6 ago. 2011

La muerte os sienta tan bien

«Well the greatest and the finest
Have already died
Why not simply join them
On the other side?»
That’s Death, Eric Idle


Amy Winehouse ha muerto. Sí, llego con dos semanas de retraso, ¿pero qué quieren? Su muerte ha logrado lo que parecía imposible: que la opinión pública pasase de considerarla «una yonqui que canta» a «una gran cantante con una prometedora carrera truncada por las drogas». También se ha comentado mucho que «ha muerto la persona, ha nacido el mito», y dudo que pase mucho tiempo antes de que nos inunden los recopilatorios, las ediciones especiales de sus DOS discos e, incluso, un biopic.

Y es que ya se sabe, si hay dos cosas que puedan revitalizar la carrera de un artista son:

a) que hagan un biopic sobre él
b) que se muera
c) las dos anteriores son correctas
d) Bóinez no sabe contar

La muerte de la cantante ha hecho que los hipócritas se levanten de sus poltronas y hayan pasado de vilipendiarla a defenderla. Los mismos que antes se burlaban de sus excesos y su autodestrucción ahora se apenan por su muerte. Los que antes eran detractores de su música
Y es que ya se sabe que, cuando un cantante muere, las ventas de sus discos se disparan. Le pasó a Nirvana, le pasó a Michael Jackson, le pasó a Queen y le pasará a Amy Winehouse.


Es algo que siempre pasa: muere un cantante y, de repente, todo el mundo se confiesa admirador del finado. Es más, admirador desde el principio, no como todos esos oportunistas que dicen ahora que les gusta Perry Remcury, digooo... Freddie Mercury. ¿Se acuerdan de cuándo cascó Michael Jackson? En la Fnac de Valencia sus discos se apoderaron del Top 10 durante semanas. Rara fue la vez que no hubo al menos cuatro de sus discos entre los más vendidos, cuando antes de que muriera, pues ni fu ni fa.

Claro está que, a raíz de la muerte de un cantante, mucha gente que no había oído hablar del mismo se interesa por su música y lo descubre. Vamos, que el morbo es un factor importante a la hora de vender póstumamente. Eso, y que los incontables recopilatorios tengan portadas bonitas, claro está.


Cuando muera lo va a PETAR.


Es curioso, ¿no creen? Que cuando alguien muera le salgan fans hasta de debajo de las piedras. También podrían haber salido cuando el artista en cuestión estaba vivo, y le hubieran hecho un favor. Que se lo digan si no a Van Gogh o a John Kennedy Toole, por solo citar dos figuras que murieron arruinados y sin haber cosechado ningún éxito.

En cualquier caso, también hay que saber distinguir entre fans póstumos y meros posers. Una cosa es que, a raíz de su muerte, uno descubra a, por poner, Johnny Cash, y otra muy distinta que se suba al carro a costa de su muerte. «Uy, sí, si a mí siempre me ha gustado Johnny Cash, con su canción... euh... Cash McCash, y esa de... sí, hombre. La country». Y no nos engañemos, que esto pasa mucho. Gente con camisetas de grupos de los que apenas ha oído dos canciones, pero es que eh, «el dibujo mola». Bueno, te puedes comprar una camiseta «porque el dibujo mola», pero si la camiseta representa ALGO, lo normal, lo no hipócrita, sería llevarla porque te gusta su significado. Por mucho que me pudiera gustar una camiseta con, no sé, el logo de Slipknot (AJAJJAJAJAJAJJAJAJAJJJAJ), jamás me la compraría, porque no me gusta el grupo.


Clásicos de ayer y de hoy.


Pero bueno, lo que les decía: la muerte de un cantante siempre resulta muy lucrativa, al menos, para sus herederos. Habrá que ver hasta dónde llega la repercusión de la muerte de Amy Winehouse. Muchos ya hablan de leyenda, de mito, porque murió a los veintisiete, como Janis Joplin, Jimi Hendrix o tantos otros. Hombre, no me irán a comparar el talento de Hendrix con el de Winehouse. Que sí, que sus dos discos no están mal, pero ni punto de comparación con la revolución que supuso Hendrix ni con su destreza musical. Pero claro, esto es lo que dicta el sentido común, lo que se hubiera dicho si la vilipendiada Amy siguiese viva. Como ha muerto, lo que toca decir es «¡Ha nacido una estrella!».