14 may. 2011

Corsarios MAL

«There's a ship
The Black Freighter
With a skull on its masthead
Will be coming in»
Pirate Jenny, Nina Simone


Por increíble que parezca, hubo una época en la que Telecinco valía la pena. Caiga quien caiga, la etapa buena de 7 vidas, El informal… sí, eran tiempos felices. Los niños jugaban en las calles, el sol brillaba y los canis sólo se encontraban en Andalucía. Por desgracia, esos tiempos pasaron, y ahora Telecinco sólo almacena inmundicia, que nos ofrece en pequeñas dosis diarias con nombres como Sálvame, Supervivientes (¡ahora con Toni Genil y Paquirrín!) o la nueva serie de piratas que, en un alarde de originalidad mayor que el que tuvo un servidor al llamar al blog Reflexiones de un tipo con boina, se titula Piratas.

Con estas fotos promocionales, imaginen la calidad de la serie.


Tampoco les voy a engañar: por una vez, el problema de Piratas no es el argumento de por sí, que a fin de cuentas no es especialmente ridículo y es lo que se presta a una serie de piratas. Poco más o menos viene a ser lo siguiente: Óscar Jaenada interpreta a Álvaro Mondego, al que a partir de ahora llamaremos «Mondongo», el típico canalla que se mete en problemas con la ley y, claro, le encomiendan una misión para que se redima y pague sus culpas. La misión es infiltrarse, cual espía soviético venido a menos, en la tripulación del capitán Bocanegra, un malvado pirata con patillas postizas. En el barco conoce a un niño repelente cuyo nombre no recuerdo y al que llamaré «Repelencio», impuesto por la manía de las productoras españolas de que SIEMPRE haya niños, y Pilar Rubio, que interpreta hace de la hija del capitán Bocanegra.

Ahí lo tienen. Como ya les digo, el problema de la serie no radica en el argumento. A fin de cuentas, recordemos que es una serie de Telecinco, y su público objetivo no está acostumbrado a escuchar palabras de más de dos sílabas, por lo que tampoco podía ser demasiado complejo. Fíjense, que bien llevada, podría ser una serie entretenida, una serie de esas que se ven, sirven para pasar el rato que duran y luego olvidarlas hasta la semana siguiente, pero es que la serie es cutre. Cutrísima. CUTRÉRRIMA.

Ya han visto la foto promocional, ¿verdad? Pues la estética general es esa. Trajes que parecen sacados de Disfraces Fulgencio, como si estuviésemos asistiendo a una convención de frises de la piratería (y, por una vez, no me refiero a una manifestación de Anonymous) en lugar de a una producción de, no se lo pierdan, más de 600.000 morlacos por capítulo. POR CAPÍTULO. Es para echarse a llorar.


PirateCon 2011


Y los decorados, claro, que arrastran el mismo defecto que la mayoría de producciones españolas: están NUEVOS. Parece que estén recién salidos de fábrica, y probablemente lo estén. Hombre, que son piratas, que se supone que ese barco ha navegado por alta mar… qué menos que un poco de suciedad, alguna muesca en la madera… pero no. Mejor conservado que el barco de Playmobil, oigan, igual que la ropa, a la que sólo le falta la etiqueta del precio asomando por la solapa del abrigo.

Pero bueno, nada de esto importaría (demasiado) si el reparto nos brindara unas interpretaciones dignas de elogio, ensalzamiento, halagos y demás palabras que evoquen sentimientos de admiración. ¿Es el caso? ¿Lo es? Pues desde luego… que no. Veamos, el reparto está encabezado por Óscar Jaenada. Óscar Jaenada, un tío cuya mejor interpretación, camaronadas aparte, fue la de francotirador cuasimudo en Los perdedores. Jaenada da lo mejor peor de sí y hace una imitación de Jack Sparrow que no tiene nada que envidiarle a la que pone en escena la señora Gertrudis, mi vecina del cuarto, cuando lleva encima una copa de anís de más. Ya me imagino a Jaenada en el rodaje de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas (en la que, según IMDb, interpreta a «El español», rompiendo barreras) persiguiendo a Johnny Depp y tomando apuntes de cada gesto que hacía para copiarlo cuando fuera su turno de ponerse en la piel de Mondongo. Por otra parte, la réplica se la da Pilar Rubio, una mujer que ya lo hacía MAL en los sketches de Sé lo que hicisteis, y que en Piratas se dedica a fruncir el ceño constantemente, como si de la versión femenina de Mark Wahlberg en Max Payne se tratase, y a destetarse y luchar contra Óscar Jaenada en camisa mojada, al que permitirá que la empale (ejem) si la empala en duelo. No, en serio. Vean la escena y horrorícense ante las interpretaciones de ambos, si es que son capaces de concentrarse en algo que no sean los talentos interpretativos de Rubio.

[unos minutos más tarde…]

¿Ya? ¿La han visto ya? ¿Varias veces, incluso? Pues ya han visto lo único que merece la pena ver, porque Pilar Rubio es como Nicholas Cage: actúa mal aunque sólo tenga que estar de fondo y callada. EL HORROR, créanme. Pero bueno, que no todo es malo: Aitor Mazo nos ofrece una magistral interpretación de Bocanegra, el malvado corsario. Mazo compone un personaje que dejará huella en el imaginario popular, pues su personaje es una poderosa bestia negra carismática que aterroriza con sólo mirJAJAJAJAJAJAJAJA, no puedo, lo siento. Es HORRIBLE. Parece un villano de opereta, y no lo digo sólo por esas más que evidentes patillas postizas que son de un color bastante distinto al de su visible pelo real. Parece ser que a Mazo, el actor con estilazo (como diría mi hermano de red Fosforo), le enseñaron que todos los malosos de la función hablan susurrando y alargando la sílaba final, lo que nos provee de interjecciones como «Maldicióoooonnnn» pronunciadas con desgana, más que con ira. Aunque, por otro lado, siempre es mejor que alguna de las frases que los guionistas han puesto en boca de Mondongo, cuyo máximo exponente es: «Vos haced lo que os plazca… pero yo me largo». Dos registros completamente distintos en la misma oración. Dos épocas que se unen en el timbre de voz de Jaenada. Dos voces pertenecientes a tiempos distintos en una misma frase. Un desastre.


Están en la misma posición para acentuar la contraposición. El bien y el mal. Dos caras de la misma moneda. El yin y el yang. Nah, en realidad es que no se les ocurrían más posturas.


Por otro lado, quisiera aplaudir la falta de complejos de Telecinco. Todos sabemos que están intentando aprovecharse del éxito de Piratas del Caribe. Ellos lo saben. Nosotros sabemos que lo saben. Ellos saben que sabemos que lo saben. Nosotros sabemos que… bueno, ya me entienden. El caso es que en Telecinco, para demostrar que no tienen nada que ocultar, han decidido copiar sin pudor el logo de la saga cinematográfica y «homenajear» a su tema principal. Pueden apreciar las similitudes con el tema de Klaus Badelt en este vídeo, donde, ya de paso, verán el logo de marras. Además, me chiva El Tipo de la Brocha en los comentarios que su tema de cabecera es un plagio de I'm Shipping Up to Boston, escuchen.

Y ya para acabar, me gustaría romper otra lanza a favor de Telecinco. Sí, vale, puede que Piratas del Caribe consiguiera que un villano con cabeza de pulpo, una pinza de cangrejo por brazo y que toca el órgano con su barba tentacular no resultase ridículo (en gran parte gracias al magnífico Bill Nighy), pero Piratas consigue algo mucho más difícil: que las escenas cómicas provoquen un semblante serio en el espectador y las escenas dramáticas hagan que irrumpa en una sonora carcajada. Y eso no es poco, porque hacer reír es algo muy difícil. Que se lo digan si no a Lars von Trier y El jefe de todo esto.

¡A toda vela, perros sarnosos!