11/2/2012

¿Qué fue de Juan «el otro de Cruz y Raya» Muñoz?

«No tengo ganas de ser gracioso
No tengo ganas, no me hagas reír
No tengo ganas de echar mano a la ironía
No tengo ganas de mentir»



Una semana más, y tras haber sobrevivido a una segunda era glacial en Salford, vuelve RduTcB, un blog cuyo autor se traga los más infumables pilotos para ofrecérselos en bandeja de plata.

Dúos cómicos. Martes y Trece, Tip y Coll, Faemino y Cansado, un par de Mongonymous cualquiera… Todos ellos, en un momento u otro, nos han hecho reír, pero, ¿qué pasa cuándo se separan? Pues, en numerosas ocasiones, que uno mantiene (más o menos) el nivel de éxito con el que contaba antes, y el otro se come una mierda no alcanza el reconocimiento deseado.

A veces, como les pasó a Pajares y Esteso, Josema Yuste y Millán Salcedo, o a los abofeteantes Bruno y Nino (o Nino y Bruno) de Muertos de risa, esta separación se debe a que los integrantes del dúo no se pueden ni ver. En otros, como en el de Cruz y Raya, sencillamente se debe a que cada uno quiere emprender sus propios proyectos. A José Mota le ha ido BIEN, ahí sigue, en La 1, haciendo lo mismo de siempre e infestando los hogares españoles en Nochevieja, pero, ¿qué fue de Juan Muñoz?


También conocido como «el rubio de Cruz y Raya», «el menos gracioso de Cruz y Raya» o, como yo lo llamo, «el más odioso de Cruz y Raya».


Tras separarse de Mota, Muñoz decidió, en vista de las circunstancias, contratar como agente al señor Crapsmith, quien sin duda fue el que le animó a violar una y otra vez el repertorio de Dire Straits o a aparecer en Callejeros ejerciendo de maestro de ceremonias de una fiesta de bar en Torrevieja. No, en serio. Vean, vean como Muñoz hace chistes sonrojantes y le tira cacho a todo lo que se mueve. El señor Crapsmith también produjo el piloto de una propuesta para un nuevo programa que quiso hacer… pero no adelantemos acontecimientos.

Hace unos meses, Juan Muñoz fue entrevistado en La noria (cuidao), donde hizo gala de su savoir faire y encandiló al público con su humor y… nah, no les engañaré. Yo la vi y cayó bajo. Cayó MUY bajo. Intentó aparentar que está PETÁNDOLO y que estaba a punto de volver a colaborar con José Mota, pero los perráncanos de La noria se empeñaron en refregarle por la cara que Mota, en una entrevista de hacía solo unos días, había desmentido los rumores de un posible regreso.

¡Pero no todo fue malo! Juan Muñoz tuvo ocasión de ofrecer una performance de uno de sus mayores éxitos: el famoso ronquido (que aquí transcribiremos como «GRRRRRRRRRRRRRC») de Ramón, uno de los dos abueletes manchegos del famoso sketch crucirrayesco. La conversación siguió así, más o menos:

Juan Muñoz: Bueno, ahora estoy haciendo unos monólogos y…
Cristina Tárrega: ¡Haz el ronquido! ¡El ronquido! ¡GRRRRRRRC! ¡JAJAJAJAJA!
JM: (ignorándola) También estoy en charlas para hacer una gira teatral que…
CT: (de fondo) ¡GRRRRRRRC! ¡GRRRRRRC! ¡Era buenísimo! ¡Ahí, con el GRRRRC!
JM: (resignado) Sí, yo me ponía y hacía eso de «¡GRRRRRRRRRC, AAAAAAY!».
CT: ¡JAJAJAJAJAJAJA! ¡GRRRRRRRRC! ¡JAJAJAJAJA!

Durante el resto de la conversación, Cristina Tárrega siguió roncando por el fondo. Juro por Tom que no me lo invento. Fue TERRIBLE.


«¡AJAJAJAJJJAJAJJJJ! ¡Un saxofón de corbata! ¡Y ahora haz el ronquido! ¡EL RONQUIDO!»


Pero, por vergonzante que fuera ver a Muñoz humillándose de tal manera, como si fuera un mono de feria, o de ligoteo en Torrevieja en lo que, como dijo LTBookman, parecía «un mockumentary a lo Ricky Gervais», peor fue ver el aborto humorístico que subió Juan Muñoz a su propio canal de Youtube en junio del año pasado.

Un piloto. El piloto de Esta noche, Juan Muñoz, que he recopilado en esta lista de reproducción por si tienen LOS SANTOS COJONES de verlo entero. Yo lo he hecho y, créanme, no es agradable. Han sido los peores cuarenta minutos de mi vida, y eso que he visto monólogos de Dani Rovira.


Lo más inquietante no es ese intento de humor poniendo «el pograma», sino que ha usado la misma tipografía que yo para la cabecera de RduTcB. Me siento SUCIO.


¿Qué podemos encontrar en Esta noche, cáncer del humor Juan Muñoz? En esencia, lo peor de Cruz y Raya en un solo programa. ¿Juan de Dios y su paaapa? Están ahí. ¿Sketches que acaban con los personajes pegándose porque sí? Están ahí. ¿Imitaciones chuscas? Están ahí. ¿Sonidos a lo Hanna-Barbera metidos con calzador? Están ahí. ¿Jorge Sanz? ESTÁ AHÍ.

El programa empieza con un gracioso, ¿qué digo «gracioso»?, HILARANTE monólogo en el que Juan Muñoz nos explica por qué se dedica a esto del humor:

«Soy humorista porque dicen que, para serlo, hay que tener tres cualidades muy importantes: primero, tener mucha cara, y yo tengo mucha cara. Segundo, tener mucha memoria, y yo tengo mucha memoria. Y tercero, ser muy inteligente… y yo tengo una cara que me la piso».

Ejem. Y de ahí, cuesta abajo, por difícil de creer que resulte. El programa sigue el mismo formato que los de Cruz y Raya. Es decir, sketches independientes entre los que se intercalan otros de menor duración que se van continuando entre las piezas más largas. Por el bien de su salud mental, y para ahorrarles su visionado, les ofrezco un resumen. Así es, me sacrifico por ustedes. ¿Quiere decir eso que soy el nuevo Jesucristo? Bueno, no me corresponde a mí decir eso... pero SÍ.

- Callejeroos: Sí, con dos «o». ¡HUMOR! En la cabecera, un grupo de reporteros ve a un gordaco corriendo… ¡y luego le dan una paliza! ¡Jajaja! ¡Porque los gordos dan asco y hay que pegarles! ¡Madre mía! Cuando empieza el «reportaje», vemos a Juan de Dios (ya saben, el gitano de El Ekipo Ja y demás mierdas) tocando la guitarra y cantando, cuando llega la reportera. Juan de Dios, con toda la gracia que tiene (¿?) le dice que el gordaco de la cabecera es el hijo secreto del paaaapa (una vez más, José Carabias), todo esto con muchos «aaaaaaaaaaaay», «shurmano» y «shurprimo» de por medio, que de alguna manera habrá que resaltar que son gitanos, caramba. Como no podía ser de otra manera, el GENIAL! gag acaba con el gordo bailando sin camiseta. POR QUÉ NO.


«¡YAAAAARGH! ¡Esta visión sustituirá a la ballena blanca en mis pesadillas!»


- Darth Váter: Un señor sentado en el váter con una máscara antigás mientras hace de las suyas. Completito con sonidos de ventosidades y respiración de Darth Vader. Jejé. Darth Váter. Qué gracioso, el jodío.

- Johny Tuve: Johny tuve. Yo-ni-tuve. ¡JUAR JUAR! ¡Qué gran juego de palabras! Tras este esplendoroso título (del que podemos inferir que Juan Muñoz es de los que escribe «Johny Deep»), nos encontramos con una serie de parodias de personajes televisivos. Que si Ramón el vanidoso, que si la chica del «la he liao parda»… nadie escapa a las corrosivas imitaciones de Muñoz, que… sencillamente se dedica a imitar el vídeo original palabra por palabra. ¡Pero eh, tiene gracia porque se pone pelucas!


¡JAJA! ¡Va vestido de mujer!


- Belén Esteban: El número de referencias a Belén Esteban en los otros sketches (incluida la inevitable parodia de Cuarto milenio) es alarmante, pero Juan Muñoz decidió, mientras escribía el guion garabateaba en una servilleta, que sería buena idea desempolvar sus inexistentes dotes de imitador y deleitar al infortunado espectador con un sketch en el que Belén Esteban se enfrenta a Jaime Ostos a sillazos. Incluye la desopilante frase «¡Yo por mi silla MA-TO!», que en un alarde de postproducción se repite a varias veces a cámara rápida y cámara lenta. Tronchante, oigan.


Esto está MAL a tantos niveles que no sé por dónde empezar.


- Las caras de Bélmez: O Mélbez, porque aunque Juan Muñoz y el rótulo dicen «Bélmez», la voz en off dice «Mélbez». ¿Equivocación o chiste intencionado? Nunca lo sabremos, pero ¿realmente importa? En este sketch recurrente, el foco del humor son las caras, que quieren fumar y cantan. Jajá. Por cierto, una es el pelmazo de Manuel Tallafé y otra Enrique Villén, a quienes Juan Muñoz debió de secuestrar de algún rodaje de Álex de la Iglesia.


La cara de sufrimiento de Villén es real.


- Manicómic: Villén, Tallafé y Muñoz haciendo el subnormal en un manicomio mientras se acercan a la pared para oír un partido de fútbol. Luego hacen ruidos guturales que imitan
a) cánticos futboleros
b) los procesos mentales del público objetivo de Esta noche, Juan Muñoz

En cualquier caso, terrible y, encima, laaaargo como él solo.


¡Una peluca a lo afro! ¡Un clásico del humor!


- El telediario rural: Aprovechando a Ramón (o, como diría Cristina Tárrega, GRRRRRRRRamón), el sketch consiste en un telediario… pues eso, rural. Rodado en un establo, con un borrico al lado (¡y no me refiero a Juan Muñoz! ¿Lo pillan? ¡Estoy insinuando que Juan Muñoz es un burro! ¡JUAJUAJUA!), Ramón hace un repaso a la actualidad metiendo coletillas manchegas y roncándole a una chica de buen ver que, por algún motivo, entra en plano. La sintonía de las noticias la hace un paleto con una botella de Anís del Mono. Hay nivel.


Ustedes rían, pero ningún sketch refleja como este las dolorosas condiciones bajo las que se rodó el programa.


- Cursos de castellano de nuestra España más profunda: En uno de los sketches recurrentes, Juan Muñoz explica cómo traducir frases complejas a un «español más rural», pronunciadas por un Enrique Villén caracterizado de gañanazo. Por ponerles un ejemplo, si yo les dijera «los videoblogs son la forma más rudimentaria de comunicarse», Villén gritaría «¡YAAAARRRRCTAITAITAI!». Tiene gracia porque son ruidos, y todos sabemos que la gente de pueblo no sabe hablar. Es más, viven en mitad de la nada. Es más, ¿por qué dedicarles un sketch? ¡FUEGO A LOS PUEBLOS! ¡FUEGOOOO!


Y con todo, el más ridículo no es Enrique Villén.


- Los banqueros: Este sketch no sería relevante en lo más mínimo de no ser por (PUM) Jorge Sanz. Sí, amigos, el otro gran desaparecido del panorama televisivo, y a cuyo último trabajo, ¿Qué fue de Jorge Sanz? homenajea el título de esta entrada. Antes de acabar de ver Esta noche, Juan Muñoz ya tenía claro el título de esta entrada, pero al ver aparecer a Jorge Sanz en plano he experimentado una CATARSIS. ¿El sketch? Nada, Muñoz y Sanz haciendo de banqueros que empezaron sus andadas como ladrones. Ah, y tiran gambas al suelo «porque nos sobra el dinero». Fina ironía. O algo.


Jorge Sanz pidió un puesto fijo en RduTcB, pero le dije que ya me lo pensaría.


- El show de el sr. Pérez: Debería ser El show DEL sr. Pérez, pero a estas alturas no vamos a ponernos quisquillosos. El sr. Pérez no es sino un Mr. Bean patrio, que apenas habla y cuyas únicas palabras son farfulladas a velocidad acelerada, porque las cosas rápidas son GRACIOSAS. Por eso todo el mundo se partió de risa con Cars, ¿o no? En esta ocasión, el sr. Pérez va a la playa, donde hace posturitas de surfero ¡en la arena!, entierra a un hombre ¡y luego no lo encuentra! y otras hilarantes trastadas.


¡JAJAJA! ¡Referencia sexual! ¡REFERENCIA SEXUAL! ¡AJAJAJJJAJAJAJAJJ!


- Sisome: Por supuesto, en Esta noche, Juan Muñoz nos encontramos el regreso de Sisome, ese moraco personaje árabe que salía en Cruz y Raya y que era gracioso porque repetía una y otra vez «¡Sisome, sisome!». Pero no se crean que en esta ocasión Muñoz tira del mismo chiste de siempre, eh. ¡Nada más lejos! En este caso, no dice «¡Sisome!», sino que dice «¡Misomo!». ¡Giro argumental!


Sisoma.



Y esto es, en esencia, Esta noche, Juan Muñoz, un proyecto que, inexplicablemente, no ha encontrado cadena que quiera emitirlo. Y no lo entiendo, eh, porque como arma de destrucción catódica no tiene parangón. Digamos que, si Lovecraft viviese hoy en día, los personajes de sus novelas no enloquecerían ante la visión de una de sus horribles criaturas, sino durante el visionado de este programa. Solo espero que Muñoz no sea uno de esos famosos caídos en desgracia que ponen la excusa de que hay «una mano negra» para justificar su falta de trabajo, porque manda cojones el programita, eh. Es lamentable, terrible, atroz... de hecho, no se ha acuñado el término para definir lo horrible que es, aunque se me ocurre la palabra «arghspantoso».


Lo mejor: Dura cuarenta minutos en vez de cincuenta. Se acaba. Es imposible que se emita en televisión, salvo, quizá, en Canal Sur.
Lo peor: Las secuelas psicológicas que puede dejar. Que hayan inhabilitado al juez Garzón, acabando con la posibilidad de que Juan Muñoz reciba el castigo que merece por parir esta aberración. Los cuatro minutazos de tomas falsas del final, que inexplicablemente incluyen a Juan Muñoz en un concierto con su grupo.