29 nov. 2009

Tren de largo sufrimiento

Pongámonos en antecedentes:

Soy estudiante de Traducción. Vivo en Valencia. En la Universidad de Valencia sólo está el segundo ciclo de la licenciatura de Traducción e Intepretación, pero no el primero. ¿Y cómo hago el segundo sin hacer el primero? “Ah, eso ya no es problema nuestro”, dirían los responsables.

Por lo tanto, las opciones se reducen a las siguientes:

- Estudiar en la Universidad Europea de Madrid: Lo hice durante un año, luego hubo ciertos cambios en la enseñanza y en el plan de estudios y hui.

- Ir a estudiar a la Universitat Jaume I, en Castellón: Cosa que estoy haciendo actualmente, pero sin tener piso allí, por lo que voy y vengo cada día. Yuju.

Por cierto, en ambas opciones se estudia con el Plan Bolonia. Sí, Bolonia, el Anticristo de la educación y blablablabla. No es tan malo como lo pintan. Os lo digo yo, que de esto sé de aquí a Lima. O no.

Volviendo al apasionante tema de mis desplazamientos, si por casualidad se encuentran en mi misma situación, sabrán de lo que hablo. Si no, no saben la suerte que tienen, mangurrianes.


Para ponernos a tono, cliquen aquí para escuchar Train Long Suffering, de Nick Cave & The Bad Seeds. No os preocupéis, se abrirá en una ventana nueva, porque si se abriese en ésta, no podrían seguir leyéndome, ¡y eso sería terrible!





Yo vivo en Valencia, por lo que para ir a Castellón he de coger el tren. Y para coger el tren (una hora de trayecto, más o menos) he de levantarme pronto. MUY pronto. Tan pronto como las cinco de la mañana. Bueno, las cinco y doce, para ser exactos. Y os aseguro que levantarse a las cinco de la mañana es horrible. Coger el autobús para ir a la estación no es que sea una actividad agradable, pero es mejor que caminar. Y, eh, ¡ya me conozco a los conductores y a los pasajeros! ¡Bien!

Pero el tren… Aaaay, el tren. Al principio pensé “bueno, no está tan mal… Podré escuchar música, leer, ultimar mis planes para conquistar Europa… Estará bien”. Eso fue la primera semana. Exclusivamente. A partir de la segunda semana, empecé a odiar a la locutora que grazna “Cercanías RENFE, destino: Castellón. Vía 1, sector 1. Salida inmediata.” “RENFE les desea un feliz viaje”. ¿Feliz viaje? ¿Feliz viaje? A las seis de la mañana (el tren de las 6:10, concretamente) no existe la felicidad.



De todos los horrores que me han acosado, a la RENFE he de culpar


Ahora que vamos acabando, clicad aquí para escuchar otra canción sobre trenes (qué festival), 2:19 de Tom Waits. Escuchadla. Que está bien. Que sí, hombre, que sí. Que está bien. Escúchenla, ché.
laro, algunos dirán “¡No te quejes, pedazo de estúpido! ¡Siempre puedes echar una cabezada/doblar el gorro en el tren!”. Ya lo he intentado, pero a ver quién duerme con el traqueteo, el ruido, la sirena de aviso de cierre de puertas, los anuncios de “próxima parada: la infelicidad” y todo lo demás. Bueno, a decir verdad, hay gente que puede. Ya lo creo que puede. Hasta babean mientras duermen y balbucean cosas como “hrrrrrrnnnnn llegotardemevanadespedirquébuenaestálasecretaria…”

Lo peor es que los trenes me han arruinado la vida. Es oír el vocablo “tren” y venirme abajo. Ni siquiera puedo decir ya “no eres más tonto porque no te entrenas” porque me lloran los ojos, me falta la respiración y el brazo izquierdo se me agarrota.

De momento he demandado a la RENFE por daños psicológicos. Ya les contaré cómo va.


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