17 mar. 2012

De tuitstars y Favstar: endogamia à la Habsburgo

«He asks me for my autograph
I write Nobody»
More News from Nowhere, Nick Cave & the Bad Seeds



Una semana más, y tras haber sobrevivido a la dura experiencia de ver Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera y escribir sobre ello, vuelve RduTcB, ¡el blog más fiiiiistro de Chiquitistán!

Twitter, esa red social que tantas alegrías nos da, siempre que no se siga a Buenafuente. De un tiempo a este parte, está en uno de sus mejores momentos en cuanto a número de usuarios se refiere, la mayoría animados por el efecto «e vamos a acernos tuister k en otra mobida i el ormigero tienen i te ries un uebo ajjajaj».

Como en todo, hay varios tipos de tuiteros: los que tuitean todos y cada uno de sus movimientos (que se aburran en clase no significa que tengan que aburrirnos a nosotros contándolo), los que solo retuitean contenido de otros, los que confuden Twitter con un chat… pero hoy nos centraremos en los tuitstars, o twistars, o tuiteros estrella, o como les salga de las narices llamarlos.

Ya saben a lo que me refiero: tuiteros con miles de seguidores que ven como cada uno de sus tuits es celebrado con retuiteos, favoriteos y demás cosas acabas en –eos, como «macabeos». Corre el rumor de que algunos incluso han conseguido vender sus tuits a una editorial para que los recopile en un libro. Nah, es broma. En realidad es un PDF autoeditado con prólogo de Raquel Martos. ¡Como si fuese algo bueno!

Cuando se habla de endogamia, hay varios colectivos que salen a colación: los Habsburgo, los rednecks o incluso los podcasters. Sin embargo, nunca se menciona a los tuitstars. O tal vez sí, pero la entradilla queda mejor si digo lo contrario, ¿no creen?


Tuitstars: autorretrato.


Seguro que todos ustedes conocen a varios tuitstars: son los autores de esos tuits que ven en su TL, retuiteados por alguien, y que les hacen arquear una ceja mientras se preguntan «¿qué hora será? ¿y esto tiene gracia?», y miren, puede que la tuviera hace seis meses, que es probablemente cuando empezaran con la gracieta. Sí, uno de los mayores problemas de los tuitstars es que, cuando no copian chistes viejísimos o tuits de otros, cogen una fórmula y la repiten una y mil veces, como si de unos josemotas se tratasen. Por ejemplo, la fórmula del «¿qué queremos?», que se ha visto repetida ad nauseam, hasta el punto de llegar a desesperar al pobre @casiotones.

Por eso mismo, seguir a varios tuitstars es como ver Gran Hermano y después Sálvame: lo mismo pero con otro envoltorio. Si se hiciera una prueba de mercado en la que hubiera que distinguir los tuits de un tuitstar de los de otro, el resultado sería el mismo que en esa en la que había que distinguir un vaso de Red Bull de otro con orín de mono: es imposible, porque están cortados por el mismo patrón.

Sin embargo, ahí están, con miles de followers (ya oigo al mental de turno diciendo «a ti lo que te paza ez que tienez envidia»), cientos de favoriteos, #FF endogámicos e innumerables tuits sobre el #saraosecreto, supuestas quedadas que hacen para fumar en pipa y manejar los hilos de la sociedad. O eso dicen.

No negaré que yo tuve mi etapa en la que seguía a varios tuitstars, pero tengo excusa: era mi primerito día era joven e inexperto. Venga, pero si hasta seguía a Buenafuente y a Berto. ¡A Buenafuente y a Berto! Por suerte, y como todo tuitero, maduré y me lié a unfollows. Y, cuando ya me creía a salvo, llegó Favstar.


Imagínense que deciden aprovechar el .fm y hacen uno de esos odiosos programas en los que leen tuits.


Por si no andan familiarizados con Favstar, les explicaré brevemente en qué consiste: es una web en la que se lleva un registro de los favoriteos y retuits que han recibido los tuits de un usuario. Ya, ya sé que eso también lo hace Twitter ahora, pero antes no y, además, Favstar está mejor organizado.

Lo que en principio no es más que una herramienta para que los tuiteros nos subamos un poco el ego (como si nos hiciera falta) se convirtió poco a poco en la pesadilla de cualquier TL. Que levante la mano el que no haya sufrido retuiteos de las notificaciones de los puñeteros bots de Favstar. Que si «enhorabuena por tu 50º favoriteo», que si «enhorabuena por tu 100º retuiteo», que si «enhorabuena por ser imbécil y haber contratado nuestro servicio de pago»… porque sí, Favstar tiene funcionalidades de pago.

«¡Vaya, funcionalidades de pago! ¡Si algo me ha enseñado el capitalismo es que no hay nada que cueste dinero que pueda ser malo!», oigo decir a un lector. Bueno, en realidad no, pero de algún modo hay que empezar el párrafo, diantres. Volviendo a las funcionalidades, ¿qué me responderían si les dijera que por la mísera cantidad de sesenta dólares al año pueden ver más tuits y dar un trofeo al «Tuit del día»? ¡Exacto! ¡Me dirían que me fuera a la mierda a tomar por culo sacarían la escopeta no les interesa! Pues ahí están, retuiteando cada notificación e incluso llegando al extremo de pedir que les favoriteen los tuits «para llegar a los cincuenta favs», como si de ello dependiera su vida o su futuro profesional. Luego tienen la versión wannabe, los que retuitean la notificación de cinco favs y se van a la cama con la satisfacción de haberlo PETADO.


Solo le falta llevar la gorra al revés y hacer el ronquido.


Algunos parecen creer que se van a ganar la vida con esto de Twitter, y por eso procuran no mancillar sus TL con menciones a otros usuarios, no vaya a ser que los tuiteros de a pie se lleven una impresión equivocada y crean que son humanos. Aunque, para hacer honor a la verdad, algunos sí interactúan con otros tuiteros, pero luego borran esos tuits. Es un estado intermedio de la evolución, a mitad camino, entre Pinto y Valdemoro, ni chicha ni limoná, y demás expresiones que vienen a significar lo mismo.

Y, por supuesto, no falta la versión tuitera del Adiós Blogger de Wally Week, aunque en este caso no es tan frecuente porque, ¿se imaginan que vuelven a Twitter y ya no les sigue tanta gente como antes? «Más vale seguidor en mano que ciento volando», o algo así. Sin embargo, se dan casos, generalmente acompañados de un «aquí os dejo mi Favstar para que me sigáis hinchando el ego aunque ya no esté». Por lo general, a los seis días ya están otra vez en Twitter, con un nick similar al anterior, para que la gente sepa que son ellos. Y el ciclo se repite.


«DADME FAVS QUE SOY GRASIOSITOOOOU QUE SOY TUIIIIITSTAR MECAGONDIOS OS MATARÉ A TODOS». Gag cortesía de @casiotones.


«¡Recórcholis, Bóinez! ¡Me ha abierto los ojos! ¡Jamás seguiré a un tuitero que tenga más de mil seguidores!», me grita un desquiciado al oído (una vez más, no. Qué locurón si fuera cierto, ¿eh? Madre mía, estoy to’ loco). Oigan, que yo no he dicho eso: también hay tuiteros con miles de seguidores que se los merecen, no van de divos y además son HAMOR. Por desgracia, son una rara avis, tanto que ni siquiera los considero tuitstars, sino «tuiteros de BIEN con muchos seguidores». Lo sé, nunca fui demasiado bueno a la hora de acuñar términos.


Y ahora, me voy a seguir tuiteando, a ver si consigo ser un tuitstar y puedo empezar a retuitear las notificaciones de Favstar como un poseso, y ya de paso que lean mis tuits en algún programa de radio, para que algún presentador pueda cobrar por tocarse las narices. Y que me den croquetas. Muchas croquetas. Montones de croquetas. CANTIDADES INGENTES DE CROQ