20 ene. 2011

Hemorragia auditiva (o «De cómo decidí atarme los machos y ver la primera gala de OT 2011»)

«Yeah, yeah, Operación Triunfo vuelve,
la calidad musical en este programa se disuelve,
pero digo yo, qué más dará,
mientras Pilar Rubio lleve un escote brutal»
Operando de un modo triunfal, MC Boiner


Las calles están vacías. Los perros aúllan. ¿El fin del mundo? Casi. Ha vuelto Operación Triunfo. Telecinco prometió una edición cargada de novedades, y no cabe duda de que haberlas, haylas. Pero qué novedades, amigos. Qué noveda… ¿qué? ¿Que qué hago yo viendo Operación Triunfo? Muy sencillo: con esta clase de programas hay que ver al menos la primera gala para conocer a la fauna y poder criticar con conocimiento de causa.

Como les decía, OT trae novedades. La primera, y más evidente, es que Jesús Vázquez no está, y en su lugar tenemos a Pilar Rubio, que sí, que agrada a la vista y demás, pero como presentadora es nefasta. Se la ve descolocada, y es demasiado conciliadora. Les explico, cada vez que un concursante lloraba (y no fueron pocas veces), se deshacía en comentarios tranquilizadores como «Tranquila, seguro que no te nominan» o «Ya verás, seguro que entras en la academia», lo que hacía el momento en el que el jurado les decía que estaban nominados mucho más cómico.

El jurado también es nuevo (casi) en su totalidad. De la edición anterior sólo sigue Noemí Galera, y la marcha de Risto y Javier Llano da paso a Fernando Argenta (sí, el de El conciertazo), Eva Perales (que ya estuvo en Factor X) y Rafa Sánchez, el cantante de La unión. ¿El resultado? Cristo MAL. Galera y Perales intentan aportar el punto cabronías de Risto sin conseguirlo, Argenta se enrolla sobremanera en sus valoraciones y Rafa Sánchez… ni fu ni fa. Le tira los tejos a alguna concursante, y poco más. Además, parece ser que a los miembros del jurado les gusta jugar al despiste, si no, no se explican valoraciones como las siguientes:


    «Si por mí fuera, estarías nominada… pero tranquila, es sólo mi opinión, y mis compañeros no tienen que opinar necesariamente como yo… pero el caso es que sí que opinan como yo. Estás nominada».
    «La verdad es que esperamos mucho de ti. Grandes cosas. Así que no puedes entrar en la academia. Estás nominada».
 
A mí que me lo expliquen. Eso sí, a la primera valoración le faltó un buen corte de mangas para poner la guinda.


Ah, si el micrófono fuera el cuello de algún concursante…


Pero bueno, vayamos a lo que realmente importa de Operación Triunfo: los escotes de las concursantes los concursantes. Parece ser que este año los castings no se han basado en la calidad vocal de los aspirantes, sino en lo exótico de sus nombres. Veamos: Nahuel, Nirah ReShUuLoOoNaH, Ramil, Coraluna, Niccó, Sira (que se cayó dos veces en menos de quince segundos al entrar en la academia) y Moneiba. También tenemos otra corriente, que son los nombres pornografizados. Básicamente, son nombres normales pero con una (o dos) x añadidas. Tenemos a Naxxo, Roxio y Alexxa. Por último, los marginados, los rechazados, los parias sociales, que son Silvia y Juan; y el paria de los parias, el que está entre dos tierras, que no pertenece a ninguno de los dos mundos: Miguel Kocina. Bueno, a decir verdad, no está porque lo echaron en la primera gala junto a Alexxa, la legionaria andaluza con más grasia y arte de toa E’paña y olé. El caso de Alexxa, que, a juzgar por cómo canta, no es otra que la mismísima cabra de la Legión disfrazada, fue muy curioso, porque su reacción ante las nominaciones era un «¡Me da iguá que me nominéi’, porque voy a seguí lushando!», pero en cuanto le confirmaron que estaba nominada, se puso a llorar y a animar «a mis compañeros de la Legión, ¡votadme, que soy de las vuestras!». Vergüenza ajena.

Pero no fue la única que lloró, porque nuestra estrella del porno, Naxxo, un tiarrón de metro noventa, melenudo, con barba y heavy confeso, se puso a llorar en cuanto lo nominaron. Y nada de llorar sangre, cerveza, o cerveza ensangrentada, que es lo que deberían llorar los heavies, no, no. ¡Lágrimas! ¡Lloró lágrimas! ¿Dónde vamos a ir a parar?


La melena oculta sus lágrimas


Pero el remate de una gala aburrida y sin ritmo (sin ritmo. Porque es un programa de música. ¿Lo pillan? ¿Lo pillan? ¿Eh? ¡RITMO!) lo puso la tan anunciada reaparición en el concurso de una antigua participante de la primera edición de OT. Bueno, lo de participante es discutible… se trata de Geno. La primera expulsada de la primera edición del programa. Vamos, la primera expulsada EVER. Nivelón. Cuando Pilar Rubio le preguntó que a qué se había dedicado estos diez años, su respuesta fue «Bueno… he aparcado un poco la música por motivos personales…». Y no lo entiendo, eh. Yo creía que con Fórmula abierta lo seguía petando. Debe de ser que no estoy al loro, que no sé lo que está en la onda, tronquis.

¿Y qué hay de la gala en sí? Pues lenta, aburrida, y con canciones prácticamente desconocidas y (presumiblemente) con unos derechos de autor muy baratos. Si quieren ver un especial con lo peor de las baladas sudamericanas, la primera gala de OT 2011 debe ser su primera opción. Por supuesto, no faltaron los planos a los familiares de los concursantes llorando mientras éstos cantaban (comprensiblemente, pues la verdad es que a mí también me dieron ganas de llorar de lo mal que cantaban) ni los abrazos y falsas sonrisas cuando un concursante pasaba a la academia y los otros se quedaban pringando.

Por mi parte, poco más. A partir de ahora sólo veré canciones sueltas en Youtube si me entero de que han versionado alguna de mis canciones favoritas. O no, que tampoco quiero sufrir. Y a ustedes, ¿qué les pareció la gala? ¿La vieron, o fueron más inteligentes que servidor y aún conservan sus tímpanos intactos?

Y, si han leído El invierno del dibujante, de Paco Roca, permanezcan atentos a RduTcB. Les tengo una cosa preparada... Si no lo han leído, no sé a qué boinas están esperando, la verdad.