17 dic. 2011

Aquellos cuentos y sus locos cromarros

«Okay, there’s your story!
Night-night!»
Children’s Story, Tom Waits



Nota de Bóinez: originalmente esta entrada también iba a tratar sobre Grimm, pero me he emocionado y me he pasado. Queda pendiente, pero porque ya había preparado las fotos y tal, que si no…

Una semana más, y después de haberme enfrentado a hordas furiosas de fans de Cómo conocí a vuestra madre, vuelve RduTcB, un blog cuyo autor lleva batín en este mismo momento. Inaudito.


Como todos sabemos, el cine y la televisión se mueven por modas. Hace poco fueron los vampiros, después los zombis, y ahora es el turno de los cuentos de hadas. Es muy probable que hayan oído hablar ustedes de Once Upon a Time, la serie que para muchos es el estreno de la temporada. Y yo les aseguro que, desde luego, es la mejor serie con personajes de cuentos de hadas que se emite actualmente en la ABC, ¡ya lo creo que sí!


En cada episodio sale un bicharráncano diferente en la cabecera. ¡Están en todo!

Sin meternos en spoilers, Once Upon a Time (OUaT en adelante, para no tener que escribir el dichoso nombrecito cada vez) nos sitúa en Storybrooke, un pueblecito estadounidense en el que todos los habitantes (o al menos los que más chupan plano) son personajes de cuentos populares, solo que ellos no lo recuerdan debido a una maldición de Reina Malvada. No es que no me acuerde del nombre real del personaje, es que es así. Para efectos humorísticos, le añadiré un «Mc», vean, vean: Reina McMalvada. ¡Mucho mejor!


Y con cierto aire zorreril que no se quita de encima ni en su versión cosmopolita.


La serie llegó un tiempo después de que la ABC comprara los derechos del cómic Fábulas para adaptarla a la pequeña pantalla, por lo que, en cuanto se estrenó la serie, hubo acusaciones de plagio, amenazas de muerte y demás. Ahora bien, las similitudes con Fábulas empiezan y acaban con lo de «personajes de cuento que viven en un pueblo», porque en Fábulas todo el mundo es muy consciente de quiénes son y qué hacen ahí.

En OUaT, sin embargo, el único que está al corriente del asunto es Henry, al que de ahora en adelante me referiré como «Puto Niño», un criajo repelente que sabe lo que pasa porque lo leyó en un libro de cuentos que le dio Blancanieves, su profesora. Esto es así, no olviden que, a fin de cuentas, todos viven sus vidas como si fueran personas normales. Total, que el niño encuentra a su verdadera madre, Emma, la protagonista de perenne chaqueta roja, y se la lleva a Storybrooke para que le ayude a deshacer la maldición y librarse de su malvada madrastra… ¡Reina McMalvada!

Debido a la etiqueta de ser «lo nuevo de los guionistas de Perdidos», como si Perdidos solo hubiera tenido dos guionistas, había mucha expectación respecto a la serie: que si tendría flashbacks, que si tendría osos polares, que si saldría el bueno de Smokey, que si tendría fans pesados dando por saco con que «¡NO SE HAN RESUELTO TODOS LOS ENIGMAS, HIDEPUTAS!»… y la respuesta es «a medias». Sale una columnaza de humo negro y hay flashbacks al mundo de fantasía. De osos polares no se sabe nada, y lo de los fans pesados… hablemos de aquí a un tiempo. Lo de «mejor estreno de la temporada» ya es un indicio.


Puto Niño, escondiéndose para que no le salten las muelas en el recreo. Aunque se lo merece.


No les voy a engañar: el piloto es un MEH, pero la serie es bastante entretenida, pese a sus personajes más o menos planos. Los buenos son muy buenos y los malos son muy malos, pero EH, estamos hablando de personajes de cuento, cuyas motivaciones suelen ser casarse o trepar por plantas para matar gigantes. Además, reconozco que hay cierto interés en ver si los personajes empiezan a recordar o si, al menos, alguien le da una buena colleja a Puto Niño, que es lo que le hace falta para quitarle tanta tontería. Eso sí, también les digo que el capítulo centrado en Pepito Grillo (Archie el psiquiatra en el mundo real, con dos cojones) no hay por dónde cogerlo: ver a un Pepito de casi cincuenta años vestido como un niño pequeño y siendo mangoneado por sus padres da algo de vergüenza ajena. Será tema de conversación en Nochebuena para la familia del actor.

En cuanto al reparto, por lo general cumple, con (des)honrosas excepciones. La primera es, como ya les he dicho, el niño de las narices, ese escollo por el que todas las series «de corte familiar» tienen que pasar. La segunda es Emma, la protagonista e hija de Blancanieves (pese a tener la misma edad, es largo de explicar), no podría tener menos carisma. Ni menos chaquetas, se pasa todos los capítulos con una cazadora roja que podría hacer pensar que no es sino Caperucita Roja… de no ser porque ya sale, y en versión provocadora. Imagino que, si sale el lobo, será el de Tex Avery.

Pero la interpretación más lamentable la ofrece, o mejor, la arroja con asco y desdén, Ginnifer Goodwin, que interpreta a Blancanieves. Entiendo que tenga que parecer pura, inocente y todo lo que ustedes quieran, pero es que parece que sufra cierto retraso mental. Deambula de una escena a otra con cara de boniato, como si cada segundo de su existencia le sorprendiera por completo.


«¡Oh, un árbol! ¡Oh, un pájaro! ¡Oh…! ¿Es posible…? ¡Sí, lo es! ¡Una PIEDRA!»


En cuanto a los encargados de poner el punto villanesco, o quizá, «los malosos», teniendo en cuenta de lo que estamos hablando; son mucho mejores y, por qué negarlo, divertidos que sus compañeros de serie. Por un lado tenemos a Reina McMalvada, interpretada por Lana Parrilla (ya saben, «Lana Parrilla sabe mejor»), que interpreta a la mala malísima de la función como si estuviera en un culebrón sudamericano, con toda la sobreactuación que ello implica. Y si eso quedaría fuera de lugar en cualquier otra serie (imagínense a Jim Carrey interpretando a Walter White), en OUaT es completamente apropiado.

Por otra parte, el que realmente roba cualquier escena en la que aparece es Robert Carlyle como Rumpelstiltskin. Si en el cuento original, del que ya hablé la semana pasada, la única manera de vencer al malvado duende era adivinar su nombre, en OUaT todo el mundo sabe cómo se llama y probablemente lo tengan incluso en Facebook, lo que no impide que el jodío tenga en jaque a todos los habitantes del mundo de fantasía debido a los tratos que, por algún motivo, todos hacen con él, pese a que sepan que acabarán sin comer perdices.

Carlyle está on fire en los momentos que interpreta a Rumpelstiltskin: voz cantarina, muecas, gesticulaciones exageradas en todo momento, bailecitos… y sin embargo, PEGA. Y se lo dice alguien que odia todo lo que huela a histriónico. Aunque claro, quizá sea porque cuando se mete en la piel de su versión de Storybrooke, el señor Gold, está contenido, relajado y con una mirada de estar tramando algo que ni Gus Fring, oigan.


«Pues aquí estamos, de risas».


Eso sí, la serie flojea, y mucho, en los efectos especiales. No llega al nivel de Doctor Who (alguien tenía que decirlo), pero las escenas ambientadas en el mundo de fantasía dan vergüenza ajena por culpa del peor croma jamás empleado. Ni el remake de V había llegado a estas cotas. NI EL REMAKE DE V. En OUaT todo tiene cabida: un Hada Azul con zapatos de plataforma (tal cual) y un brillo EXAGERADO, un páramo que podría estar sacado del Final Fantasy VII, una iluminación en los «decorados» que no se corresponde para nada con la de los personajes… y lo peor: el unicornio. EL UNICORNIO.


Más bien «ponicornio».


No dejen que esa alimaña cornuda les desanime: pese al poco presupuesto, la Blancanieves mental, el niño repelente y sus personajes tirando a planos, Once Upon a Time es un entretenimiento más que digno. Una serie de esas de repantigarse en el sofá, agarrar la manta y pasar unos cuarenta minutos la mar de entretenidos deleitándose con los guiños a los cuentos de toda la vida, descubriendo poco a poco cómo se desarrolla la trama del mundo de fantasía (más interesante que la de Storybrooke, para qué engañarnos) y lanzando algún que otro improperio ante cada aparición de Puto Niño. Y eso no es poco.




¡BONUS FORZADO! ¡Caras locas de Rumpelstiltskin y Giancarlo Esposito como el Espejo Mágico!

Carne de meme.

Si la finale de BB fue Face Off, esto es Face On. Jejé. ON. Ya me callo.



Y la semana que viene, un especial de Navidad que… ¡no huyan! ¡No tendrá nada que ver con A Christmas Crapsmith! ¡El especial de este año tendrá mucha más PEGADA!

Actualización tras el final de la primera temporada: Todo lo que se emitió tras el parón navideño fue morralla de relleno. La serie pegó un bajón de calidad IMPORTANTE y si acabé la temporada fue por no dejarla a medias. TEDIO.