3 dic. 2011

Amanece, que es bien poco

«Escúchame, un momento o dos,
y confesaré, a vosotros,
no puedo evitar mirando las mujeres siniestras,
tengo que reconocer, voy a notar la vampiresa mujer»
Vampiresa mujer, Jonathan Richman



Una semana más, y tras haber sobrevivido a la escucha del nuevo single de Bebe y haber sido sustituido por el jodido Robert De Niro en Crisis creativa, vuelve RduTcB, su sitio de referencia para encontrar introducciones forzadas.

Y esta semana, vuelve un clásico del blog: Crepúsculo, esta vez con la cuarta y penúltima entrega de la saga. Sí, debería ser la última, pero ya saben, si hablamos de dinero, Hollywood needs MOAR!, así que han decidido hacer un Harry Potter y dividir el último ¿libro? en dos películas. ¿Era necesario? ¿Es realmente Amanecer: parte 1 una película con un argumento tan denso que justifica la salomonada? La respuesta, por supuesto, es un «NO» más grande que el sombrero de un mejicano con hidrocefalia.


Los carteles de La saga Crepúsculo, siempre a peor.


No les mentiré: mis expectativas ante esta película eran bajas, después de que Eclipse me entretuviese por momentos. No confiaba demasiado en que Amanecer me proporcionase las risas que en su momento me brindaron Crepúsculo y Luna nueva. Pero ah, Melissa Rosenberg, la guionista, salió de su enajenación mental transitoria durante la que escribió Eclipse y lo ha vuelto a conseguir: Amanecer vuelve a posicionarse como una de las comedias de la temporada.


ARGUMENTO

Treinta segundos. Eso es lo que tarda Jacob, el niño lobo favorito de todo el mundo (muy por encima del cani de Juanjo Ballesta) en quitarse la camiseta desde que empieza la película. TREINTA SEGUNDOS. ¿Y por qué? Bueno, porque lee la invitación a la boda de Edward y Bella, una pareja con tan poca química que harían enfurecer a los Curie. Y claro, como cualquiera haría si le invitaran a la boda de su interés amoroso, sale corriendo bajo la lluvia, se quita la camiseta y se transforma en perraco lobo. De ahí, cuesta abajo.



Se empieza así y se acaba bailando tecktonik.


Bella, que con dieciocho años no tiene más aspiración en la vida que casarse con su amado vampiro pedófilo centenario, también llamado Edward, se prepara para la ceremonia, cuando de repente Edward le dice que tiene algo que confesarle. ¿Qué será? ¿Que lleva sin lavarse el pelo cincuenta años? ¡No! ¡Que hace décadas mataba a asesinos y violadores y se bebía su sangre! ¡Un vampiro bebiendo sangre! ¿Dónde se ha visto semejante chorrada? Pese a todo, a Bella no le intimida el pasado de malote de su futuro esposo, y sigue adelante con la boda. ¿Se imaginan que le hubiera dicho «ah, no, si matabas a criminales, yo paso»?

Eso sí, hay que reconocer que los Cullen saben montar una boda: en el bosque, con sillas en mitad de un claro, pájaros revoloteando y poniéndolo todo perdido, las ardillas merendándose los canapés del convite, las hojas cayendo en las copas de los invitados, Edward con su traje, pareciendo más un enterrador que un novio… puro HAMOR, oigan.


Si es que ya se miran con asco. De aquí a protagonizar un remake de Escenas de matrimonio solo hay un paso.


¿Creían que no volveríamos a ver a Jacob? ¡Se equivocaban! A mitad de banquete aparece en mitad del bosque para hablar con Bella de lo mucho que la quiere, que blablablá, que ojalá te hubieras casado conmigo, que tal y que cual, pero que para él ella muere esa noche, porque Edward la va a convertir en vampiresaaaaaaaaaada, vampiresa mujeeeer. Bella le dice que aún no, que ya si eso después de la luna de miel, tras lo cual Jacob enfurece, enfurece, enfurece Jacob y empieza a gritarle a Edward que la va a matar en la noche de bodas. Vamos, que Edward está hecho todo un Vlad el Empalador.

A continuación, la feliz (o algo) pareja se va de luna de miel a una isla privada en Brasil, donde nos encontramos con un viejo conocido de la saga. No, no estoy hablando de tal o cual personaje, ¡sino de los montajes musicales!




¡Sí, amigos! ¡Los montajes musicales también han renovado contrato! El primero de todos nos muestra a Bella preparándose para la faena: que si ducha, que si perfume, que si depilarse las piernas con cuchilla… ¡si todo el mundo sabe que con cera tarda más en salir! En fin, así le va. Qué mujer esta.

Pero poco importa el montaje musical, porque a Edward le va el sexo duro y, literalmente, REVIENTA LA CAMA mientras le quita el precinto a Bella. Si la primera vez tiene fama de ser traumática para las mujeres, imagínense cómo sería si además le destrozaran el mobiliario. Hombre, que no están las cosas como para ir tirando el dinero.


«¡EDWARD DESTRUYE!»
Sutil imagen que muestra la delicadeza de la situacAY PAPÁ QUE LA ESTÁ PERFORANDO


Al día siguiente, Bella está llena de moratones, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta que casi hunden la isla dándole a la matraca, pero a ella no solo no le importa, sino que pide más, más, ¡MÁS! Edward, quizá por caballerosidad, quizá por no querer partir en dos a su recién estrenada (¡en ambos sentidos, JUARJAUAJAOAJAUJAUA!) mujer, le dice que lo del sexo se acabó. Y, para que veamos que va en serio, tenemos otro montaje musical de carácter erótico-festivo-cómico en el que Bella se insinúa constantemente a su marido Pelograso (quien, por cierto, sigue acechándola mientras duerme) solo para ser rechazada continuamente.

Ah, y juegan al ajedrez, en obligada referencia a la dichosa portadita del libro de marras. Y no está nada forzada la escena, ¿eh? Que no es como si te la plantasen justo después de varias escenas de Bella en lencería meneando el culamen delante de Edward. No, no, qué va.

Esto con Kasparov no pasaba.


Y, por fin, tras una hora de película, pasa ALGO: Bella está embarazada. Lo sé, lo sé. Sé que se están preguntando cómo es posible que un muerto deje embarazada a una humana. No son los únicos. De hecho, en la propia película no dejan de decir «ni siquiera sabíamos que fuera posible», como intentando justificarse. Pero no cuela. Ni por asomo.

En cualquier caso, por una de esas, resulta que la aberración que Bella lleva en su útero crece a velocidad mach 3, por lo que Edward decide llevarla a Carlisle, el patriarca de los Cullen, para que la haga abortar, cosa a la que Bella se opone. Porque oye, una cosa es tirarte a un no muerto y otra muy distinta es interrumpir un embarazo a los dieciocho por esas chorradas de no joderte la vida y tal. DOBLE MORAL.

Mientras tanto, Jacob se entera de que Bella está embarazada, le da otro de sus ataquitos (debería hacérselo mirar) y sale echando leches convertido en lobo por el bosque. El resto de lobazos le alcanzan y tienen una discusión telepática sobre qué hacer con el asunto del crío. Una discusión telepática. Mientras están convertidos en lobo. En inglés. Con reverb. Que digo yo, está claro que es para que se entienda, pero es que queda FATAL. ¿Tan complicado era arrear unos subtítulos a los gruñidos? Y si se emperraban en que se comunicaran en inglés, al menos que quitaran los ladridos de fondo, que era como estar viendo un documental.


«GRRRR GRRRFF GRUAUR», que quiere decir «con gusto me tomaría unas bravas ahora mismo».


Al final, llegan a la conclusión de que lo mejor que se puede hacer es cargarse al feto, y de paso a Bella. Pero Jacob no está de acuerdo, así que, ¿adivinan qué hace? ¡Exacto! ¡Se va corriendo por el bosque mientras ladra, aúlla y se mea descontroladamente!

Pero Jacob no es tan tonto como parece (había margen) y va a Chez Cullen para proteger a Bella. Eso sí, como a Bella le pase algo por empeñarse en tener el bebé, ñacañá, se carga al crío y aquí no ha pasado nada. Como ven, el aborto queda descartado, que para eso una de las Cullen se encarga de recalcar que «no es un feto, es un bebé», frase con la que Amanecer se gana automáticamente las simpatías de la Conferencia Episcopal.

Conforme avanza el embarazo, Bella va a peor. No peor en cuanto a calidad de interpretación, cosa harto difícil, sino peor de salud. Que si dolores, que si náuseas, que si me siento débil, que si el bebé SE ME ESTÁ COMIENDO DESDE DENTRO. Todo le pasa a la pobre Bella, que ya está sufriendo en sus escasas carnes lo duro que es ser madre. Y es que claro, el bebé tiene hambre. Hambre de sangre. Así que lo más fácil es darle a Bella un vaso de hemoglobina con pajita, como si fuera un batido de fresa espesito. Y al bebé le gusta, oigan, le da placed, no como a Jacob, que mira todo el asunto con un gesto de desaprobación.


Bueno, con su único gesto, a decir verdad.


El parto de Bella se adelanta, lo que no es de extrañar, teniendo en cuenta que el bebé se ha desarrollado en poco más de dos semanas, y la sangre fluye por doquier, que tampoco es de extrañar, digo yo, dado que le está partiendo las costillas y la columna desde dentro. Sí, amigos. Crepúsculo meets gore. Como es de esperar, una Cullen pierde los papeles ante la visión de tanta sangre, así que le hacen un placaje que le deja medio tonta en el suelo. Placajes y partos, ¡qué gran combinación!

Bella las pasa canutas durante el parto, pero consigue dar a luz a la niña, que se llama, OJO, Renesmee, y se queda al borde de la muerte. Edward, intentando salvar a su sufrida esposa, la infla a mordiscos para convertirla en vampira, pero nada. No cuela.


Dramatización del parto.


Jacob acecha a una Cullen, que tiene a Renesmierdé en brazos, para arrancarle la cabeza de un muerdo a la chiquilla y comerse sus ojos, que… sus ojos… sus ojos… ¡coñe, qué ojazos tiene la cría! Eso debe de pensar Jacob, que se queda prendado al instante de la niña mediante un proceso llamado «imprimación» del que habían hablado al principio de la película según el cual uno se vuelve turulato por otra persona y forja un vínculo irrompible. ¡Ah, la pistola de Chéjov! Por cierto, que se van superando a cada entrega: pedofilia mezclado con zoofilia. ¡AYAYAY NO BUENO!

Por uno de esos deus ex machina, resulta que la ley de los lobacos dice que no se puede matar a alguien imprimado por un miembro de la manada, así que la trama del intento de asesinato queda resuelta de un plumazo. Pues mira qué BIEN.

Y, después de todo esto, queda algo por resolver: ¿ha muerto Bella? Todo apunta a que sí, pero de repente… ¿qué es esto? ¡Parece que su carne se está rellenando! ¡Se le están curando las heridas! ¡Se le tiñe el pelo! ¡La cámara se acerca a su cara! ¿Serán capaces de terminar la película con un plano de sus ojos abriéndose? ¡Nah, no lo serán! ¡Esperen, esperen, ESPEREN!


Fueron capaces.


Y, durante los créditos, el pobre Michael Sheen repite su papel de Aro, capo de los Vulturi, quienes reciben un aviso de que los Cullen tienen un miembro más en la familia. Se avecinan hostias. Bueno, probablemente no, porque ya sabemos cómo son los de La saga Crepúsculo, pero no hay que perder la esperanza.



CURIOSIDADES

¿Sabían que…

Amanecer es la primera película que he visto en cines desde que estoy en Inglaterra?
…aquí la gente tiene la manía de no doblar las películas al castellano?
…verla en versión original me ha hecho darme cuenta de que no es que el doblaje de La saga Crepúsculo sea malo, sino que es que los actores son así?
…el título original de Amanecer es Breaking Dawn, pero que al ser la película tan ATROZ, se consideró cambiarlo por Breaking Bad?
…apenas había nadie en la sala de cine?
…la semana pasada, en España, El gato con botas recaudó más que Amanecer?
…mi novia tuvo que corregir el párrafo de esta entrada sobre el plan de Jacob, porque yo había entendido que su plan desde el principio era matar a Renesmee, pero NO?
…la sección de curiosidades solo aparece en las entradas de Crepúsculo?
…pese a que se supone que estos vampiros brillan a la luz del sol, solo se da el caso en la primera película, y nunca más se supo?
…la película me hizo reír pero a la vez me aburrió, dando a luz a un nuevo concepto, la película graciaburrida?
…la película es mala hasta vomitar, literalmente?



CONCLUSIÓN

La película es una vuelta a los orígenes, después del patinazo que fue Eclipse, una película PASABLE. Aquí vuelven las frases ñoñas y vacías, el sentimentalismo de hamorcritora, los diálogos hechos por y para besugos y las escenas para lucimiento de los chumachos protagonistas.


«¡JUAR JUAR! ¡Aquí estoy, en otra entrada de Bóinez! ¡JUAR JUAR JUAR! ¡Y lo que me queda!»


¿Es Amanecer una buena película? No. ¿Es una película floja? No. ¿Es una película muy mala? Sí. ¿Aburre? Sí. ¿Tiene momentos de vergüenza ajena en los que no queda más remedio que reír? Ya lo creo que sí. ¿El presupuesto de la película dobla al de la entrega anterior? Sí. ¿Se nota? No. ¿Hay demasiadas preguntas en este párrafo? Sí. ¿Debería parar y acabar la entrada, entonces? Yo digo SÍ.


Lo mejor: que uno se ríe, y no poco.
Lo peor: que uno se aburre, y no poco.