13 ago. 2011

Pero QUÉ DICE: La película de Super Mario Bros. (y su novela)




Corría el año 1993 cuando a un productor cinematográfico, probablemente el señor Crapsmith, se le ocurrió la brillante idea de adaptar uno de los videojuegos más exitosos de todos los tiempos: Super Mario Bros. Ahora, en la época del remake, el reboot y la adaptación, no sería algo demasiado sorprendente, pero la película de Super Mario Bros. fue una de las primeras apuestas videojueguiles. ¿El resultado? AJAJAJAY PAPÁ.

Seamos justos: no es que adaptar el clásico videojuego del viejo fontanero bigotón fuese tarea fácil. A fin de cuentas, la premisa argumental es que una especie de tortuga gigante monarca rapta a la princesa novia de un señor con bigote, que tiene que ir a rescatarla mientras aplasta setas, tortugas y toca flores para poder lanzar bolas de fuego. Por increíble que parezca, semejante historia no da para un largometraje dirigido no solo a los fans de Nintendo, sino también al público general, por lo que se optó por hacer una versión más oscura de la trama. Sí. OSCURA. Porque amigos, no fue Christopher Nolan y su Batman Begins el primero en ofrecernos adaptaciones atormentadas de historias de otros medios, sino que todo empezó con Super Mario Bros.: la película.


Esta es la portada de la novelización. Que la hubo. Y que tengo. Y de la que hablaré más tarde.


Tras unos créditos en los que suena el tema principal de Super Mario Bros. (puesta para que el fan acérrimo tenga esperanzas), la película nos presenta a Mario (Bob Hoskins, no se lo pierdan) y Luigi (John Leguizamo, cuesta abajo y sin frenos), dos fontaneros de Brooklyn que blablablá. Un día, Luigi conoce a Daisy, quien, fíjense qué casualidad, es la hija perdida del monarca de una dimensión paralela que se creó cuando, hace sesenta y cinco millones de años, impactó el meteorito que acabó con los dinosaurios. ¿O no? ¡NO! Porque en realidad siguieron evolucionando en esta dimensión, ya les digo, paralela, hasta llegar a convertirse en… seres humanos. Pues vaya cosa. Ni escamas ni ná. Al menos se reproducen por huevos*. Menos es nada.


A Daisy la raptan dos esbirros del malvado dictador de Dinohattan (eh, se llama así, lo pone en el libro), el terrible rey Koopa (Dennis Hopper), que aquí no es, ni mucho menos, un quelonio de gran envergadura, sino que es un rubiales con abrigo de cuero y un peinado que recuerda vagamente a una coraza de púas. Ejem.


Gene Simmons, muérete de envidia.


Luigi y Mario atraviesan un portal por el que llegan a lo que en los videojuegos se llamaba Reino del Champiñón, y aquí lo es… literalmente. Dinohattan es una especie de Manhattan (¿lo pillan? ¡DINOHATTAN!) paralela, una distopía en la que Koopa gobierna con puño de hierro a sus habitantes, ocupando el trono del benévolo rey Bowser, el padre de Daisy, que ahora se ve reducido a… un hongo. El hongo que se expande por todo el reino. El Reino del Champiñón. Sutileza.

Y sí, ya sé lo que están pensando. «¿Pero no se llamaba Bowser?». Pues sí, pero no en la versión japonesa y… bah, qué más da. El caso es que aquí, Koopa MAL y Bowser BIEN.


Este es el portal dimensional por el que pasa Mario. Mi teoría es que los colores querían representar que ha cogido una estrella. O algo.


Aquí los Koopa Troopa, vamos, las tortugas de toda la vida, son una especie de horribles gigantes con cara de sapo o dinosaurio, que va a gustos, llamados goombas (goomba, para bailar esto es una goomba), que se caracterizan, del mismo modo que los tertulianos de Telecinco, por su estupidez. Estas criaturas surgen de la máquina desevolucionadora de Koopa, que puede hacer que cualquier individuo revierta a un estado evolutivo anterior. O que evolucione, como demuestra la clásica pareja de esbirros, aquí representada por los deficientes mentales poco espabilados Iggy y Spike, que tras una dosis de evolución se convierten en dos esbirros igual de estúpidos, pero de modo distinto. Así como hay películas que son tan malas que son buenas, estos dos patanes se vuelven tan listos que son tontos, para el deleite del respetable. Bueno, deleite. Uno medio sonríe y tal. Mejor eso que estar apedreando perros, supongo.

Luigi y Mario se las ven y se las desean para rescatar a Daisy, a quien Koopa quiere para que una el trozo de meteorito que lleva colgado al cuello (!) con el meteorito original, que yace enterrado en el fondo de Dinohattan, y así fundir las dos dimensiones en una. ¿Y por qué no?
Tras muchas peripecias, chascarrillos de Mario, imbecilidades de Luigi, una aparición de Yoshi (aquí un dinosaurio con mirada lasciva que, para qué engañarnos, da bastante ASCO), y un par de numeritos de baile a cargo de Mario y una señorona (el primero) y unos goombas en un ascensor (el segundo), los hermanos Mario consiguen encontrar a Daisy.


¡AAAAAAAAARGH! ¡QUE ALGUIEN LO MATE!


La película concluye con un épico enfrentamiento en el que Mario, armado con un rayo desevolucionador, reduce a Koopa a un charco de lodo asqueroso, no sin antes hacerle revertir a una forma de tiranosaurio rex. ¡Así se hace, Mario! ¡Convierte a tu enemigo en un tiranosaurio rex! ¡Así aprenderá!

Y, tras la derrota de Koopa y la transformación de Bowser de hongo a rey con su manto de armiño y todo, los Mario vuelven a Manhattan, dejando a Daisy atrás para que decida cuál es su mundo: si un horrible lugar lleno de contaminación, crimen y un sistema corrupto, o si, por el contrario, se queda en Dinohattan. Tres semanas después, llama a la puerta de los hermanos Mario con un lanzallamas en la mano y el mismo traje de siempre, y les pide su ayuda para… para… no se sabe. Cliffhanger en vistas a una posible secuela que, me pregunto por qué, jamás llegó.

El caso es que, después de todo, la película intenta contentar a los nintenderos, y tiene sus detallitos para los fans: Big Bertha, las bolas de fuego, las bombas, Toad, Yoshi, los saltos imposibles, las setas (solo que en vez de hacer crecer, crecen ellas), los trajes clásicos, aunque por algún motivo tengan los colores al revés… de un modo u otro, todo está ahí. Y créanme, tampoco está tan mal salvado el tema, y más teniendo en cuenta que, casi veinte años después, aún sufrimos cosas como Street Fighter: la leyenda de Chun-Li. Además, la película tiene una escena en la que un mafioso se convierte en mono. ¡En mono! JOAJAOAJAOAJAIAOAJAOAJAJ


¡EN MONO!



Y, si esto les parece poco, tal vez les sorprenda saber que, como se hizo con gran parte de las películas de los 90 destinadas a un público juvenil, Super Mario Bros. contó con novelización a cargo de Todd Strasser, el Gran Novelizador, responsable también de la adaptación de La Máscara, que también tengo y de la que les hablaré otro día. Y ojo, que la novela tampoco está tan mal. Evidentemente, no se puede pedir gran cosa de un subproducto como este, pero la verdad es que la novelita se lee del tirón y entretiene, que, a fin de cuentas, es lo que se le pide a un libro de estas características. Dijo Nacho Vigalondo en la penúltima edición de la Mostra que él leyó la novela de Cazafantasmas 2 antes de ver la película, y que «no estaba tan mal. ¡Hasta tenía más chistes!». Bueno, la novela de Super Mario Bros. no tiene más chistes, ¡pero lleva fotos! ¡En papel del bueno!

Yo de pequeño leí este libro varias veces (y la novelización de Men in Black, que recuerdo con mucho cariño), y hace cosa de un mes lo releí para poder hablarles de él, pensando que me iba a dar mucho juego por lo malo que sería. Pero no. Me ha pasado lo mismo que con la película: que pensaba que era peor de lo que la recordaba. No son maravillas, claro está, y desde luego no pasarán a la historia, pero lo cierto es que ambos productos entretienen si uno no lleva las expectativas muy altas, y, aunque tampoco les voy a decir que se lean la novelización (no deja de ser una chorradita, una curiosidad), sí les diría que le echaran un vistazo a la película. Para pasar una horita y media entretenida bien vale. Y tiene escena post-créditos. ¿Qué más se puede pedir, eh?


«¡Eh, Mario, nos ha recomendado!»


Lo mejor: Que tampoco está tan mal. Es francamente entretenida. Ver a Bob Hoskins descolocado.
Lo peor: Las escenas de baile. La subnormalidad de Luigi. Yoshi, que da una grima insoportable.






*Se reproducen por huevos porque no les queda otra. Se reproducen por huevos por huevos. Sí, les pongo esto al final porque, si lo hubiera puesto al principio, hubieran dejado de leer. Ahí queda eso.