26 mar. 2011

¡Que se mueran los hombres!

«Go tell the women that we’re leaving»
Go Tell the Women, Grinderman


Permítanme que comience con una obviedad: las mujeres y los hombres no somos (fisiológicamente hablando) iguales. No me lo van a negar. ¿O es que usted, querido lector, tiene útero? ¿Sangra una vez al mes (peleas ebrias aparte)? Y usted, estimada lectora, ¿puede dejarse una barba a lo Gandalf? ¿Qué? ¿Que SÍ puede? AY PAPÁ.

En cualquier caso, al margen de las diferencias fisiológicas y bigotes a lo Lee Marvin aparte (pueden darse en ambos sexos, yo lo he visto), los hombres y las mujeres estamos tan capacitados para alcanzar el mismo conocimiento (o la misma retramonguez), y creo que, a estas alturas, y dado que son ustedes personas de BIEN, todos reconoceremos que debemos disfrutar de los mismos derechos, ¿no?

Pues bien, hay dos corrientes que piensan que no debe ser así. Una de ellas, como ya supondrán, es el machismo. Que si las mujeres a fregar, que si no tienen alma, que si no deberían poder votar, que si todas las mujeres son iguales, que si tú chupa, que yo te aviso… Conducta deleznable (como Urkel) y anclada en el pasado (como Urkel) que muestra lo estúpidas que pueden llegar a ser las personas (como Urkel).

«¡Laura, no me importa que no tengas alma! ¡Yo te quiero!»


Pero hay otra corriente que también promueve la desigualdad de sexos y que quizá no les resulte tan conocida: el feminismo radical, también llamado hembrismo o feminazismo. Este movimiento no es ni más ni menos que la versión opuesta del machismo. Es decir, que los hombres no servimos para nada, que no pensamos, que somos unos inútiles, que todo lo hacemos mal, que somos inferiores a las mujeres, que todos los hombres son iguales…

19 mar. 2011

Creyentes MAL

«If you're looking for someone to pull you out of that ditch
You're out of luck, you're out of luck
God's away, God's away
God's away on business, business»
God’s Away on Business, Tom Waits



Por si marzo no pintaba ya lo suficientemente mal ante la perspectiva de tener que aguantar, un año más, a los falleros, el terremoto de Japón se ha ocupado de que tengamos un motivo más para lamentarnos.

Inundaciones, pérdidas materiales, miles de muertos… una desgracia, oigan. Y, como las desgracias nunca vienen solas, el otro día me topé con un collage con algunos de los comentarios que algunos retramonguers habían vertido en sus Facebooks.


Hagan clic en la foto para avergonzarse de respirar el mismo aire que ellos


«Los japoneses se lo merecían, ¿o es que os habéis olvidado de Pearl Harbor?», «Terremoto y tsunami en Japón = ¿venganza por Pearl Harbor? LOL», o «Parece que Dios tampoco se ha olvidado de Pearl Harbor» son sólo algunas de las perlas que podemos leer en sus muros. Y yo digo, ¿cómo es posible ser tan estúpido? ¿Venganza por Pearl Harbor? ¿Justicia divina? Está claro que no todos los americanos piensan así, pero es otro claro ejemplo de patriotismo irracional que sólo pone en evidencia cuán poco se puede razonar cuando sólo se cuenta con un par de neuronas.

Y no sólo es lamentable el desdén hacia la tragedia japonesa, sino las atribuciones de la «autoría»: Dios. Porque está enfadado por lo de Pearl Harbor. Dejemos a un lado la cuestión de la existencia o no-existencia de Dios. ¡He dicho que la dejemos! ¡Las manos en alto y los crucifijos donde pueda verlos! Muuuuuuuuuy bien. Así, así. Guarden esa Biblia en un cajón. Estupendo. Ahora que hemos dejado a un lado esa cuestión, pongámonos en el punto de vista de un creyente. ¿De verdad piensan que Dios está «enfadado» por el ataque japonés a la base de Pearl Harbor? ¿Por qué no iba a ser al revés? ¿Por qué no iba Dios a estar a favor de los japoneses? ¿No sería acertado pensar que envió a Bush a los estadounidenses como castigo por los genocidios de Nagasaki e Hiroshima?

12 mar. 2011

Payasos asesinos de la España interior

«Everybody loves a clown,
so why don’t you?»
Everybody Loves a Clown, Gary Lewis & The Playboys



Si Álex de la Iglesia se hubiese plantado ante mí justo después de que viese su última película, Balada triste de trompeta, y me hubiese gritado, de forma desquiciada, con los ojos fuera de las órbitas y agarrándome de las solapas de mi chaqueta, «¡¿CÓMO ECHTÁN UCHTEDEEEEEEEEEECH?!», no me habría quedado más remedio que responderle, tras limpiarme los perdigones de saliva de la cara, «pues bastante decepcionado, la verdad».



Payasos desfigurados y psicópatas junto a una gachí de buen ver. ¿Qué podía salir mal?


A grandes rasgos, Balada es otra metáfora de las dos Españas, en este caso encarnadas por Javier (Carlos Areces), el payaso triste, y Sergio (un enorme y melenudo Antonio de la Torre), el payaso tonto; a los que a partir de ahora llamaremos Tristón y Leoncio, respectivamente. Ambos luchan por el amor de Natalia (Carolina Bang, bang, la suciedad se va en un bang), la bangueable trapecista de circo y que, como ya supondrán, representa a España, y a la que llamaremos Calientaespañas a partir de ahora, por razones que ya verán más adelante. También es una película trasnochada en la que dos payasos desfigurados se lían a tiros en mitad de la noche para conseguir el amor de una trapecista. Lo malo es que no funciona ni una cosa ni la otra.

AVISO: A partir de aquí hay mecagüen, expresión que exclamo cuando me trago un spoiler no deseado. Vamos, que hay spoilers. O mecagüen. Ya me entienden.


5 mar. 2011

Mike Mignola, autor que mola

"But what an enormous and encyclopedic brain!
I call upon the author to explain!"
We Call Upon the Author, Nick Cave & The Bad Seeds



¡Esqueletos en llamas! ¡Ectoplasmas que viven en trajes de buzo! ¡Cadáveres parlantes! ¡Ranas humanoides! ¡HORRIBLES GUSANAZOS ESPACIALES!

No, no estoy hablando de los concursantes de la última edición de Gran Hermano, sino de algunos de los elementos que pueblan los cómics de Hellboy, de Mike Mignola, autor que mola.


«Un título muy brugueriano, Boiner, me gustaaaaAAAAAAARGH»


Mignola siempre ha reconocido que Hellboy no tiene hombros en las portadas está muy influenciado por el folklore, las historias de terror que leía de pequeño, los relatos de Weird Tales y, en general, todo lo que le gusta. Muy bien, oigan. Es como si yo ahora hiciese un relato navideño que mezclase al señor Crapsmith, Ed Wood, algún que otro personaje del Mundodisco y… ah, no, que ya lo hice. Y no cuajó. Pero la diferencia entre Mike Mignola y yo (aparte del hecho de que él está calvo y yo no) es que él puede hacer un amalgama de cosas que le gustan y que FUNCIONE. Y no se crean que no tiene mérito. ¿Cómo? ¿Que hay más diferencias entre Mignola y yo? ¿Que él sabe dibujar y tiene más pastizábal que yo? ¡Futesas!

1 mar. 2011

¡Que te unfolloweo, leche!

«¡Que te pego, leche! ¡Yo te pego!»
¡Que te pego, leche!, José María Ruiz-Mateos



A la pregunta «¿Hay algo peor que la muerte?», muchos responderían «sí, el sufrimiento», otros dirían «la soledad», e incluso «las películas de Jason Friedberg y Aaron Seltzer». Pero otro grupo de personas afirmaría, sin que les temblasen las canillas, lo siguiente: «el unfollow».

Sí, amigos, ya saben de lo que les estoy hablando. Esas personas que, cuando les dejan ustedes de seguir en Twitter, enfurecen, echan espuma por la boca, salen de casa con su escopeta cargada y acaban detenidos por la Policía Montada del Canadá.

Pero, antes de meternos en harina, repasemos los tres motivos principales por los que la gente deja de seguir a los demás en Twitter:

- No le han devuelto el follow: Así es. Hay gente que sólo sigue por interés. Por el interés te quiero, Andrés, que dice el refrán popular. Claro, que también está el de a quien buen árbol se arrima, buena sombra se cobija, que dice lo mismo, pero con connotación positiva. Así es el refranero español, que siempre tiene su contrapartida y… ¿por dónde iba? ¡Ah, sí! Que hay gente que le empieza a seguir un lunes y, si el miércoles no le sigue usted a él también, dígale adiós, porque dejará de seguirle. Y yo me pregunto, ¿qué sentido tiene? ¿Acaso ganan algo por tener más seguidores? Sí, claro, a todos nos hace ilusión ver que hay gente que nos sigue y tal, pero yo prefiero tener menos seguidores y saber que me siguen porque les interesa lo que digo a que me sigan por puro interés.
- Le han dejado de seguir: Esto puede pasar. Empieza usted a seguir a una persona, y ella a usted también. Sin embargo, algo falla. Algo va MAL. Con el tiempo, a usted dejan de interesarle sus tuits, y no ve más remedio que el unfollow. Lo hace… y al día siguiente se entera de que él también le ha dejado de seguir a usted. Su relación no era sincera.
- Ya no le interesan sus tuits: Como decía en el motivo anterior, usted deja de seguir a alguien porque ya no le interesan sus tuits. En el caso de que la otra persona no le siguiese a usted, pues nada, todos tan pinches panchos. Si la otra persona le seguía a usted, es posible que pase lo expuesto anteriormente o que aún le siga, lo que puede deberse a que a) no se ha enterado del unfollow o b) se ha enterado, pero sus tuits le siguen interesando.

Pero todo esto no pasaría de mera anécdota, de no ser porque hay cierto tipo de usuarios que se toma cada unfollow como una afrenta personal. Lo sienten como un insulto hacia su persona. Como una puñalada. Como una afrenta titánica que no debe quedar sin respuesta. Y entonces, te lo dicen:

«Eh, tú, ¿por qué *taco opcional* me has dejado de seguir?»