10 oct. 2010

Yo digo NO: orgullos vergonzantes



Antes de meternos en harina, permítanme que haga un poco de autobombo: el bloguero Key me ha entrevistado en su blog. Recomendable si quieren saber qué estoy tramando, morenos o si, sencillamente, quieren echar el rato hasta que empiece Sálvame. Por otro lado, Anaïs, otra lectora de BIEN me ha enviado una foto de este restaurante, al que he de ir sin falta la próxima vez que vaya a Barcelona. En alguna ocasión he firmado con un dibujo como el del logo del restaurante. ¿COINCIDENCIA? …Seguramente.

Y ahora, a lo que íbamos. Ayer fue 9 de octubre, Día de la Comunitat Valenciana, y pasado mañana será 12 de octubre (si las matemáticas no me fallan), Día de la Hispanidad. Ya saben, orgullo patrio, sentimiento de unidad y demás. Sentimiento que respeto, pero que no comparto en absoluto.

Antes de que empiecen a acusarme de romper España o de ser un traidor a la patria, dejen que me explique. Yo me enorgullezco de algo que es mérito mío, de algo que me he esforzado por conseguir,  como puede ser un buen resultado en un examen o una entrada de blog cojonuten (si es que hay alguna), pero, díganme, ¿qué mérito tiene haber nacido en un sitio o en otro? ¿Hemos hecho algo para conseguirlo? ¿No es, más bien, pura cuestión de suerte?

Tal vez sea porque yo nunca me he sentido muy identificado con la identidad valenciana (quizá porque sólo soy valenciano de segunda generación, mis abuelos eran manchegos y andaluces) ni cumplo los tópicos: ni me gusta la paella, ni me gustan las Fallas, ¡ni tan siquiera soy del PP!
En cualquier caso, tampoco me siento español. No me malinterpreten, en España no se vive mal, tenemos buen clima y buena comida, pero no la llevo dentro, como dicen algunos.



Esto sí que lo llevo dentro, sin embargo


Cuando la Selección Española ganó el Mundial, las calles se inundaron de gente berreando a pleno pulmón “¡Yo soy español, español, ESPAÑOL! ¡YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL!” como si les fuese la vida en ello. Y en los telediarios, multitud de personas diciendo que estaban orgullosos de ser españoles. Entiendo la euforia por el triunfo de la Selección, pero… ¿acaso el mérito era suyo, o de los jugadores? Tal vez sea yo, pero cuando a un español le van bien las cosas, yo no me alegro más por el mero hecho de que sea español. Cojan a Antonio Banderas, por ejemplo, o a Penélope Cruz. Cualquiera diría que el hecho de ser españoles y estar en Hollywood les hace ser actores menos atroces mejores.




Él también es español, español, ESPAÑOL


Como ya les digo, esto probablemente se deba a que nunca he sido muy partidario de los nacionalismos ni nada por el estilo, y que el chovinismo me parece algo muy cerril. De todos modos, quisiera recalcar que respeto a los que tienen en gran estima a su patria, sólo que no lo comparto porque, como ya he dicho, podrían haber nacido en cualquier otro sitio.


Otro orgullo que me parece algo absurdo es el de la identidad sexual. Antes de que me tachen de homófobo, permítanme que les aclare que tan absurdo me parece hacer ostentación de la homosexualidad como de la bisexualidad y la heterosexualidad. ¿Por qué? Verán, yo creo que la orientación sexual no es algo adquirido, sino que es algo innato. Sin querer entrar en mucho detalle, estoy seguro de que muchos de ustedes conocerán a algún homosexual que les ha argumentado que “todo el mundo se volvería homosexual si lo probase”. Sin embargo, cuando se les dice que, siguiendo su razonamiento, los homosexuales pueden volverse heterosexuales, enseguida le tachan a uno de homófobo. Pero, al menos desde mi punto de vista, el principio que sigue ese razonamiento es el mismo: la sexualidad se puede cambiar con el estímulo adecuado.

Sin embargo, como ya les he dicho, ese razonamiento me parece absurdo. Si la sexualidad es algo innato, ¿qué sentido tiene enorgullecerse de ella? Nos encontramos en la misma situación que con el orgullo patrio: no hemos hecho nada para obtener dicha orientación sexual. En todo caso, entiendo que los pertenecientes a una minoría no se acomplejen de su condición, pero de ahí a montar un ostentoso desfile… Una vez más, no me malinterpreten, por favor, pero si, tal y como afirman los organizadores, el desfile del Día del Orgullo Gay se hace “para normalizar la situación”, ¿qué sentido tiene montar una ruidosa fiesta en la que se proclama “¡Miradnos! ¡Somos DIFERENTES!”. Según lo veo  yo, la mejor manera de normalizar algo es no darle más importancia de la que merece. Quiero decir, que yo no voy haciendo ostentación de mi heterosexualidad, y muchos de los homosexuales/bisexuales que conozco tampoco, claro, que hay de todo. En cualquier caso, mi crítica hacia el desfile en sí es la intención que pretenden darle. Si fueran sinceros y dijesen “miren, es para montar una fiesta, no tiene más”, por mí perfecto. Pero que digan que es para normalizar… pues oigan, no me lo creo.


Una vez escrita esta entrada, mi mayor temor es que me haya expresado mal y haya quedado como lo que no soy: un homófobo y un intolerante. Nada más lejos: me parece justo y necesario que los homosexuales y bisexuales tengan los mismo derechos que los heterosexuales, y la aprobación del matrimonio homosexual me pareció un gran acierto, así como el hecho de que puedan adoptar. A fin de cuentas, ¿qué más me da a mí lo que haga cada uno con su vida privada? Que cada uno quiera a quien quiera y haga lo que le venga en gana. Ya saben que yo soy HAMOR y no tengo prejuicios. En serio.

Pero, una vez más, me reitero: estos orgullos son dos orgullos que, en mi opinión, están injustificados, pues no ha habido ningún esfuerzo para conseguir estar en la situación en la que están. Es como si yo me enorgulleciese de ser un hombre y de tener la piel pálida.

Y, dicho esto, me voy a comprarme un campo de fuerza para resguardarme de los palos que puedan caerme.