14 ene. 2012

Memorias de un hombre en pijama

«And my pajamas clung to me like a shroud»
Hallelujah, Nick Cave & the Bad Seeds



Una semana más, y ataviado con mi pijama, mis pantuflas y mi fiel batín, vuelve RduTcB, su blog de referencia para procrastinar en periodo de exámenes.

A poco que estén ustedes al día, conocerán a Paco Roca, tío majo donde los haya y autor de Arrugas, Las calles de arena, el cartel del último Salón Internacional del Cómic de Barcelona o el imprescindible El invierno del dibujante. También se codea con robots y la adaptación del ya citado Arrugas (que se estrena el 27 de este mismo mes) ha sido nominada a los Goya a Mejor guion adaptado y Mejor película de animación. Vamos, que últimamente está que no para.

Hace poco se publicó Memorias de un hombre en pijama, un recopilatorio de las tiras que Roca dibujó semanalmente, durante cosa de un año, para el diario Las Provincias. Paco Roca se aleja aquí de su vertiente más formal para ofrecernos pequeñas píldoras de humor costumbrista, generalmente centrado en anécdotas propias o de amigos (entre los que se encuentran MacDiego o Ramón Palomar) que, garantizado, les arrancarán una sonrisa.




El dibujo, más sencillo (que no peor) que en otras ocasiones, resulta simpático y agradable, y Roca se autorretrata como un niño grande y despistado que se mete en mil y un fregados (casi) sin querer.

Desde la tremenda iluminación de las Fallas hasta la depresión post-viaje a Japón en el avión presidencial, pasando por un traumático primer encuentro con la depiladora, Memorias de un hombre en pijama es uno de los cómics más divertidos publicados el pasado año. ¿A qué esperan para leerlo?




Si son asiduos a este blog, recordarán que hace ya casi un año, Paco Roca, ese tipo en pijama, fue tan amable de prestarse a que le hiciera una pequeña entrevista en RduTcB con motivo de la publicación de El invierno del dibujante, y, por increíble que parezca, ¡ha vuelto a caer! ha vuelto a acceder amablemente a contestar unas preguntillas. La presión de los plazos de entrega, Larry David, artesanía horrenda y saltos en los urinarios son tan solo algunos de los temas que se tocan. ¡A leer!

1. Con su humor costumbrista, Memorias de un hombre en pijama difiere bastante de tus últimos trabajos, como Arrugas, Las calles de arena o El invierno del dibujante, del que ya hablamos aquí hace unos meses. Sin embargo, tu vertiente cómica es conocida para cualquiera que haya ido a una de tus charlas. ¿Te has sentido más cómodo con el humor, o prefieres tirar por una vertiente más seria?

Me gusta el humor. Nunca había hecho nada puramente de humor, pero está presente de una forma muy dosificada en casi todas mis historias. Quizá algunos precedentes del humor de Memorias de un hombre en pijama sería el álbum que hice junto a Gallardo, Emotional World Tour y la serie llamada Como cagallón por acequia, que aparecía en la revista Humo.
Por eso me apetecía hacer una serie de humor. Desde hace años, todos los viernes, participo junto con unos amigos en una tertulia radiofónica supuestamente de humor. Con eso, y con mis charlas, se podría decir que tenía resuelta mi necesidad de ser gracioso. Los cómics eran para mí otra parcela más "seria". Pero, a partir del encargo de Las Provincias, pensé en unir esos dos mundos, hacer una especie de tertulia dibujada.


2. En el tebeo hacen apariciones recurrentes MacDiego, Ramón Palomar y Modesto Granados, compañeros de La tertulia friki y acompañantes en algunas presentaciones. ¿De dónde viene vuestra relación?

A MacDiego lo conozco de cuando estudiaba Artes y Oficios. Él era mi profesor de diseño, creo; ninguno de los dos iba mucho por allí. Luego tuvimos una relación profesional, MacDiego es un gran diseñador y yo le hacía bastantes trabajos de ilustración. La afición común por los tebeos y un par de excursiones juntos al Salón del cine porno de Barcelona nos hicieron amigos inseparables. A Modesto lo conocí años después, él también es diseñador gráfico y coincidimos en los diferentes saraos de la profesión. La música de Camilo Sesto y Los Enemigos nos unió para siempre.
Con Ramón coincidí un día en el programa que hacía en Radio España, MacDiego hacía allí una sección sobre cómics y, esas cosas caóticas de él, decidió llevarnos al programa. La experiencia fue divertida y desde entonces nos convertimos en una pandilla patética, pero inseparable.


3. Algunas de las situaciones de Memorias de un hombre en pijama, como el concejal pillándote dando saltitos en el baño o el tren «perdido» del veinte de diciembre recuerdan mucho a Seinfeld y a Curb Your Enthusiasm, el malentendido como desencadenante de la comedia. Cuando te viste en esos bretes, ¿pensaste al instante «aquí hay una tira», o es algo que te viene luego, en frío?

Es cierto, soy muy fan de Larry David. Me gusta ese humor del mal entendido o de las situaciones embarazosas. Paul Auster comentaba en uno de sus libros que las cosas le pasan a quien sabe contarlas. Yo soy despistado y le veo la parte graciosa a las anécdotas como personaje desastre que soy, un pesimista vería una conspiración del destino en su contra y un prepotente ocultaría el patetismo y se reiría de los demás.
Es decir, las situaciones son lo divertidas o tristes que te puedan parecer en ese momento. Pero luego, frente a la página en blanco es cuando intentas convertirlas en anécdotas divertidas.
De todos modos debo reconocer que llegué a provocar situaciones para tener algo que contar en las páginas.


Paco Roca en traje de noche.


4. Dejaste de publicar la tira Memorias de un hombre en pijama porque, como explicas en la penúltima entrega, te pasabas los días pensando en qué contar esa semana. Salvando las distancias, claro, me sentí identificado: muchas semanas he estado con la mente en blanco sin saber de qué hablar el sábado en este blog. Sin embargo, la mayoría de veces tenía una idea salvadora de última hora. ¿Tienes alguna anécdota al respecto?

Me parece estresante y difícil la prensa. Entregar puntualmente y sin bajar la calidad. Pero esa presión es una buena gimnasia mental. La obligación de la inevitable entrega te hace aprender a sacarle partido a cualquier idea, por mala que sea. Descubres que hay dos caminos: una buena idea (que no puedes confiar en que llegue siempre que quieras) o una mala idea bien resuelta. Muchas de las páginas de Memorias se basan en este último camino. Algunas de ellas empezaba a dibujarlas sin saber cómo acabarla. Con la prensa aprendes oficio.


5 . En una de las tiras cuentas que te han regalado placas, voluminosos libros y demás por charlas que has dado. Si se puede contar, ¿qué es lo peor que te han dado, y qué es lo que te gustaría que te regalaran?

Jajaja... Sería difícil hacer un top de los peores regalos. Pero posiblemente fuera alguna aparatosa figura de artesanía local con su placa conmemorativa.
Y quizá el mejor sea el del festival de La Coruña en el que se nota que detrás está la mano de Miguelanxo Prado: un estuche con unos bonitos lápices. Un regalo económico y práctico. En su defecto, me conformo con una botella de ron o de vino.


6. Y, para acabar, tras un merecido descanso, ¿podemos contar con futuras entregas de Memorias de un hombre en pijama? ¿Qué proyectos tienes para el futuro?

Me gustaría en un futuro continuar con Memorias, pero no sé cuando. De momento voy amontonando anécdotas en una libreta mientras trabajo en el siguiente álbum, que saldrá si todo va bien para finales de 2012.


Solo me queda volver a agradecer a Paco Roca que haya dedicado parte de su tiempo a responder las preguntas y animarles a ustedes a que se enfunden en su mejor traje de noche y lean Memorias de un hombre en pijama.