6 mar. 2010

¡Tartas de nata!: Crítica de Payasos asesinos del espacio exterior

“Everybody loves a clown,
So why don’t you?”
Everybody Loves a Clown, Gary Lewis & The Playboys


¿Les gustan los payasos? ¿Les gustan las películas de ciencia-ficción? ¿Les gustan las películas de asesinos? ¡Entonces, Payasos asesinos del espacio exterior es la película perfecta para ustedes!


Fíjense, han puesto Klowns. Serán payasos anarquistas, también.


Esta joya del cine se estrenó en 1988, y fue dirigida por Stephen Chido Chiodo, creador de los Critters y marionetista en Team America. Chiodo pertenece a la misma casta que Charles Laughton: un solo largometraje como director, una obra maestra. Porque, ¿qué otra película nos ofrece tanto con tan poco? Aquí les dejo tan sólo una pequeña muestra de lo que pueden encontrar si deciden darle una oportunidad a esta obra culminante del cine del siglo XX:


¡Piscinas de bolas!


¡Payasos pizzeros!


¡Muñecos de ventrílocuo!


¡Granjeros siendo acechados!


¡Y muchas, muchas tartas de nata!


Desde ya les aviso de que la crítica contiene spoilers. Sin embargo, la película es tan divertida que les recomiendo que la vean aunque lean mi crítica: reirán igual.


La película empieza, como no podría ser de otra forma, con dos adolescentes (o eso pretenden, porque en realidad los actores estaban más cerca de los treinta que de los veinte) dándose el lote en un coche. Pero claro, como no podría ser de otra forma, algo les interrumpe. ¿Qué podrá ser? ¿La policía? ¿Sus padres? ¿Una nave espacial con forma de carpa de circo que cae cual meteorito? ¿Un oso?


Una pista.


¡Han acertado! La opción correcta era: Una nave espacial con forma de carpa de circo que cae cual meteorito. Los dos adolescentes, Mike Tobacco (no me enteré del apellido hasta verlo en los créditos. Huelga decir que me partí de risa. ¡TOBACCO! ¡JOAJOAJOAJOAJOAOAOAOAOAOA!) y Debbie Stone deciden ir a investigar, con la prudencia que caracteriza a los protagonistas de este tipo de películas. Pero un granjero y su perro se les adelantan, y, como no podía ser de otro modo, acaban mal. Al perro lo rapta un payaso y el granjero muere al tocar un poste de la carpa.


"¡Muerte a los comunistaAAAAAAAAAAAAAAAARGHS!"


Cuando Tobacco y su novia/amiga/ligue/loqueseaporqueatodosnosdaigual llegan, deciden entrar en la carpa, porque total, es de lo más normal encontrarse una carpa de circo en mitad de la nada, y más aún si es de noche.


"¡No entréis! ¡Ahí dentro corréis un grave peligro! ¡PELIGRO, OS DIGO!"


Como ha dicho Pennywise, ahí dentro corren un grave peligro, porque está lleno de ¡payaaaaaaaaaaaaaachos! payasos. Y no sólo payasos (que ya es bastante malo), sino de payasos asesinos. Payasos asesinos del espacio exterior. Les descubren, y empiezan a perseguirles, disparándoles con, atención, una pistola de palomitas de maíz. Por suerte, consiguen huir de tan esponjoso y macabro destino.


Éstos no son los payasos de la tele que yo recuerdo...


Mike y Debbie van corriendo (bueno, en coche) a avisar a la policía, pero, inexplicablemente, no se creen que un ejército de payasos alienígenas asesinos han venido en una nave espacial con forma de carpa circense y quieren matarnos a todos.
A partir de aquí, la película deja de tener argumento (si es que alguna vez lo tuvo) y pasa a ser una sucesión de gags típicos de payasos. No falta ni uno: el coche con varios payasos dentro, la caja sorpresa, las tartas de nata…
En una escena, un tipo medio borracho ve un teatrillo de títeres en mitad de un parque vacío. Por supuesto, se acerca, y dos guiñoles empiezan a representar una escena que acaba con uno de los dos guiñoles siendo desintegrado. El borracho, sorprendido por ver semejantes efectos especiales en un teatrillo, se ríe, pero entonces…




¡Aparece el marionetista, y le desintegra! ¡Nadie se lo veía venir!


Qué rabia me da cuando la gente (o los payasos asesinos del espacio exterior) se ríe de sus propios chistes.


En otra escena… mejor véanlo ustedes mismos.





¿No es maravilloso? Esos movimientos tan ágiles y elegantes, ese pelo puesto de manera que tape la cremallera del traje, esa risa tan llena de helio…
La única que se consigue librar de los payasos es una niña, cuya madre le dice que deje en paz al payaso y se vaya con ella. ¡Los niños no pueden morir en las películas! O, si mueren, no se mostrará su muerte, sino que habrá alguna metáfora, como una paloma alzando en vuelo, unas gafas cayendo al suelo o un perro persiguiendo su propia cola. ¿Qué? Yo lo vi una vez en un telefilme de Antena 3. Probablemente.


Lamentablemente, la niña cayó en las zarpas de Ronald McDonald unas semanas después.


Otros payasos se dedican a hacer de pizzeros… Esta película lo tiene todo, oigan.


"¡Cariño, te dije explícitamente que no me gusta la pizza de payaso asesino del espacio!"


Etcétera, etcétera. Más de la mitad de la película son gags sin relación entre sí, pero que son indispensables para que la película llegue a la hora y media. Por fin, un policía ve a un payaso cargándose a la gente mediante sombras hechas con las manos (¿Les sorprende? ¿A estas alturas? ¿En serio?), y va corriendo a la comisaría para avisar a su superior, pero ya es tarde, porque…


"- Eh, Billy, ¿qué le dijo una aceituna a otra?
- Nada, las aceitunas no hablan.
- Siempre fuiste un amargado, Billy."


¡Un payaso lo ha matado y lo ha convertido en un muñeco de ventrílocuo! El poli se lía a tiros con el payaso, y descubre su punto débil: la nariz. Sí, amigos, cuando les dan en la nariz, ésta estalla y los payasos desaparecen en una explosión de luz.

Al final, todos van a la carpa, donde descubren el secreto de los payasos: envuelven a los humanos en algodón de azúcar, donde se disuelven y los sorben con una pajita. Bah, era de esperar.





Cuando todo parece perdido, los hermanos Terenzi, los secundarios graciosos que tienen que salir en cualquier película que se precie, estrellan su camioneta de los helados en la carpa y fingen que son el líder de los payasos. ¿Que cómo? Pues es que resulta que la camioneta tiene una cabeza de payaso en el techo, y claro… Pero, cuando todo parecía que iba a salir bien, el verdadero líder de los payasos, al que yo afectuosamente llamo King Klown, aparece. Es un bicharraco de unos diez metros de alto que vence enseguida al policía. Vamos, normal. Con cogerle en sus manazas ya tiene suficiente.


¿Dónde está el policía, aquí o aquí?


Por suerte, en EE. UU. a los policías se les enseña cómo enfrentarse a payasos descomunales, y usa su placa para pincharle la nariz, destruyéndolo para siempre.
Y hale, todos tan contentos porque la amenaza payasil ha sido eliminada… ¿O no?


Vale, en cuanto a su valor cinematográfico, la película es atroz. Horrorosa. Infumable. Peor que una patada en la nuca. Pero, ¿qué querían? No se puede sacar mucho de semejante planteamiento, la verdad. ¿O es que acaso esperaban un drama social sobre la dicotomía de los payasos, que hacen reír a la gente pero lloran por dentro?


La guinda del pastel. Ejem.


Por eso, he decidido crear un nuevo sistema de calificaciones, independiente de las boinas, porque no se puede juzgar a una película como ésta, que no pretende ser buena, del mismo modo que a Luna nueva, que sí pretende ser buena. O eso dice. Así que, para películas como ésta, he creado los payachos, cuyo icono seguro que les suena a todos ustedes que viesen La hora chanante. Los payachos juzgarán el nivel de cutrerío y diversión que tiene la película. Y ahora, sin más, les dejo con la puntuación. Espero que, en cuanto acaben de leer el artículo, salgan corriendo a ver la película. ¡CORRAN!


Lo mejor: Son payasos asesinos del espacio exterior, ¿qué más se puede pedir? Los gags circenses. Mike Tobacco (llámenme simple). Las armas de los payasos.
Lo peor: Que quiera usted ver una buena película.





Y próximamente... ¡Héroes! ¡Señoras tántricas! ¡Monjas que exigen sentarse donde les plazca en autobuses vacíos! ¡No se lo pierdan!


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