7 may. 2011

Muerto el perro, aún queda la rabia

«And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I'm yearning
To be done with all this measuring of truth.
An eye for an eye
A tooth for a tooth»
The Mercy Seat, Nick Cave & the Bad Seeds


El domingo pasado se lanzó la noticia de que soldados estadounidenses, bajo las órdenes del ganador del premio Nobel de la Paz, Barack Obama, habían asesinado a Osama bin Laden y habían tirado el cadáver al mar. Y hubo gran regocijo. Multitud de estadounidenses salieron a la calle a ondear banderitas americanas, cantar, bailar, beber, disparar sus revólveres al aire y, en fin, todo lo que se suele hacer para celebrar la muerte de alguien. Ya saben, como cuando murió Chanquete.

Pero no todo el mundo se alegró de la noticia. Hubo voces que expresaron dudas acerca de la legitimidad de lo que algunos calificaron de «terrorismo de Estado». Algunos incluso se atrevieron a afirmar que se debería haber celebrado un juicio, esgrimiendo como argumento que lo que había sucedido con Bin Laden no era más que un asesinato a sangre fría.

«Para nada», aseguraron diversas fuentes, «porque Bin Laden iba armado y opuso resistencia, así que fue en defensa propia». «Bueno, pero eso de tirar el cadáver al mar está feo, eh», insistieron los opositores a la decisión tomada. «¡En absoluto! Todo se ha hecho siguiendo los preceptos del Islam», afirmaron enérgicamente los asesinos héroes que nos liberaron de la amenaza de Bin Laden.


«Aquí estoy, petándolo».


Pero ay, con el paso de las horas surgieron nuevas informaciones: que si Bin Laden no iba armado, que si en el tiroteo habían herido a niños, que si el Corán dice que el entierro en el mar sólo se permite si el difunto ha fallecido en alta mar… Pequeños detalles, futesas que, con toda seguridad, son perfectamente justificables por Obama. ¡No le van a haber dado el Nobel de la Paz por nada!


¿O sí? En los inicios de este blog, cuando no me leía ni Tom, ya escribí un artículo que ponía en duda el galardón, y los últimos acontecimientos no han hecho más que reafirmar mi opinión. Para empezar, se supone que todo el mundo tiene derecho a un juicio justo. No creo que nadie dude de la culpabilidad de Bin Laden, pero, aún así, se le debería haber capturado y llevado ante un tribunal. Ojo, no ante un tribunal estadounidense, sino ante uno internacional que, dentro de lo posible, garantizase la falta de irregularidades durante el proceso.

«¡Pero Bin Laden se resistió! ¡Había que hacer ALGO!». Por supuesto. No digo que tuviesen que evitar disparar a toda costa, pero que yo sepa, se puede disparar para incapacitar a alguien. Si algo nos han enseñado las películas de Tarantino es que «la rodilla es un sitio muy jodido para que te disparen», pero no. Los disparos fueron directos al pecho y al cabeza. Bueno, por otro lado, no se me ocurre nada que incapacite más que una bala en el cráneo, claro.


«Voy a por ti, mastuerzo».


«¡Lo hubieran ejecutado de todas maneras! ¡Matarlo en el acto fue una manera de ahorrar tiempo y dinero!». Si lo hubieran juzgado en Estados Unidos, así hubiera sido, desde luego. Por eso mismo, como decía antes, el juicio debería haber corrido a cargo del Tribunal de La Haya, que a) está formado por miembros de distintos países, y b) no aplica la pena capital. Lo sé, lo sé. Alguno de ustedes pensará «¡A LOS CRIMINALES SE LOS MATA!», como si fueran Rorschach o un miembro de @masaenfurecida, pero ahí he de estar en desacuerdo con ustedes: a los criminales se los encierra. En el caso de criminales de tal magnitud, se los encierra de por vida y se les priva de su libertad, condenándolos a una vida de rutina y aburrimiento, algo mucho peor incluso que ver los programas de sobremesa de Telecinco. A fin de cuentas, ¿qué diferencia una condena a muerte de un asesinato? ¿Por qué no se condena a los jueces que dictan condenas a muerte? Ah, que esas condenas están respaldadas por el Estado, claro. Pues me temo que no es suficiente. Además, insisto: una cadena perpetua (pero una que se cumpla) es mucho peor que la pena capital. Imagínense, décadas de encierro, cada día igual que el anterior, sin posibilidad de escapar al aburrimiento perpetuo. Como ver El jefe de todo esto, pero peor.

Ya les digo: los asesinatos cometidos por Bin Laden, Cristo Mahoma MAL. Pero el supuesto acto de «justicia» por parte del gobierno estadounidense, Cristo PÉSIMO, que diría @ori_sings. Y no se crean que con la muerte de Bin Laden se acabó Al Qaeda. ¿Cuántas veces han desmantelado la cúpula de ETA, y ahí han seguido? Los grupos terroristas no se desmantelan cuando se quedan sin líder: siempre hay otro que ocupa su lugar. El asesinato de Bin Laden no ha hecho más que avivar el odio, y el asunto tendrá repercusión en los próximos meses.

Pero EH, Bin Laden ha muerto. Hurra. O algo.