22 ene. 2011

Oh, l'HAMOUR! De bilis y escritorzuelas adolescentes

«El corazón de Rosalie galopó de emoción cuando vio a Jake. Allí estaba él, alto, guapo, con su pelo enmarañado y rubio refulgiendo bajo el sol, que no conseguía empañar el propio brillo de Jake, con su personalidad magnética y atractivo animal. Rosalie se enamoró al instante. Jake tenía que ser suyo. Su vida no estaría completa hasta que no lo estrechase entre sus brazos».

¿Les suena? Sí, ¿verdad? Podría ser un extracto de cualquiera de los relatos que se pueden encontrar en los miles de blogs escritos por chicas adolescentes (ya sea física o mentalmente) que tienen la necesidad imperiosa de contarles al mundo lo enamoradísimas que están. Esto lo pueden hacer directamente, sin pretender ocultar que son ellas mismas, o bien mediante un relato de HAMOR en el que la protagonista es una clara Mary Sue.

Será mejor que les avise desde ya: si son ustedes seguidores de este tipo de relatos o, peor aún, autores de ellos, será mejor que dejen de leer. No creo que les guste lo que viene a continuación.

¿Y qué tengo yo contra este tipo de relatos? ¿Será que soy un amargado que no sale de casa y se pasa el día acariciando una foto de Christina Hendricks mientras murmura «algún día, cariño, algún día» mientras babea desmesuradamente? Podría ser, pero no es el caso. Como todo hijo de vecino, yo también tengo sentimientos, pero soy de los que consideran que la vida sentimental de cada uno es algo privado y que, precisamente por eso, no es cuestión de ir aireándola por ahí. No nos engañemos: si yo hiciese un artículo sobre cómo es la relación con mi novia, cosecharía menos éxito aún que con la saga A Christmas Crapsmith. ¿Por qué? Porque, tengan o no tengan ustedes pareja, ¿por qué habría de importarles cómo me vaya a mí con la mía? Tan sólo comprendería que les interesase si perteneciesen ustedes a mi círculo íntimo. Y además, que diablos, yo soy el primero que no escribiría un artículo de esa clase. ¿Por qué habría yo de revelar mi vida privada, que es eso, privada, en un lugar público como éste? Nada, nada. Menudo disparate.

20 ene. 2011

Hemorragia auditiva (o «De cómo decidí atarme los machos y ver la primera gala de OT 2011»)

«Yeah, yeah, Operación Triunfo vuelve,
la calidad musical en este programa se disuelve,
pero digo yo, qué más dará,
mientras Pilar Rubio lleve un escote brutal»
Operando de un modo triunfal, MC Boiner


Las calles están vacías. Los perros aúllan. ¿El fin del mundo? Casi. Ha vuelto Operación Triunfo. Telecinco prometió una edición cargada de novedades, y no cabe duda de que haberlas, haylas. Pero qué novedades, amigos. Qué noveda… ¿qué? ¿Que qué hago yo viendo Operación Triunfo? Muy sencillo: con esta clase de programas hay que ver al menos la primera gala para conocer a la fauna y poder criticar con conocimiento de causa.

Como les decía, OT trae novedades. La primera, y más evidente, es que Jesús Vázquez no está, y en su lugar tenemos a Pilar Rubio, que sí, que agrada a la vista y demás, pero como presentadora es nefasta. Se la ve descolocada, y es demasiado conciliadora. Les explico, cada vez que un concursante lloraba (y no fueron pocas veces), se deshacía en comentarios tranquilizadores como «Tranquila, seguro que no te nominan» o «Ya verás, seguro que entras en la academia», lo que hacía el momento en el que el jurado les decía que estaban nominados mucho más cómico.

El jurado también es nuevo (casi) en su totalidad. De la edición anterior sólo sigue Noemí Galera, y la marcha de Risto y Javier Llano da paso a Fernando Argenta (sí, el de El conciertazo), Eva Perales (que ya estuvo en Factor X) y Rafa Sánchez, el cantante de La unión. ¿El resultado? Cristo MAL. Galera y Perales intentan aportar el punto cabronías de Risto sin conseguirlo, Argenta se enrolla sobremanera en sus valoraciones y Rafa Sánchez… ni fu ni fa. Le tira los tejos a alguna concursante, y poco más. Además, parece ser que a los miembros del jurado les gusta jugar al despiste, si no, no se explican valoraciones como las siguientes:

14 ene. 2011

Yo digo SÍ: el cine de entretenimiento

“Let me welcome you ladies and gentlemen
I would like to say hello
Are you ready for some entertainment?
Are you ready for a show?”


    Simbolismo oculto. Largos planos secuencia de un paisaje semidesierto. Diálogos en los que cada frase posee una gran carga emocional. No, no estoy hablando de la última gala de Gran Hermano, sino de ese tipo de películas. Ya saben a cuáles me refiero. Ésas películas que tienes que decir que te han encantado, so pena de ser tratado de mastodonte insensible. Películas como, por ejemplo, El extraño caso de Angelica.
    Y, claro, a todos nos gustan las películas que nos hacen reflexionar, que nos cuentan una historia poderosa, con personajes bien definidos y con matices y un argumento bien construido. Pero, ¿no les pasa que a veces están hartos de tanta profundidad y tan sólo quieren ver palos y explosiones? Porque a mí sí, desde luego.


Pechugonas con pistolas, y además sale Kevin Sorbo. Bueno, pues la película es soporífera.


    Y es que a veces sólo apetece ponerse un DVD y desenchufar las neuronas. Y, cuando ese momento llega, ahí está nuestro viejo amigo, el cine de entretenimiento. Ese DVD de 2013: Rescate en L.A., de Carpenter, que ha estado esperando su momento entre las películas de Bergman y Tarkovsky. Empieza la película, y pasas hora y media tan ricamente viendo cómo Serpiente Plissken (en el que, como ya sabrán, Kojima se inspiró para Solid Snake) hace surf, juega al baloncesto y se enfrenta a pandilleros para acabar encontrándose con Robacoches Malone. Ya no se hacen películas como ésa, maldita sea. 

11 ene. 2011

Pero QUÉ DICE: Humiliated Mary

"Boiner. Boiner.
Aquí está MC Boiner."
Boiner pone, MC Boiner 

Durante estas Navidades he dejado a un lado la línea clásica de RduTcB para traerles el relato A Christmas Crapsmith, que yo sé que les ha encantado y cuya modesta (por decir algo) acogida estoy seguro de que se debe a que se han quedado sin palabras ante tamaña calidad. Seguro.
En cualquier caso, eso, los proyectos de la universidad y demás factores han impedido que hable de temas importantes, como la Ley Sinde, el atentado contra Gabrielle Griffords, el cierre de CNN+ o el reciente alto el fuego de ETA. Sin embargo, hay algo que no se me escapa. El acontecimiento que ha marcado los últimos días y que permanecerá en la memoria colectiva durante décadas, incluso siglos.

Efectivamente. Les estoy hablando del nuevo anuncio de Antena 3. Antena 3 pone.




Creo que es necesario decir cómo entré en contacto con este anuncio. Un buen día, al llegar a casa, mi madre me recibió con un “¿Has visto el nuevo anuncio de Antena 3?”. Ni que decir tiene que me sorprendió tal recibimiento, cuando lo normal es que mi entrada en casa venga acompañada de una solemne fanfarria y gran regocijo, claro. Anonadado, le respondí que no, a lo que me contestó con un escueto “pues tiene usted que verlo. Digo, tienes que verlo. Ay, hijo mío, con tanto usted me lías hasta a mí”. Y lo vi. Ya lo creo que lo vi.

7 ene. 2011

A Christmas Crapsmith (y IV)


IV: La muerte de todas las ideacas posibles


    La figura se aproximaba a él con paso lento, grave y silencioso. Por donde pisaba, dejaba un rastro de una sustancia similar a la ceniza. Le envolvía una vestidura negra que le envolvía el cuerpo, y una capucha del mismo color le cubría la cabeza. Cuando estuvo a tan sólo unos pasos de distancia de Crapsmith, se detuvo.
    –¿Estoy en presencia del Espíritu de las Ideacas Futuras? –preguntó Crapsmith, lleno de temor.
    La figura no tuvo reacción alguna. De vez en cuando se llevaba una mano huesuda a donde debía de estar la boca y parecía masticar algo. A sus pies se iba formando un montoncito de polvo.
    –Esto… ¿tal vez vienes –aventuró el señor Crapsmith– a mostrarme las sombras de las cosas que aún no han sucedido, pero que están por suceder? Vamos, digo yo.
    Los dos puntos de luz que se ocultaban bajo la capucha refulgieron por un instante. Se oyó una ligera tos.
    –¡Espíritu de las ideacas futuras –exclamó Crapsmith–, te tengo más miedo que a ninguno de los espectros que me han visitado hasta ahora! Pero, como sé que estás aquí para procurar mi bien, estoy dispuesto a acompañarte de buena gana. ¿Puedes decirme quién eres? ¿George Lucas? ¿Jerry Bruckheimer? ¿Joel Silver, quizás?
    La figura tosió de nuevo.
   PERDÓN, dijo la figura, con una voz que sonaba como si alguien estuviese tallando una lápida, LA VERDAD ES QUE NUNCA HE ENTENDIDO ESA AFICIÓN QUE TIENEN USTEDES A LOS POLVORONES. SIEMPRE SE ME ATRAGANTAN.
    Unas noches antes, el señor Crapsmith hubiera dicho «¡Polvorones! ¡Un dulce típico de Navidad! ¡Valiente paparrucha!», sin embargo, las constantes visitas desde el más allá habían hecho que, cual perro de Pavlov, desarrollase cierto agrado hacia la Navidad y todo lo relacionado con ella.
    –Bueno, no sé. A mí me gustan. Supongo.
    USTED VERÁ. CLARO, QUE USTED TIENE ESTÓMAGO PARA DIGERIRLOS. QUÉ DESASTRE, dijo, mirando el montoncito de polvo que había en el suelo, MIRE CÓMO SE LO HE PUESTO TODO.
    La figura sacó un reloj de arena de uno de los pliegues de su túnica y se lo acercó al rostro.
    AH, THOMAS CRAPSMITH, ¿NO? PENSÉ QUE LO TENÍA, PERO ENTONCES TUVO USTED QUE CONVERTIRSE EN UN ZOMBI.
    El reloj, que refulgía, iluminó el interior de la capucha. El señor Crapsmith alcanzó a ver el rostro (por llamarlo de alguna forma) de la figura. Dio un paso atrás.
    PERO HOMBRE, SEÑOR CRAPSMITH, dijo la figura, NO SE ASUSTE. HOY NO HE VENIDO PARA LLEVÁRMELO. DIGAMOS QUE ESTOY AQUÍ EN CALIDAD DE MUERTE DE TODAS LAS IDEACAS POSIBLES.
    –¿S-seguro?
    TRANQUILO. LE PROMETO QUE, CUANDO LA NOCHE ACABE, LE DEVOLVERÉ A SU CAMA SANO Y SALVO. Y AHORA AGÁRRESE, QUE VAMOS CON RETRASO.
    El señor Crapsmith se aferró a la túnica de la Muerte y se maldijo su suerte mientras todo se desvanecía.




2 ene. 2011

A Christmas Crapsmith (III)

Capítulo anterior


III: El Espíritu de las Ideacas Presentes


    Se despertó con un ronquido, y se incorporó en la cama para recapacitar sobre los sucesos de las últimas dos noches. Sin embargo, justo en ese momento, sonó una campanada. En efecto, era la una de la noche siguiente, y el señor Crapsmith se estremeció pensando en el desajuste horario que iba a sufrir los siguientes días. Esperó la llegada del siguiente espectro. Espero. Volvió a esperar. Pero nada. Cuando ya iba a prepararse un lingotazo de whisky, oyó una voz que le llamaba desde el salón.
    –Herr Crapsmith! Komm hier!
    El señor Crapsmith titubeó, pero, fingiendo un aplomo que en realidad no tenía, avanzó con paso firme (o casi) hacia el salón y abrió la puerta.




    Era su salón, de eso no cabía duda, pero estaba lleno de vegetación, las paredes y el techo cubiertos ramas y hojas. En el suelo había solomillos, salchichas, barriles de patatas asadas, cochinillos, pavos, pollos asados y jamones de orangután, todo ello formando una torre en homenaje a las arterias atascadas. Sentado en un trono al lado de ella  se encontraba un hombre corpulento, con el pelo canoso muy corto y gesto enfurruñado. Al ver al señor Crapsmith, se le iluminó el rostro.
    –¡Entra! –exclamó el Espectro, con un ligero acento alemán–. ¡Entra y hablemos, hombre!
    Crapsmith entró tímidamente y, con cierto temor, inclinó la cabeza ante el espíritu. Pese a que, tras dos experiencias paranormales en dos noches, muchos aficionados al ocultismo lo podrían considerar todo un experto, el señor Crapsmith se sentía más asustado que nunca ante esta aparición, que además llevaba guantes de boxeo.
    –Soy el Espíritu de las Ideacas Presentes –proclamó el Espectro– ¡Mírame! ¡Mírame, te digo!
    El señor Crapsmith lo miró con todo respeto. Iba vestido con una bata de boxeo negra con ribetes dorados y un calzón del mismo color. La bata dejaba ver su fofo torso, otrora musculoso. Mientras lo miraba, el Espectro no paraba de fintar. En una de éstas, se dio la vuelta, y el señor Crapsmith se dio cuenta de que en su espalda ponía «Raging Boll».
    –Entonces… –aventuró el señor Crapsmith–. Entonces… seguro que eres…
    –¿Sí? –le animó el Espectro.
    –Seguro que eres… ¡Terry Gilliam!
    –¿Qué? –el Espectro se irguió en toda su altura, que por otro lado tampoco era tanta–. NEIN, NEIN, NEIN, NEIN! ¡No soy Terry Gilliam! ¡Estoy harto de que la gente me confunda con ese paleto asqueroso! Yo soy el único, el gran, el imparable Uwe Boll. Pero –añadió– puedes llamarme Herr Doktor.
    –¿Uwe Boll? –la mirada del señor Crapsmith se iluminó– ¡Me encantó Alone in the Dark! ¡Y BloodRayne! ¡Es todo un honor, Uwe!
    Boll lo miró severamente.
    –Quiero decir… Herr Doktor.
    –Eso está mejor, Tom. ¿Puedo llamarte Tom? –y sin esperar una respuesta, continuó–. Verás, Tom, la cosa está así: yo vengo, te enseño cómo le va a tu ayudante, el Jim Ellis ese, luego vamos a casa de tu sobrino, el Sobrino ese, tú aprendes la lección, yo te devuelvo a tu cuarto a que esperes al último espíritu y yo me vuelvo a seguir con el rodaje de En el nombre del rey 2.
    –Pues mira, mejor –concedió Crapsmith–, que yo tampoco estoy para estos trotes.
    –¡Estupendo, estupendo! Pero antes… ¿quieres que nos demos de hostias?
    El señor Crapsmith le miró desconcertado.
    –¿Qué?
    –¡Sí, hombre, sí! Nos damos de hostias ahora mismo, ¿quieres? Si no tienes guantes de boxeo, yo te puedo dejar unos.
    –Hombre, yo preferiría que no, eh.
    –Vaaaale –suspiró Boll, apenado–, es sólo que echo de menos aquella vez que reté a mis críticos a que se dieran de palos conmigo sobre un ring, ¿te acuerdas? ¡Lo que nos reímos!
    –Algo oí, sí… pero, ¿podemos irnos ya… Herr Doktor?
    Al Espectro se le iluminó la mirada.
    –¡Pues claro que sí! Agárrate a mi bata –le pidió Boll, y añadió– pero cuidadito con dónde pones las manos.
    Todo se desvaneció.