5 mar. 2011

Mike Mignola, autor que mola

"But what an enormous and encyclopedic brain!
I call upon the author to explain!"
We Call Upon the Author, Nick Cave & The Bad Seeds



¡Esqueletos en llamas! ¡Ectoplasmas que viven en trajes de buzo! ¡Cadáveres parlantes! ¡Ranas humanoides! ¡HORRIBLES GUSANAZOS ESPACIALES!

No, no estoy hablando de los concursantes de la última edición de Gran Hermano, sino de algunos de los elementos que pueblan los cómics de Hellboy, de Mike Mignola, autor que mola.


«Un título muy brugueriano, Boiner, me gustaaaaAAAAAAARGH»


Mignola siempre ha reconocido que Hellboy no tiene hombros en las portadas está muy influenciado por el folklore, las historias de terror que leía de pequeño, los relatos de Weird Tales y, en general, todo lo que le gusta. Muy bien, oigan. Es como si yo ahora hiciese un relato navideño que mezclase al señor Crapsmith, Ed Wood, algún que otro personaje del Mundodisco y… ah, no, que ya lo hice. Y no cuajó. Pero la diferencia entre Mike Mignola y yo (aparte del hecho de que él está calvo y yo no) es que él puede hacer un amalgama de cosas que le gustan y que FUNCIONE. Y no se crean que no tiene mérito. ¿Cómo? ¿Que hay más diferencias entre Mignola y yo? ¿Que él sabe dibujar y tiene más pastizábal que yo? ¡Futesas!



Porque sí, amigos, los cómics de Hellboy son el BIEN. Son tremendamente entretenidos, y se maneja una cantidad enorme de referentes culturales que enriquece la lectura enormemente. ¿Es usted conocedor de las antiguas tradiciones sobre vampiros? ¿Fan de Lovecraft? ¿Un fris de la mitología nórdica? Mignola también lo es, y créame que esbozará más de una sonrisa leyendo Hellboy.

Pero, ojo cuidao, que no todo es alegría y canela fina. Porque por mucho que MOLE ver a un demonio con gabardina pegando tiros y fostiándose con un hombre lobo gigante mientras intenta quitarse de encima a una plaga de zombis, no estaría de más que los guiones estuvieran mínimamente elaborados.



Un demonio investigador, un héroe sacado de las novelas pulp, un homúnculo y un esqueleto nazi. ¿Se puede pedir más?


El principal problema que tiene Mignola es que es incapaz de atar cabos. Y, cuando lo intenta, es casi peor, porque intenta cerrar todas las subtramas en cinco páginas. Y eso no se puede, hombre, Mike. Pero hombre, cúrratelo un poco más. Mira, lo que tienes que hacer es… ¿Qué pasa? ¿No puedo darle consejos a Mignola? ¿Se creen que no está leyendo esto en estos momentos! ¡A mí me lee todo el mundo! ¡JOARJARAJROARJAJRAJUARJAAORAJAORAJ…!



Interrumpimos esta entrada para ofrecerles una bonita ilustración de Hellboy mientras el autor recupera la cordura. ¡Miren, miren! ¡Lleva una espada! ¡Una espada con una criatura infecta clavada!


Hola. Ahora que ya me he tomado la medicación y unos señores muy amables me han dado una serie de descargas eléctricas, ya me encuentro mucho mejor y puedo proseguir con la entrada con total normalidad, mano de milenio y gamba.

Como les decía, Mignola peca de no explicar casi nada. O de explicarlo con magia. ¿Que hay un cerdo gigante que se vuelve más pequeño cada vez que Hellboy le arrea con un amuleto? Cosa de magia. ¿Que hay un diablo que se convierte en piedra al pisar suelo sagrado, pese a que antes ha estado en una iglesia? Cosa de magia. ¿Que un señor saca un conejo de una chistera? Amigos, eso SÍ que es cosa de magia.

Pero, eh, no importa. Esos agujeros de guión se acaban perdonando. ¿Por qué? Porque Mignola mola. Esto es así. Es imposible leer un cómic de Hellboy y aburrirse. Tiene demonios. Tiene ectoplasmas. Tiene zombis. Tiene nazis. Tiene un hombre pez la mar (jejé, la mar. Porque es un pez. Jejejé.) de sofisticado. Tiene una gachí pirokinética. Es como una montaña rusa siniestra, con una ambientación que recuerda al «expresionismo alemán mezclado con Jack Kirby». Es imposible hacer una entrada sobre Mignola y no decir esa última frase, ¿saben? Lo dijo Alan Moore y queda muy bien. Argumento de autoridad y eso.



Y lo más importante, tiene ESTA VIÑETA.


Pero, ¿qué pasa cuando otro autor se ocupa de Hellboy? Pues pasa que Cristo MAL. Cojan cualquiera de los dos volúmenes de Historias extrañas, un par de recopilaciones de historias a manos de otros autores, y a ver si encuentran más de cuatro historias pasables entre ambos tomos. O, peor aún, cojan Hellboy Junior, de Bill Wray, que yo tomé prestado de la biblioteca de la UJI hace un par de semanas, con la esperanza de encontrarme más historias al estilo de Tortitas, una tira en la que Hellboy come tortitas en Nuevo México cuando tiene unos doce años. No, en serio. ¿Y qué me encontré? En vez de historias sobre Hellboy comiendo, yo qué sé, gofres o crêpes, me encontré con una espiral de escatología, coprofilia y vómito. Ni siquiera la aparición de Hitler conseguía darle algo de gracia al asunto. Porque sí, Hellboy Junior pretende ser gracioso, pero no lo consigue. Al menos a mí no me hizo ninguna gracia, porque el humor escatológico es una mierda.

Y, para concluir, algunos de ustedes se preguntarán si yo digo SÍ o yo digo NO a Mignola. En ese caso, les conmino a que vuelvan a leer el brugueriano título de la entrada. ¿Qué? ¿Que les da pereza? Está bien: yo digo SÍ, puñetas. Yo digo SÍ. Y ahora, ya saben: a votar y a comentar, que el mundo se va a acabar. O algo.