27 ago. 2011

El curioso caso de Benjamin Banner




Con el estreno de Los Vengadores cada vez más cerca (el 4 de mayo, lo sé, pero un hombre puede soñar…), comienza la filtración de datos sobre la película. Que si un vídeo del rodaje por aquí, que si una descripción de un tráiler por allá, que si carteles de los personajes… pero lo que el público quiere ver es tetas a Hulk, esta vez encarnado por Mark Ruffalo.

Y es que, si por algo se ha caracterizado el paso del gigante esmeralda por el cine de la última década es por el cambio de actores, algo que, como afirma @HULKENFURECIDO, ha conseguido que el pobre Banner tenga una crisis de identidad.

Si les parece, en esta entrada haremos un repaso a las distintas encarnaciones que ha tenido Hulk en el cine de los últimos años. Y si no les parece, también, porque esto ya está escrito y tampoco es plan de cambiarlo todo solo porque a ustedes no les apetezca. Que es mi blog, ya está bien.


«¡HULK APLASTA PATÉTICO BLOG!»


En 2003, Ang Lee tuvo la feliz idea de jodernos el verano con su adaptación de Hulk, una película que nos mostraba a un Banner atormentado que, durante dos horas y media, le daba vueltas a su conflicto con su padre, la dualidad entre el bien y el mal, su relación con Betty Ross y caniches mutantes. Sí, caniches mutantes. «Tampoco hay que culpar a Ang Lee, que a fin de cuentas el guión no es suyo». Cierto, pero fue él el que encargó a James Schamus, guionista de Tigre y dragón y La tormenta de hielo, que reescribiera el guión para hacerlo más profundo y, para qué engañarnos, aburrido. Porque vamos a ver, cuando uno va a ver una película de Hulk, espera acción, emoción y sopapos sónicos, pero sobre todo espera a Hulk. Y en la película de Ang Lee tarda HORA Y MEDIA en salir. Y cuando sale, su aspecto es bastante ridículo. Y la película sigue siendo un soberano coñazo.


13 ago. 2011

Pero QUÉ DICE: La película de Super Mario Bros. (y su novela)




Corría el año 1993 cuando a un productor cinematográfico, probablemente el señor Crapsmith, se le ocurrió la brillante idea de adaptar uno de los videojuegos más exitosos de todos los tiempos: Super Mario Bros. Ahora, en la época del remake, el reboot y la adaptación, no sería algo demasiado sorprendente, pero la película de Super Mario Bros. fue una de las primeras apuestas videojueguiles. ¿El resultado? AJAJAJAY PAPÁ.

Seamos justos: no es que adaptar el clásico videojuego del viejo fontanero bigotón fuese tarea fácil. A fin de cuentas, la premisa argumental es que una especie de tortuga gigante monarca rapta a la princesa novia de un señor con bigote, que tiene que ir a rescatarla mientras aplasta setas, tortugas y toca flores para poder lanzar bolas de fuego. Por increíble que parezca, semejante historia no da para un largometraje dirigido no solo a los fans de Nintendo, sino también al público general, por lo que se optó por hacer una versión más oscura de la trama. Sí. OSCURA. Porque amigos, no fue Christopher Nolan y su Batman Begins el primero en ofrecernos adaptaciones atormentadas de historias de otros medios, sino que todo empezó con Super Mario Bros.: la película.


Esta es la portada de la novelización. Que la hubo. Y que tengo. Y de la que hablaré más tarde.


Tras unos créditos en los que suena el tema principal de Super Mario Bros. (puesta para que el fan acérrimo tenga esperanzas), la película nos presenta a Mario (Bob Hoskins, no se lo pierdan) y Luigi (John Leguizamo, cuesta abajo y sin frenos), dos fontaneros de Brooklyn que blablablá. Un día, Luigi conoce a Daisy, quien, fíjense qué casualidad, es la hija perdida del monarca de una dimensión paralela que se creó cuando, hace sesenta y cinco millones de años, impactó el meteorito que acabó con los dinosaurios. ¿O no? ¡NO! Porque en realidad siguieron evolucionando en esta dimensión, ya les digo, paralela, hasta llegar a convertirse en… seres humanos. Pues vaya cosa. Ni escamas ni ná. Al menos se reproducen por huevos*. Menos es nada.

6 ago. 2011

La muerte os sienta tan bien

«Well the greatest and the finest
Have already died
Why not simply join them
On the other side?»
That’s Death, Eric Idle


Amy Winehouse ha muerto. Sí, llego con dos semanas de retraso, ¿pero qué quieren? Su muerte ha logrado lo que parecía imposible: que la opinión pública pasase de considerarla «una yonqui que canta» a «una gran cantante con una prometedora carrera truncada por las drogas». También se ha comentado mucho que «ha muerto la persona, ha nacido el mito», y dudo que pase mucho tiempo antes de que nos inunden los recopilatorios, las ediciones especiales de sus DOS discos e, incluso, un biopic.

Y es que ya se sabe, si hay dos cosas que puedan revitalizar la carrera de un artista son:

a) que hagan un biopic sobre él
b) que se muera
c) las dos anteriores son correctas
d) Bóinez no sabe contar

La muerte de la cantante ha hecho que los hipócritas se levanten de sus poltronas y hayan pasado de vilipendiarla a defenderla. Los mismos que antes se burlaban de sus excesos y su autodestrucción ahora se apenan por su muerte. Los que antes eran detractores de su música
Y es que ya se sabe que, cuando un cantante muere, las ventas de sus discos se disparan. Le pasó a Nirvana, le pasó a Michael Jackson, le pasó a Queen y le pasará a Amy Winehouse.