19 mar. 2010

¡Sombreros y pajas!

"Let the crows pick me clean
But for my hat"
 

Hang Me in the Bottle, Tom Waits



Estoy convencido de que ya conocen ustedes el poco aprecio que siento hacia las Fallas. Pues bien, aquí estoy, escribiendo esto después de que hayan hecho una mascletà justo debajo de mi ventana para la que la calle lleva cortada desde hace dos días, por lo que para entrar a pie a mi casa he tenido que rodear verjas y vallas. ¿Qué más podría desear?

Si hay algo que traen las Fallas, aparte de mala música, ruido y chocolate con churros, es una proliferación masiva de sombreros de paja. En cuanto empiezan a montar chiringuitos y demás, se empiezan a repartir elegantes sombreros con publicidad en la cinta, por lo que, durante una semana, Valencia se convierte en Villa-Amstel.


¡Compren un coche Opel! ¡Compren un coche Opel!



Pero no hace falta esperar a las Fallas para sentir que están viviendo en un auténtico pueblo de la América profunda: cualquier evento es bueno para repartir estos atentados contra el buen gusto. ¿Discotecas? Sombreros de paja. ¿Mítines políticos? Sombreros de paja (yo he visto sombreros con la cinta azul y el emblema del PP). ¿Fiestas universitarias? Sombreros de paja. ¿Restaurantes de tapeo? Sombreros de paja. ¿Día Internacional del Sombrero de Paja? Sombreros de paja.


¿Paellas universitarias? Sombreros de paja. Y alcohol. Y música mala. Y paella, aunque en menor cantidad.




¿Qué atractivo tienen estos sombreros? Porque los borsalinos de paja aún tienen un pase, son sombreros normales pero hechos de paja para el verano, para que el cuero cabelludo transpire. ¿Pero un sombrerazo vaquero de paja con publicidad? A mí personalmente me parecen aberrantes, espantosos, horribles, atroces y demás sinónimos.


Creo que es el sombrero más hortera que he visto nunca. Y eso que he visto desfiles de John Galliano.


Y, con todo, entiendo que puedan tener su acogida en el momento de la fiesta, ¿pero luego? Porque estoy seguro, amigos, de que ustedes también han visto, los tres días posteriores a algún evento sombreripajil, a una o dos personas que siguen llevando el sombrero para ir por la calle o a la universidad. En el mejor de los casos, al menos han tenido la decencia de quitarle la cinta que reza Si llevas este sombrero, es que bebes Amstel. ¡Viva tú!. En el peor, no sólo la llevan, sino que el sombrero está roto después de no habérselo quitado ni para dormir.



Maldito Luffy. Hasta en el anime hay sombreros de paja.


Y ahora, les dejo con un mensaje de nuestro patrocinador:

¿Quiere darle un toque de distinción a su atuendo? ¿Está harto de ser el menos elegante de su pueblo? ¿Quiere ligar con la Melecia, pero ella no deja que se le arrime? En definitiva, ¿quiere ser un hombre del que todo el mundo hable por su estilo en el vestir?


Entonces, ¡cómprese un sombrero de paja! ¡Sí, amigos! Un sombrero de paja le dará el toque distinguido que necesita. Fabricados a mano por nuestros niños esclavos tailandeses maestros artesanos, los sombreros de paja tienen muchas ventajas:


- La sangre que le correrá desde la cabeza hasta sus mejillas cuando se le claven las pajas (con perdón) le dará un saludable color sonrosado a sus mejillas. ¡Se acabó ser el guacho más pálido del corral!
- ¡Salude a sus visitas con un enérgico vaivén del sombrero!
- Podrá usted infiltrarse en el rancho de George W. Bush y hacerse pasar por uno de sus parientes sin problema.


“YEEEEEEEEEEEEEEEEEE-HAAAAAW!!!!”



Y si llama ahora, le regalamos la crème de la crème de los sombreros de paja: ¡un sombrero mexicano, güey!




¡No sea pendejo y aproveche esta oferta, nomás!






¡Usted pone la cabeza, nosotros el sombrero!




Se acabó, me han convencido. Ahora mismo voy a comprarme una boina de paja.