1 abr. 2010

Mirando la caja tonta: Crítica de The Box

Black Box Theme, Tom Waits




Imagínese que un día un desconocido llama a su puerta y le hace una oferta: una estupenda colección de relojes de bolsillo por sólo 22€ la pieza. Ahora, imagínese que otro desconocido llama a su puerta. ¿Los testigos de Jehová? Por increíble que parezca, no. Un hombre con media cara desfigurada que le hace una oferta: si pulsa un botón, ganará usted un millón de dólares, pero morirá alguien que, eso sí, usted no conoce.

Ése es el punto de partida de The Box, de Richard Kelly (director y guionista de Donnie Darko), que adapta el relato original de Richard Matheson, autor de, entre otros, la novela Soy leyenda, que algunos conocerán por sus adaptaciones al cine con Vincent Price, otros cuantos por la versión con Charlton Heston, y todos por la horrorosa versión con Will Smith.




Atención: por si no lo sabían, todas mis críticas contienen spoilers, así que ya saben.

La película nos sitúa en 1976, y nos presenta a Arthur Lewis (interpretado por James Marsden, ya saben, Cíclope en X-Men) y su mujer Norma (interpretada por Cameron Diaz), un matrimonio más o menos feliz, pese a lo repelente que es su hijo Walter. Por cierto, antes he dicho interpretados, pero creo que me he pasado. Interpretado implica cierta calidad en las actuaciones, así que mejor lo cambio por hace de, porque qué calidad interpretativa, señores. El monolito de 2001: Una odisea en el espacio es más expresivo.

Pulsaría el botón si tuviese brazos. Eh, aquí viene un simio… ¡Eh, tú, pulsa el botón! ¡Púlsalo! ¡Pero no te metas la caja en la boca, hombre! Bah, para ti toda.


Una mañana, se despiertan y encuentran un paquete en su puerta, que contiene la cajita de marras y una tarjeta que dice “Arlington Steward acudirá a las 5:00 pm.”. Los Lewis se sorprenden por el mensaje, pero tampoco mucho, que oye, el talento de los actores tampoco da para tanto.

Como Arthur trabaja (para la NASA, ni más ni menos), Norma es la que recibe a Arlington Steward, interpretado (este sí) por Frank Langella. Steward, que tiene media cara destrozada desde que empezó a salir con uno de los hombres lobo de Luna nueva desde que le cayó un rayo, le hace a Norma la oferta.


“No, no soy el doble de Harvey Dent. Y sí, ya estoy harto de que me hagan la gracia. ¿Quiere que hablemos de la caja o no?”



Norma al principio parece dudar, pero luego como que le va gustando la idea de forrarse a costa de alguien. Que claro, es comprensible hoy en día, que tenemos a Belén Esteban y fauna semejante, pero en 1976 la Esteban no era conocida… ¡CLARO! ¡POR ESO ES! Como por aquel entonces no era conocida, había posibilidades de que al apretar al botón muriese ella. Ahora, como está las 24 horas del día en Telecinco, la posibilidad es inexistente. Maldita sea.


“- Entonces, si pulso, ¿muere la Esteban?
- ¿No ha leído usted el párrafo anterior?”


Luego llega Arthur, y su mujer le cuenta lo que ha pasado. Al principio Arthur no se lo cree (me pregunto por qué), pero luego acaba convenciéndose de que puede ser cierto, pese a que abre la caja y ve que dentro no hay nada, como en la cabeza de Jiménez Losantos. Y, al final…




Y claro, pulsan. ¿Cómo no van a pulsar? Reconozcámoslo, más de uno pulsaría si supiera que no iba a tener ninguna consecuencia negativa en absoluto. Pues, como lo prometido es deuda, Arlington Mandíbulas Steward pasa a recoger la caja y darles a los Lewis su ¿merecido? milloncejo de dólares y, de paso, acojonarles un poquillo, porque les dice que la caja será reprogramada y ofrecida a otra pareja que ellos no conocen, insinuando que ellos podrían ser los próximos.

Y hasta aquí, la película estaba bien. De hecho, si hubiese acabado aquí, sería exactamente igual que la adaptación de The Twilight Zone me hubiese quedado más que satisfecho. Pero claro, esto pasa en el minuto 32, y hay que alargar la cosa un poco más, así que Richard Kelly decide que es hora de entrar en acción y recurrir al LSD meter elementos de su propia cosecha.


“Hola, soy Arlington Steward, y vengo a avisarles de que a partir de aquí la película degenera cosa mala. ¿Qué? ¡No, NO soy el doble de Harvey Dent!”


Arthur y Norma van a una cena de ensayo para una boda que tienen, y los anfitriones son tan espléndidos que sortean los regalos de boda. ¡Oigan, yo también quiero ir a una boda de ésas! A Arthur le toca (bueno, más bien escoge) un paquete con forma de caja. Sí, ya lo sé: todos los regalos suelen ir en cajas. Pero esta caja es idéntica a la caja dentro de la que iba la caja. La otra caja. La caja del botón. Ya me entienden. Dentro hay una foto de Arlington Steward antes de que le cayese el rayo. Arthur se preocupa, pero no deja que se le note (o eso creo, tal vez todo se deba a la inexpresividad del actor), así que sigue la noche con tranquilidad, hasta que ve a un chaval que se había metido con su mujer. Ah, ¿no se lo había dicho? A Norma le faltan cuatro dedos del pie derecho. Total, que se encara al chaval y lo empieza a sacudir de un lado para otro, hasta que al chaval le empiezan a sangrar las napias. “¡Pero si no le he pegado siquiera! ¿Tan machote soy?”, se pregunta Arthur. Avergonzado por haber montado una escena (¡y sin ir borracho ni nada!), los Lewis deciden irse a casa, pero alguien les ha pintarrajeado NO HAY ESCAPATORIA en el cristal del coche.

Al menos es más original que el típico “LABALO GUARRO”


Para seguir con el festival de narices sangrantes, cuando llegan a casa Arthur decide acercar a la canguro de Walter a casa, y a ella también le empieza a sangrar la nariz, no sin antes decirle que mire hacia la luz para solucionar sus problemas. Ya echaba de menos algo de imaginería pseudofilosófica. Muchas gracias, señor Kelly.

Pero no es sólo Arthur el que atrae a la gente con problemas de hemorragias nasales. ¡Nada más lejos! Norma está en un supermercado, y una señora se le acerca a darle el número de una biblioteca antes de sangrar por la nariz y desmayarse.

Tanto Arthur como Norma deciden ir a la biblioteca y, a partir de aquí, es cuando la película ya empieza a desvariar desenfrenadamente. Hasta hay un momento en el que Cameron Diaz hace algo parecido a actuar y todo. Pero tranquilos, que dura poco.


“¡AAAAAAAARGH! ¡Tres! ¡Tres Cameron Diaz!” Por si creían que no podía haber nada peor que Cameron Diaz


Primero, la visita de Arthur: conforme Arthur va avanzando por la biblioteca, la gente se levanta y empieza a seguirle como si estuviesen bailando una especie de conga macabra. Al final sale corriendo y se encuentra con una señora, que resulta ser la mujer de Arlington Steward.


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La buena señora le informa de que la biblioteca es sólo para empleados, y le lleva a una sala donde hay tres puertas hechas de agua. Según dice la buena señora, dos conducen a la condena eterna y una a la salvación. “¿Qué? ¿Pero qué puñetas?” estarán pensando ustedes. Les comprendo, es lo mismo que pensé yo. Arthur entra por la segunda puerta (¡nuestro concursante, Arthur, ha escogido la puerta número 2 en vez de la caja sorpresa!), tras lo que vemos una especie de túnel que a mí me recordó a la escena psicotrópica de 2001 de casi 10 minutitos. Por supuesto, no es que sea un homenaje, sino que es lo que vio Richard Kelly cuando escribió la película, seguramente ayudado por sus amigos Lenny, Samuel y David.


¿No les recuerda un poco a Donnie Darko?


La visita de Norma es mucho más normal. Total, en la suya lo único que pasa es que más empleados le conducen ante Steward, que le dice a Norma que desde que le cayó el rayo puede comunicarse con Los que controlan los rayos. Vamos, de lo más normal, que yo, desde que empecé a llevar boina, puedo comunicarme con Los que controlan las boinas. Sólo tengo que buscar el número de la sombrerería y ya. Por lo visto, lo de la caja no es más que una prueba hecha por los extraterrestres para ver si merece la pena salvar a la raza humana. Si la gente no aprieta el botón, es que sí. Si la gente lo aprieta, es que no, así que muerte para nosotros. Un poco Ultimátum a la Tierra, ¿no les parece?

De repente, Norma se despierta en su cama y tiene a Arthur encima. ¿Una escena de sexo? ¡NO! Algo mejor aún: Arthur está encima de ella, sí, pero flotando dentro de un ataúd de agua.


Parece un anuncio de colonia


¿No están ustedes contentos con la explicación de Steward sobre él y Los que controlan el rayo? No teman, porque un oficial de la NASA y otro de la NSA nos dan una explicación más completa: Después de caerle el rayo, murió en la unidad de quemados de un hospital. Luego resucitó en la morgue dentro de un cajón, lo trasladaron un hospital psiquiátrico y se dieron cuenta de que se curaba de forma acelerada y de que su degeneración celular se había detenido. Luego se puso a hacer la caja. Pues eso. Mucho más satisfactorio, dónde va a parar.


“Hola, vendo estas cajas de roble fino…”


En la boda de la hermana de Norma (¿recuerdan? La del ensayo con la foto y eso), secuestran a Walter, y a Arthur se lo lleva un zumbado que le dice que tuvo que matar a su mujer para salvar a su hija. Además, casualmente lleva un libro en el que se explica (yo me enteré de poco) la existencia de los ataúdes de agua y su función. Todo esto en una escena igual a la de Donnie Darko en la que vemos otro libro que nos explica la función de unos túneles de apariencia acuosa que... Es igual.



“¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAALT!!” Lo siento. No he podido evitarlo


Cuando Arthur y Norma vuelven a casa, se encuentran con Steward, que tiene otra putada que hacerles oferta que proponerles. Walter, su hijo, se ha quedado ciego y sordo y está encerrado en el baño. Pueden quedarse con el millón y que Walter se quede así para siempre, o Arthur puede matar a Norma y, en cuanto ella muera, Walter volverá a la normalidad y el millón se depositará en una cuenta a nombre de Walter.


“No me grites, que no te veo”


Norma le suplica a Arthur que la mate y éste así lo hace, porque eh, cuando estaba en el ataúd de agua (no puedo creer que esté escribiendo esto) estuvo en el más allá, y tampoco se estaba tan mal. Mientras, se ve que una pareja está frente a la caja. Al final, la mujer aprieta el botón, y Arthur mata a Norma. Arthur sube corriendo a por Walter, pero la policía llega y le detiene.


“¡Walter! ¡Walter! ¿Qué estás haciendo tanto rato en el baño?”


Walter recupera la visión y el oído, y a Arthur le dicen que “se ocuparán de él y de su hijo”. Arthur se queda tranquilo al principio (¿por qué en las películas todos se toman a bien que les digan que se ocuparán de ellos?), pero luego se gira y ve que todos los que le rodean parecen ser empleados, en un final al más puro estilo La invasión de los ultracuerpos. Todo sea dicho, el plano final me gustó mucho. Es Steward ante una nueva casa, poniéndose el sombrero, listo para hacer una nueva oferta. Y fin.


Personalmente, creo que la película hubiese ganado enteros si no hubiesen recurrido a la explicación al final, eran los extraterrestres y no se hubiese dejado claro quién era Arlington Steward. Además, visto que él tienta a las parejas y siempre acaba siendo la mujer la que pulsa el botón, hubiese sido más apropiado que fuese el Diablo, haciendo una especie de historia del Génesis moderno. Que ojo, hubiese sido facilón igualmente, pero más apropiado, creo yo. Mención aparte merece el empeño del traductor por traducir el verbo to push por oprimir, dando lugar a frases tan naturales como “tuve que oprimir el gatillo” y “si oprime el botón, ganará un millón de dólares”. Puede pasar en el último caso, dado que Steward usa un registro elevado durante la película, pero la primera frase está dicha por un tipo común, que dudo que use verbos como oprimir en vez de decir “tuve que apretar el gatillo”.



Lo mejor: La primera media hora, Frank Langella.
Lo peor: Que el argumento degenera en una espiral de sinsentidos varios, la explicación al final eran los extraterrestres, lo sosos que son los protagonistas.



BONUS

Lean aquí el relato original Botón, botón¸ de R. Matheson y vean la adaptación que se hizo en The Twilight Zone, con guión del propio Matheson, aquí y aquí (parte 2). Aunque Matheson dijo que odiaba el final de la versión televisiva, a mí me parece bastante mejor. Cuestión de gustos, supongo.