5 nov. 2011

Linterna Mierder

Una semana más, y no sin antes haber desbaratado una compleja conspiración internacional contra las cajeras de Mercadona, les traigo otra entrada a RduTcB, su lugar de referencia de películas sobre pandas, libros infantiles traumatizantes y entradas sobre discos de Tom Waits que no interesan a nadie.

Si hay algo que ha salvado la papeleta de las grandes productoras estadounidenses en diversas ocasiones en los últimos años han sido, sin duda, las adaptaciones de cómics a la gran pantalla. Desde grandes entretenimientos como Hellboy, Sin City, las dos primeras entregas de X-Men y su precuela, hasta MIERDAZAS como Spider-Man 3, Daredevil o el aborto de tapir que aquí nos ocupa: Linterna Verde.


Si esperan ver a siquiera la mitad de estos personajes en acción, abandonen toda esperanza.


Había oído tanto críticas positivas como negativas acerca de esta película, basándose tanto unas como otras en que la cinta no se tomaba en serio a sí misma. También vi a fans haciéndose profundos surcos en las muñecas mientras se golpeaban con una linterna en la cabeza al grito de «¡HAL! ¿QUÉ LE HAN HECHO A MI HAL?». Bueno, al no ser yo aficionado al cómic, pensé que me conformaría con que la película me entretuviese. «A fin de cuentas», pensé, «es complicado tomarse en serio a un personaje cuyos poderes son inútiles frente al TEMIBLE color amarillo». Pero ni por esas. Argumento MAL, interpretaciones MAL y Ryan Reynolds... Ryan REYNOLDS.

La película nos presenta a Hal Jordan, el protagonista «interpretado» (por decir algo) por uno de los actores más insoportables de la década (y exmarido de Scarlett Johansson, OJO), Ryan Reynolds, que intenta parecerse al Tony Stark de Downey Jr., obviamente, sin conseguirlo. El pobre Jordan, que, por lo poco que sé, tiene poco o nada que ver con su contrapartida de los cómics, vio morir a su padre delante de sus narices cuando era niño. Y digo «delante de sus narices» porque así es: en la versión extendida de la película, que es la que vi (así soy yo, me gusta prolongar el sufrimiento), nos ofrecen un prólogo en el que vemos como Jordan, Chica McDelapelícula y Hector Hammond/El Malo ya se conocían desde críos. Además, se nos presenta al padre de Jordan, un aguerrido y (no tan) experto piloto que se estrella probando un nuevo tipo de avión. Por suerte, consigue sacar medio cuerpo de la cabina y sonreír a su hijo, momentos antes de que el avión ESTALLE Y SEA PASTO DE LAS LLAMAS, traumatizando al pobre chavalín y no dejándole más remedio que convertirse en un piloto sinvergüenza (?).


Por otro lado, también conocemos a Abin Sur, uno de los Linternas Verdes más destacado, que se enfrenta a Parallax, una especie de bicharraco/nube que se alimenta del miedo de los seres vivos, algo que, en principio, no sería tan malo, de no ser por el nimio detalle de que tiene el efecto secundario de consumirles la carne y reducirlos a esqueletos. Pero eh, que por lo demás, bien, eh. Un tío fetén. Total, que en una de esas, hiere de muerte a Abin Sur, quien consigue huir para buscar a su sucesor en el Cuerpo de Linternas Verdes. Por una de esas, el anillo encuentra a Hal Jordan, lo envuelve en un campo de energía, y para allá que se lo lleva, al lugar donde la nave de Abin Sur se había estrellado.


«Antes de morir, quiero que sepas que he visto las fotos de tu ex desnuda».


Ante la visión de un alienígena morado que le nombra a uno como el próximo miembro de una extensa red de guardianes de la galaxia cuyo poder es proporcionado por unos anillos que hay que recargar en una linterna y que surge de la fuerza de la voluntad, canalizada en un lejano planeta donde reside una raza de inmortales con piel azulada y de gigantescas cabezas; ante todo esto, decía, cualquiera se sentiría abrumado o, como mínimo, arquearía una ceja por lo sorprendente de la revelación. Pues bien, no nuestro amigo Jordan, quien lo acepta todo como si nada, incluso cuando el anillo le transporta a Oa, que así se llama el planeta, donde conoce a un gran número de bicharracos (bueno, en realidad solo tres) que también son Linternas Verdes, incluyendo a una especie de pajarraco-pez, un pseudogorrino de tres metros y a Sinestro, que ejerce de mentor-del-héroe-pero-en-realidad-me-cago-en-sus-muelas, ya que desprecia a Jordan por ser humano, cuando lo lógico sería despreciarlo por ser Ryan Reynolds.

Mientras tanto, Hector Hammond, un cientificucho frustrado que, como Walter White, ha llegado a lo más bajo que podría (es profesor de instituto), consigue entrar, gracias al enchufe de su padre (un Tim Robbins en horas bajas) en el equipo encargado de hacerle la autopsia al aberenjenado cadáver de Abin Sur. Entre corte y corte, se infecta con residuos de Parallax, lo que le da poderes telepáticos y telekinéticos. Eso sí, también le vuelve locatis y le hace crecer la cabeza hasta niveles fernandoalonsescos. Unas cosas por otras.


Peter Sarsgaard en modo Julián Muñoz. Also, ojitos brillantes.


Tras varias escenas en las que Jordan aprende a usar sus nuevos poderes, entre los que se cuentan volar, crear cualquier forma que quiera gracias a su forma de voluntad y… no, un momento, ya está. Bueno, que tras esto, entrenamiento que se toma, como ya les he dicho, con la naturalidad de quien está cortándose las uñas, Jordan decide volver a la Tierra. Y no demasiado pronto, porque Hammond está ON FIRE e intenta asesinar a su padre. Para que luego hablen de hijos desagradecidos.

Por suerte, allí está Linterna Mierder, que salva la vida de papá Hammond y de todos los presentes. Lamentablemente, al día siguiente, ese Joseph Merrick con OJAZOS que es Hector Hammond quema vivo a su padre. Pero bueno, al menos Jordan lo intentó. De paso, él y Hammond se enteran de que Parallax se viene de excursión a la Tierra, donde se alimentará del miedo de los espectadores a que el guión de la película siga siendo tan anodino como hasta el momento.


«¡COMEOS ESTO, GUIONISTAAAAAAAAAAAS!»


En Oa, Sinestro les dice a los Guardianes que la única manera de acabar con la nubecita de las narices Parallax es forjar un anillo que base su fuerza en el poder amarillo del miedo. Pese a lo coherente de la propuesta (atacar con miedo a un enemigo que se alimenta del miedo), los Guardianes le dicen que tururú, que precisamente Parallax fue un antiguo Guardián que intentó controlar el miedo, y fíjate cómo acabó, de eso nada. Jordan solicita que, al menos, destinen a algunos Linternas Verdes a la Tierra para ayudarle a acabar con Parallax, pero también se niegan a esto. Hay que joderse, con los cabezones antipáticos estos. Seguro que también fueron los que retiraron los Fruit Loops de los supermercados españoles.

En la Tierra, Parallax llega y arrasa con todo, pero al primero que se carga es a Hammond, por feaco. Los ciudadanos huyen despavoridos ante el malvado nubarrón, pues no habían visto nada semejante desde que Galactus llegó a la Tierra hace unos tres veranos, más o menos. Y aquella vez fue peor.



«¡Soy una nube, me voy a comer vuestro PLANETA!»


«¡Soy una nube, me voy a comer vuestro miedo!» «Pues vaya cosa».


Por suerte, Jordan es más listo de lo que parece (había margen) y consigue engañar a Parallax para que le siga hasta el Sol, donde el campo gravitatorio de este se traga al bicharraco. Alegría, felicidad, el Cuerpo de Linternas Verdes acepta a Jordan como su nuevo y más chulito miembro, y pasamos a los créditos. Tras estos, cómo no, tenemos una escena en la que Sinestro se pone un anillo amarillo, yellow submaring, yellow submaring, y su traje se vuelve del mismo color. SECUELA.


¿El resultado? Un despropósito. Una película llena de situaciones ridículas, con un villano que nunca llega a transmitir sensación de amenaza, un personaje femenino metido con calzador y un aura de cutrerío que hace necesarias tres duchas tras acabar de ver la película.


«¡Exijo ver a los guionistas!»


Lo mejor: Euh… El cañón Gatling de energía tiene su encanto. Por momentos casi entretiene.
Lo peor: Que sea usted un amante de los cómics y tengan que hospitalizarlo tras ver la cinta.