4 feb. 2012

Menos lobos, Grimm

Una semana más (bueno, sin contar la pasada), y tras haber sobrevivido a la escucha de diversas canciones populares valencianas, vuelve RduTcB, donde la suavidad se hace patente.

Como todos sabemos, el cine y la televisión se mueven por modas. Hace poco fueron los vampiros, después los zombis, y ahora es el turno de los cuentos de hadas. Es muy probable que hayan oído hablar ustedes de Once Up… un momento, ¡esta entradilla me suena!

Efectivamente, cuando hablé de Once Upon a Time (que tras el parón navideño ha vuelto a medio gas) dije que también me había puesto manos a la obra con otra serie que bebía de las caudalosas fuentes de la literatura infantil: Grimm. En los comentarios de la misma entrada, el bueno de @jordibal decía que se planteaba abandonarla por ser demasiado mediocre. Y qué razón tenía.


Acabemos cuanto antes: Grima. EL HUMOR.


La serie, producida por esa cadena de éxitos, la NBC (que si V, que si Héroes, que si The Cape…), nos cuenta la historia del detective Nick Burkhardt, a partir de ahora referido como Nick Burka, ya que es tan inexpresivo como si llevara puesta tan liberadora prenda. Un buen día, Burka empieza a ver cosas raras: programación aceptable en horario de máxima audiencia, entrevistas de calidad en El Hormiguero y, casi tan extraño, personas que se transforman en bicharracos.

Como todos ustedes han deducido ya, no es que Burka esté perdiendo la cabeza, sino que, como su tía moribunda le cuenta, es un Grimm, un cazador de monstruos salidos de cuentos. Naturalmente, no puede confesarle este terrible secreto a nadie, ni a su novia, ni tan siquiera a su compañero negro, cuyo nombre, en un alarde de racismo, jamás me molesté en aprender. Para evitarme tener que buscarlo en internet, ardua tarea, y en aras del HUMOR y la ORIGINALIDAD, lo llamaremos Compañero McNegro. Además, que tampoco es que sea un personaje demasiado relevante. Será porque es negro.

En su primer caso, una desaparición de una chiquilla, Burka conoce a Monroe, un blutbad, que así se llama la especie, o, lo que es lo mismo, un lobo feroz de toda la vida. Pero ah, amigos, que Monroe ha dejado atrás sus días de devorar ancianas y travestirse, y ahora es un amigable relojero que ayudará a Burka en todos y cada uno de los casos sin recibir nada a cambio. Vamos, que de tan bueno, es tonto. Pero vaya, que él verá, que para eso es la aberración de la naturaleza. Dada su utilidad a la hora de ayudar a encontrar a la niña perdida, parece apropiado llamarle Paco Lobatón.


Lobatón y Burka compartiendo un momento íntimo.


Ya conocemos a los personajes, ¿no? Ah, bueno, olvidaba comentarles que el jefe de Burka es MALOSO, pero como es una trama que se inició en el primer capítulo y de la que apenas se volvió a saber nada, he considerado irrelevante mencionarlo. Por eso no les digo eso, que el jefe de Burka es malvado y trama algo. Pues eso, que no se lo he dicho.

Grimm es ni más ni menos que una serie procedimental de policías. De policías polis. ¿Qué quiere decir esto? Pues que en cada capítulo nos encontramos con un crimen sospechoso que nadie parece ser capaz de resolver hasta que, menos mal, se lo encargan a Burka, quien, echando mano del libraco que le dejó su tía, una antigua Grimm, siempre consigue resolver la fechoría de la semana. ¡Y en menos de cuarenta minutos, oigan!

Para serles sinceros, esperaba esta serie con más ganas que Once Upon a Time. Imaginaba que seguiría (aunque de manera algo descafeinada) el espíritu de otros agentes de lo paranormal, como John Constantine o Hellboy, ese demonio aficionado a Tom Waits salido de la cocorota de Mike Mignola (autor que mola), pero, ¿saben qué me encontré? Una serie algo floja, en la que, pese a que los criminales sean siempre criaturas literarias (lobos feroces, ogros, tres osos…), la resolución de los casos es de lo más anodina.


Uno de los aciertos: los nombres de las criaturas. Aquí, un Grim(m) Reaper. Que no lo dicen, pero digo yo que se llamará así. Si no, quina vergonya.


Si Constantine contaba (al menos en la insípida encarnación de Keanu Reeves) con una escopeta en forma de cruz, y Hellboy tenía multitud de amuletos y balas huecas que contenían agua bendita y virutas de plata, Burka tiene… nada. Bueno, sí tiene artilugios especiales, pero como si no, porque no les da saque. Ya ven ustedes, un arsenal de lo esotérico a su disposición, y ahí lo tiene, muerto de risa, como el Kinect. Tan solo en UN capítulo se hace uso de un pedazo de rifle para elefantes para meterle una bala especial a un ogro. ¿En el resto de capítulos? Métodos tradicionales para resolver casos anodinos. Pues qué aburrimiento.

El caso es que Grimm tiene buenos toques. Como ya he dicho en el pie de foto anterior, los nombres «científicos» de las criaturas, generalmente en alemán, están bien traídos. No es casualidad que «blutbad», el nombre dado a los lobos feroces, signifique «baño de sangre», o que un bichejo sacado de Los tres cabritillos se llame Billy Capra.

Sin embargo, el atractivo de Grimm se reduce a eso: ver con qué criatura nos salen en cada episodio, cómo se llama y qué aspecto tiene, y a veces ni eso. Se ve que el departamento creativo se quedó sin ideas a mitad de producción y, cuando no saben cómo representar tal o cual personaje de cuento, le meten un poco de vello facial y colmillos y hale, a ir tirando. ¿Cuál es el problema? Que todos acaban pareciendo lobos feroces, aunque no lo sean.


Billy Capra y Paco Lobatón, en plena eferverscencia.


Y, con todo, sigo viendo Grimm, aun siendo consciente de sus múltiples carencias. ¿Será porque todavía espero que remonte? ¿Tal vez por la curiosidad de ver a qué cuento harán referencia? ¿Es porque Paco Lobatón, el muy jodío, tiene carisma? ¿Puede que se deba a que cada capítulo empieza con una cita, y a mí me encanta empezar las entradas con citas? Y si es así, ¿por qué precisamente esta entrada no tiene cita? O, y esta posibilidad me aterra, ¿será porque estoy hecho para tragarme series infumables, como ya hice con V y FlashForward?


Lo mejor: Ver cómo hilan los personajes. Los nombrecitos. Paco Lobatón.
Lo peor: Lo anodino de los casos. Que no se le saque partido a la premisa. Que lo mejor sea solo lo que he dicho. Que Compañero McNegro no baile breakdance, ni cante blues, ni tan siquiera muestre unas tristes dotes baloncestísticas.




Y la semana que viene… ¡videoblogueros*! ¡Sí, amigos! ¡Después de tenerlo apuntado en el cuaderno desde el 14 de mayo de 2011! ¡RduTcB, su blog PUNTUAL!


*El tema puede cambiar.