10 dic. 2010

Cágate, Kid

“Everybody was kung-fu fighting
Those cats were fast as lightning
In fact it was a little bit frightening
But they fought with expert timing”
Kung Fu Fighting, Carl Douglas


¡Palos! ¡Pseudofilosofía oriental! ¡Coreografías espectaculares! ¡Más palos! ¡Toques de humor! No, no estoy hablando de mi incursión en el cine de artes marciales, sino de todo lo que debería haber ofrecido el remake de The Karate Kid… y que no da.

Empezando por lo innecesario de un remake de The Karate Kid, que bastante hubo ya con sus dos atroces secuelas, ya que tienen el acierto (sí, he dicho acierto) de contratar a Jackie Chan para interpretar al equivalente del señor Miyagi (aquí señor Han), ¿por qué narices tienen que contratar a Jaden Smith, el repelentísimo hijo de Will Smith como sustituto de Ralph Macchio? ¿Cómo? ¿Que dos de los productores ejecutivos de la película son Will Smith y su señora, Jada Pinkett-Smith? Eso explica ciertas cosas, como… Bueno, mejor vayamos por partes.




La película comienza con Dre, que así se llama el repelente niño, y su madre abandonando su casa de Detroit para, atención, mudarse a China. En la emotiva escena de rigor, Dre y su madre, a la que llamaremos Estereotipa McNegra a falta de un nombre mejor (y de mi falta de ganas de informarme), se despiden de todos sus amigos y familiares antes de coger un taxi que les lleve al aeropuerto. Por supuesto, no puede faltar el típico saludo gangsta de Dre con otro chaval, que corre tras el taxi para despedirse. Mal empezamos.

Una vez en China, Dre no hace más que quejarse: que si no entiendo el idioma (anteriormente se nos ha mostrado que Dre no tiene ni idea de chino ni ganas de aprender… pues fastídiate, niño), que si aquí la gente tiene los ojos distintos, que si no hay chinos raperos… Pero justo entonces, ve a un niño prácticamente ario, que le habla y le pregunta si sabe jugar al baloncesto. “¿Cómo no voy a saber? ¡Soy negro!”, le contesta Dre. Bueno, no, pero así se hacen una idea del retrato del crío… gestitos, muecas, gestos, andares que rezuman pasotismo y actitud nigga’ por los cuatro costados… sólo le falta bailar funk.


Pero no se crean que sólo hay tópicos negros, no… también hay tópicos chinos. Dre ve a la clásica niña apocada que, ¡oh, sorpresa! ¡Toca el VIOLÍN! Naturalmente, se queda prendado de ella, y cuando se le acerca para camelársela con sus modales de niño guay, molón y todas esas chorradas (llega a hacer el baile del robot… ¡EL BAILE DEL ROBOT!), se acercan cuatro chavales y le arrean un buen par de sopapos. Imagino que debería sentir lástima por el imbécil de pobre Dre, pero, la verdad, para ese momento le había cogido tanta manía que no sólo me alegré, sino que deseé que el Ku Klux Klan hiciese un cameo sorpresa. No hubo suerte.



“¡Somos una pareja interracial en China! ¡Nuestra relación está condenada al fracaso!”


Tras un par de escenas en las que vemos cómo el pobre Dre no se adapta pese a que su madre sí parece conseguirlo (espero que las escenas en las que va saliendo con peinados y atuendos progresivamente más tradicionalmente chinos quiera representar eso, si no, mal vamos), a Dre le dan una somanta de palos. Dre, harto de que gente de otra etnia le curta el lomo, le dice a su madre que vuelvan a EE.UU., a lo que ella replica que allí ya no hay nada para nosotros. ¿No? Parece ser que la razón por la que se mudan a China es porque la fábrica en la que trabaja Estereotipa McNegra ha cerrado, y la han trasladado a China. Caray, aquí normalemente, cuando cierra una sucursal, trasladan a algunos empleados, pero no los cambian de continente. Y, aunque así fuera, en EE.UU. tienen familiares y amigos. ¿De verdad no tenían ningunos ahorros para ir tirando hasta que encuentre un nuevo trabajo? Vamos, digo yo...

Tras esta reflexión, es hora de que a Dre le den otra paliza... ¿o no? ¡NO! Un encargado de mantenimiento, el señor Han (un Jackie Chan con bigote y perilla) le defiende y les da lo suyo a los críos en una escena con una coreografía de esas a las que el bueno de Jackie nos tiene acostumbrados. ¡Sí, amigos! ¡Porque la violencia infantil puede ser divertida!

Total, que entre unas cosas y otras (que se traducen en HORA Y DIEZ de película), el señor Han empieza a entrenar a Dre para que se enfrente a los chavales que le zurraban la badana en un torneo de artes marciales. “Ah, ¿pero que ahora Dre sabe chino?”, se preguntarán ustedes. Pues no, pero es que, casualmente, el señor Han sabe hablar inglés (o castellano, según), aunque con un marcado acento chino que, en la versión doblada, han solucionado… contratando a un señor chino que no tiene NI IDEA de doblaje, pero que oigan, ¡tiene acento chino! Ni que decir tiene que queda fatal, claro. De hecho, hablaré de este tema en una futura entrada que… ¿por dónde iba? Avísenme si ven que me voy del tema, que si no, no hay manera…


“¡YO TENEL ASENTO CHINO! ¡TÚ NO CLITICAL MI INTELPLETASIÓN COMO ACTOL DE DOBLAJE!”


Como les iba diciendo, el señor Han disparó primero entrena a Dre con lo que pretende ser (sin conseguirlo) el equivalente del dar cera, pulir cera, a saber: ponte chaqueta, quita chaqueta, tira chaqueta, recoge chaqueta, cuelga chaqueta. Como era de esperar, al final este ejercicio aparentemente inútil acaba sirviendo para bloquear ataques y contraatacar. ¿Quién lo iba a decir? Pero, esperen un momento, ¿les he dicho lo que el señor Han enseña a Dre NO es karate, sino kung fu? Así es. En una película que se llama The Karate Kid. Ahí es nada.

Esto ocurre más o menos cuando la película lleva ya su buena hora y veinte de metraje. Si la película no tuviese tantas ínfulas, a estas alturas ya hubiésemos tenido varias escenas de lucha, algún que otro chiste y estaríamos a punto de acabar. Pero NO. Hay que alargar la trama romántica de Dre y la niña china haciéndoles ir a un festival en el que se cuenta una historia sobre dos amantes separados por los dioses, luego el padre de la niña tiene que decirle que no vuelva a ver a Dre porque es malo para tu vida (¡Racista! ¡Es porque soy negro!) y demás tonterías que no interesan a nadie.


“¡Ponte chaqueta, llovel y hasel flío! ¡JAJA! ¡Yo hasel bloma! ¡Tú quitalte chaqueta otla ves! ¡JAJA!”


El día del torneo llega, y no lo suficientemente pronto. Yo esperaba un par de escenas de combate más o menos elaboradas, claro. Más o menos. Lo que no esperaba es que los participantes (ojo, todos críos de entre diez y doce años) fuesen dignos sucesores del mismísimo Bruce Lee. ¡Qué patadas! ¡Qué saltos mortales! ¡Qué ojos rasgados! El malvado director del gimnasio rival les dice a sus alumnos que jueguen sucio y vayan a joder, es decir, que le rompan una pierna a Dre si pueden. Y pueden. ¡Vaya que si pueden! Pero pese a todo, Dre es un tío guay, hermano, sobreviví a las calles del Bronx y puedo con esto, así que vuelve al ring y le calza UNA PATADA VOLADORA EN LA CABEZA CON SALTO MORTAL. Como lo leen. Si no me creen, véanlo por ustedes mismos.

Tras este derroche de violencia (pa’ haberlo matao, oigan), la madre de Dre (también podría haberla llamado MaDre, ahora que lo pienso) exclama lo orgullosa que está de que su hijo sea una máquina de desnucar, Dre va cojeando hacia el señor Han (la cojera le aparece en este preciso momento) y los dos caminan sonrientes hacia cámara. Es entonces cuando el plano, como en toda buena telecomedia de principios de los 90, se congela. Sí señor. “Sólo falta que la película acabe con un rap”, pensé. Pues acaba. Ya lo creo que acaba. Un rap a dúo entre Jaden Smith y Justin Bieber. Sufran.


Lo mejor: Las dos escenas en las que Jackie Chan hace realmente ALGO. El final alternativo, con Jackie Chan repartiendo guantás.
Lo peor: La repelencia de Jaden Smith. La subtrama romántica. Que se esté preparando una secuela.
Bonus: Servidor es cinturón negro de karate. Hale, ya está. Ya lo he dicho.




Y, ya que están aquí, les recuerdo que cada lunes estaré en Açò hi hauria que gravar-ho con una nueva entrega de La boina a través de los tiempos. Pueden encontrar los programas aquí o directamente en Critboig. Y sí, el programa está prácticamente por completo en castellano. Y, ya que estamos metidos en harina, les recomiendo otro podcast, esta vez sin mí (¿he oído un grito de alegría?): Normas de equivocación. Hale, ya tienen dos programas que escuchar, así que, ¿a qué esperan? ¿Qué? ¿Que a comentar la entrada, dicen? Excelente, excelente. Son ustedes gente de BIEN.



Los Smith. Y ahora díganme que no dan ganas de darles una paliza.