomía un zombi descerebrado. Por supuesto, por el camino nos tragamos varias escenas de búsqueda, escenas que podrían haber servido para desarrollar a los personajes… pero no. En The Walking Dead la evolución de los personajes se da como en los Pokémon: de repente, a no ser que uno sea Shane.


EsHe sHaNe ReShuUuLoOoOoN


Si algo hemos aprendido de esta temporada es que, si eR ShAnE tE BaSiLaH tU tE KaYaH i LoO aSiMiLaH. Ya sea matar al gordinflas de Otis para salvar el pellejo, desnucar a Randall o darle una paliza a Rick, nada es suficiente para el otrora mejor amigo de Rick, con quien ha tenido sus más y sus menos esta temporada. Tantos, que de hecho deberían haberle añadido un subtítulo a la serie: La balada de Rick el buenazo y Shane el pragmático.

Claro, a todos nos parece que Shane es un desalmado, pero hay que tener en cuenta que, en esa situación, la actitud de Shane es la que acarrea una mayor posibilidad de supervivencia. La afición de Rick a poner en peligro a todo el grupo por cualquier cosa no es, quizá, algo que vaya a dar buen resultado a medio plazo.

Sin embargo, Rick ha demostrado ser el mayor defensor de la democracia… siempre que le favorezca. Cuando se votó si ejecutar a Randall (ya saben, el miembro del grupo que se encontraron en el bar) o dejarlo en libertad, Rick acató solemnemente la decisión de matarlo. Esto es, claro, hasta que su hijo le vio y le entraron remordimientos, momento en el que mandó a tomar por saco a la democracia y optó por dejarlo vivir hasta que decidiese qué hacer con él. Claro que sí, hombre. Si Rick fuese un partido político, sería el PP, quejándose de que Amaiur tiene escaños por culpa del sistema de d’Hondt pero obviando que gracias a dicho sistema él mismo tiene más escaños de los que le correspondería. ¡Crítica política!


«¡Ay, que te cojo!»


Finalmente, Rick se ha atado los machos y nos ha deleitado con un discurso al final de Beside the Dying Fire que se podría resumir en un «a partir de ahora, aquí manda mi polla». Un cambio de personalidad tan repentino como el de Carol, que ahora se dedica a comerle la cabeza a Daryl, quien también ha pasado de cabrón a sensible a cabrón again en esta temporada; Lori, que ha pasado de chuscarse a Shane a repudiarlo y a disculparse después (a tiempo de que Shane la espichara. TDS PTS.);  o como Carl, el repelente hijo de Rick y Lori, que tras haber sufrido en sus carnes el efecto de un balazo y casi haberla cascado, se está volviendo un insensible.

De todos modos, el mayor problema de la temporada ha sido la granja, donde los personajes se atrincheraron mientras los espectadores no paraban de pedir a gritos que la abandonaran de una puñetera vez. Una etapa que no debería haber durado más allá del parón, pero que ha abarcado la temporada.

Por otra parte, quizá debamos considerar que era un recurso de los guionistas para que compartiésemos la angustia de los personajes: ellos no ven salida de su situación, nosotros no vemos salida del tedio que supone ver que, capítulo tras capítulo, la trama está tan estancada que un caminante podría quedarse atrapado en ella.


«¡SALID DE LA GRANJAAAA, HIDEPUTAAAAS!»


Sin embargo, no todo ha sido malo esta temporada. Para ser justos, los tres últimos capítulos han estado bastante bien, demostrando así que cuando mejor funciona The Walking Dead es cuando se aleja de la Triple F: la Fórmula FlashForward, que consiste en que en todo el capítulo no pase absolutamente nada más que en los últimos cinco minutos, a ser posible, con una cancioncilla de fondo.


¿Qué nos deparará la tercera temporada? Por lo que parece, Michonne y el Gobernador, que, según afirman los puristas del cómic, será algo mejor que la primera visita de Jesucristo. Sin embargo, si algo me enseñó la cuarta temporada de Héroes fue a no esperar que las series aprendan de sus errores pasados, por lo que me mantengo cauteloso respecto a los próximos episodios, de los que aún se desconoce su fecha de emisión. Aunque, ¿a quién le importa, sabiendo que Breaking Bad vuelve en julio?


T-Dog también existe.